El misterio de la unión hipostática de Jesús de Nazaret: Por qué es Dios y hombre a la vez

En Jesucristo, según los teólogos, se dan dos voluntades y dos naturalezas plenas (la divina y la humana), que forman una sola persona, que es el Hijo de Dios en carne.

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Algunas enciclopedias se refieren del siguiente modo a Jesucristo: “Nombre del Redentor, del Hijo de Dios hecho hombre para redimir al género humano según los Evangelios. El Mesías anunciado por los profetas, nació de la Virgen María en Belén, en el reinado de Augusto, predicó la religión de la paz y el amor, y, perseguido por los sacerdotes y fariseos, murió crucificado en el año 33 de la era moderna, durante el reinado de Tiberio. Después de su resurrección los discípulos por él escogidos, predicaron su doctrina por todo el mundo entonces conocido”.

Y en las Santas Escrituras, en Juan 1:1, 14, se lee asimismo que “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Sin duda que una de las partes más intrigantes de las anteriores referencias al Nazareno (cuya existencia histórica, por lo demás, está totalmente comprobada) es aquella que dice que fue el “Hijo de Dios hecho hombre y “el verbo hecho carne que habitó entre nosotros”, atributo que se relaciona con uno de los misterios más grandes de la fe cristiana: la denominada unión hipostática de Jesús.

unión hipostática de Jesús

Pero ¿Qué es la unión hipostática? Algunos especialistas la definen a grandes rasgos como el término técnico que designa la unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona (entendida como sustancia individual o singular) de Jesús de Nazaret. La teología cristiana tradicional la define como la unión entre el Verbo de Dios y una naturaleza humana en la única persona del Hijo de Dios o Jesucristo, considerado por ello como la segunda hipóstasis o entidad de la Santísima Trinidad, junto al Padre y el Espíritu Santo. El calificativo de hipostática que se da a esta unión en Jesús de Nazaret, de la naturaleza humana y la divina, se refiere básicamente al hecho de que se trata de una unión según la hipóstasis/persona del Verbo o Hijo de Dios, es decir, tanto la naturaleza divina como la humana mantienen todos los atributos que les son propios. En Jesucristo, así, se dan dos voluntades, dos entendimientos y dos naturalezas (todas a la vez divinas y humanas), que forman un todo, una sola persona, un único centro de imputación de conducta, una persona que es el Verbo de Dios encarnado, el Dios-hombre, el Hijo de Dios en carne, la segunda persona de la Santísima Trinidad.

unión hipostática de Jesús

Los teólogos explican que al decir que Jesús es Dios encarnado y tiene dos naturalezas distintivas (humana y divina) no significa que es mitad Dios y mitad hombre, sino que es 100 por ciento divino y 100 por ciento humano. La Biblia, por lo menos, no deja dudas a este respecto. En Juan 1:1, 14; Col. 2:9; Juan 8:58; 10:30-34 y Heb 1:8, se afirma que “Cristo es Dios en la carne”, mientras que en Col. 2:9 se lee que Cristo es “plenamente Dios y plenamente hombre”, es decir, Cristo continuó existiendo como Dios cuando se encarnó y agregó la naturaleza humana a su eterna naturaleza divina (Fil. 2:5-11). Consecuentemente, en Jesucristo está la “unión, en una sola persona, de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina”.

La definición dogmática que hizo el Concilio de Calcedonia (celebrado el año 451 D.C.) llegó a cinco verdades principales: 1) Jesús tiene dos naturalezas. Él es Dios y hombre 2) Cada naturaleza es plena y completa. Él es completamente Dios y completamente hombre 3) Cada naturaleza se mantiene distinta 4) Cristo es una sola Persona y 5) Las cosas que son verdad de sólo una de las naturalezas son, no obstante, verdad de la Persona de Cristo.

Lo anterior significa que Jesucristo es “uno y el mismo”, con verdadera divinidad y verdadera humanidad. Es consustancial tanto al Padre como a nosotros y la humanidad que asume es idéntica a la nuestra, salvo en el pecado. Este mismo concilio concluyó, finalmente, que en Jesús habitaban a la vez “dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación”. Estas naturalezas están separadas pero, sin embargo, actúan como una unidad en la persona de Jesús. Y a esto, se le conoce como la unión hipostática. La unión de las naturalezas, entonces, constituye una hipóstasis, de tal forma que no se puede decir que hay dos personas en Jesucristo, sino sólo una. Las dos naturalezas son realidades que no se superponen ni se confunden con la unión, sino que, manteniendo cada una su consistencia óntica y dinámica, constituyen la única hipóstasis o persona de Cristo.

El mismo concilio de Calcedonia concluyó que “la distinción de naturalezas no desaparece en absoluto por la unión, sino que quedan preservadas… La naturaleza humana de Jesús es humana, y solamente humana. Su naturaleza divina es divina, y solamente divina. Por ejemplo, la naturaleza humana de Jesús no se volvió omnisciente a través de la unión con Dios, y tampoco su naturaleza divina se volvió ignorante de algo. Si cualquiera de las naturalezas hubiera experimentado cambio en su naturaleza esencial, entonces Cristo ya no es verdadera y completamente humano, o verdadera y completamente divino”.

unión hipostática de Jesús

En resumen, los teólogos afirman que se equivocan totalmente los que afirman que Jesús cesó de ser Dios y comenzó a ser hombre, pues Jesús no renunció nada de Su divinidad en la Encarnación. En cambio, como afirma uno de los primeros teólogos, “Continuando lo que Él era, se convirtió en lo que no era.”

Las referencias de la Biblia a la Unión Hipostática de Jesucristo

Para entender mejor el concepto de unión hipostática, las mismas Santas Escrituras dan fe de estas dos naturalezas plenas (divina y humana) existiendo en la persona de Jesucristo. En Mat. 2:2, 11; 14:33 se relata que “Jesús es adorado”, mientras que en Juan 17 se nos cuenta que Jesús “adoró al Padre”. En hechos 7:59 nos enteramos que a Jesús “se le ora”, mientras que en Juan 17:1 Jesús “oró al Padre”. En Juan 20:28 y Heb. 1:8 Jesús “fue llamado Dios”, y en Juan 19:5 “fue llamado hombre”. En Ped. 2:22 y Heb. 4:15 se nos cuenta que Jesús “no tuvo pecado”, y en Mateo 4:1 se nos relata que “fue tentado a pecar”. Juan 21:17 explica que Jesús “es omnisciente”, mientras que Luc. 2:52 nos relata que “creció en sabiduría”. Juan 10:28 relata que Jesucristo “da vida eterna”, mientras que Rom. 5:8 afirma que “pudo morir”. Finalmente en Col. 2:9 se afirma que “en Él habita la plenitud de la deidad”, en tanto que Luc. 24:39 relata que “tiene un cuerpo de carne y hueso”.

En Juan 10:30-33 también se nos cuenta el siguiente capítulo: “Jesús dijo: “Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Y Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios”. En Tim. 2:5, en tanto, se concluye que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.

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Para la fe cristiana, Jesucristo se hizo humano, en definitiva, para habitar con los hombres, condenar al pecado en su propia carne, sufrir y morir por los pecados de los hombres, deshacer las obras del diablo, expiar los pecados de Israel y los gentiles, dar ejemplo de vida santa y ser testimonio del amor y la gloria divina.

Resumiendo todo lo anterior, puede decirse que la humanidad de Jesús es demostrada en el hecho que fue nacido como un bebé de una madre humana (Lucas 2:7; Gálatas 4:4), en que sintió cansancio (Juan 4:6), sed (Juan 19:28), y hambre (Mateo 4:2); y que experimentó todo el amplio espectro de emociones humanas como maravillarse (Mateo 8:10), llorar, y sentir dolor (Juan 11:35). Es decir, vivió en la tierra tal como lo hacemos nosotros. Asimismo, su divinidad quedó demostrada porque tiene todos los atributos de Dios: Él sabe todo (Mateo 18:20; 28:20; Hechos, 18:10), está en todas partes (Mat. 16:21; Lucas 11:17; Juan 4:29), tiene todo el poder (Mat. 8:26, 27; 28:18; Juan 11:38-44; Luc. 7:14-15; Apocalipsis 1:18), no depende de nada fuera de sí mismo para vivir (Juan 1:4; 14:6; 8:58), gobierna sobre todo (Mat. 28:18; Ap. 19:16; 1:5), nunca comenzó a existir y nunca cesará de existir (Juan 1:1; 8:58), y es nuestro Creador (Colosenses 1:16). En otras palabras, todo lo que Dios es, lo es Jesús. Porque Jesús es Dios.

La doctrina de la unión hipostática de Jesús es, en última instancia, una doctrina difícil de comprender para muchos, aún cuando muchos creyentes afirman que ello debe ser indefectiblemente de ese modo, porque los caminos de Dios son intrínsecamente misteriosos y los seres humanos, hechos de carne mortal e inteligencia limitada, no pueden pretender entender a cabalidad cómo trabaja un Dios infinito y omnisciente.

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