Íncubos: Misteriosos demonios subyugadores del sexo

Han sido definidos como seres infernales que succionan la energía vital de las mujeres.

Guía de: Fenómenos Paranormales

Los demonólogos definen a los íncubos (término que significa “me acuesto sobre ti” y que procede de la palabra latín “Incubare”: yacer) como demonios impúdicos y lascivos que cohabitan sexualmente con mujeres, sin distinción de estado ni edad, para arrebatarles su energía vital.

Asociados por sus características a los djinn árabes y los sátiros griegos, la apariencia de estos seres infernales es bastante variable, dicen los investigadores. Se les representa a veces como un enano, un hombre alto y delgado o incluso como un joven bien apuesto y bien parecido, que no busca la seducción, sino que despertar en su víctima femenina los instintos sexuales más bajos y primordiales. En todos los casos siempre se les cataloga de amantes consumados o expertos.

Íncubos

Foto: Internet

Varios nombres de íncubos han sido registrados a la largo de la historia (Zabulón, Isaacaro, Belaam, Alpiel, Efelios o Leviatán). Y aunque existen varias teorías sobre su origen, se asegura que descenderían de los nefelines, ángeles caídos en desgracia que engendraron una raza degenerada.

El teólogo San Agustín de Hípona, a este respecto, postuló que el pasaje de Génesis 6:4 se refería al hecho de que los ángeles caídos habían tenido hijos con mujeres mortales. Del mismo pasaje, el papa Benedicto XIV (1740-1758) declaró: “Este pasaje hace referencia a los demonios conocidos como íncubos y súcubos (demonios femeninos del sexo)”, agregando que “algunos autores niegan que no puede haber descendencia…otros, sin embargo, afirman que el coito es posible, por lo que puede haber lugar para la procreación”.

Asalto sexual nocturno

Hay unanimidad en que el modus operandi del íncubo es casi siempre el mismo. Por lo general se cuela en la mente femenina para sembrar la lujuria, provocando en la víctima sueños eróticos, pensamientos de lubricidad desviada o exagerada antes de atacarla. Luego de algunas noches de seducción, el íncubo se materializa y copula con la mujer, provocándole un estado de parálisis momentánea. Estos coitos, por cierto, han sido descritos como salvajes y placenteros, en una verdadera vorágine de orgasmos que mezcla momentos de lucidez y horror. El placer sexual de las víctimas, en todo caso, es pasajero y desaparece apenas el íncubo se ha retirado de la alcoba. A la mañana siguiente, la víctima no recuerda casi nada, salvo que ha tenido un sueño erótico, brutal y extraño.

Cuando el íncubo comienza a relacionarse sexualmente con su víctima y comienza a robarle su energía vital noche tras noche, el demonio se va haciendo cada vez más fuerte mientras que la víctima se debilita progresivamente, llegando en ocasiones a sufrir una muerte repentina y violenta ocasionada por la falta de energía vital o, incluso, por el intenso placer sexual que su cuerpo, ya consumido, no puede soportar.

Los íncubos, contrario a lo que pudiera pensarse, atacan por lo general a todo tipo de mujeres. Atractivas o poco agraciadas, jóvenes o mayores, solteras, casadas o viudas, enfermas o sanas. Estos seres, sin embargo, dada su naturaleza infernal, preferirían copular con mujeres de fe, especialmente monjas y novicias (los relatos medievales aseguran que estos seres, para estos efectos, se disfrazaban con ropas del clero durante sus asaltos nocturnos).

Los demonólogos aseguran que en algunos casos la víctima podía quedar embarazada de estos seres infernales, dando a luz posteriormente a bebés muertos, mal formados, retrasados o perversos (muchas leyendas medievales aseguraban que el legendario Mago Merlín era hijo de un íncubo y una prostituta, aunque otros creían que su madre era una monja o una reina de Gales del Sur).

En Sudamérica los íncubos tienen varios equivalentes en las mitologías locales. Es el caso del “Trauko” en Chile (un enano contrahecho que gusta de seducir a las jóvenes púberes), el “Boto” en Brasil (un agraciado joven de traje blanco), el “Kurupí” en Paraguay (un ser mitológico con un miembro gigantesco que secuestra mujeres para violarlas), el “Mohán” en Colombia, el “Tintín” o “Chusalongo” en Ecuador, el “Sombrerón” en Guatemala, el “Cipitío” en el Salvador, el “Zángano” en Panamá, el “Zangaretón” en Venezuela y el “Rauel” en México.

Seres seductores y subyugadores

Si bien tanto los íncubos como las súcubos (demonios femeninos) buscan drenar la energía vital de sus víctimas, muchos especialistas aseguran que estos dos tipos de seres infernales se diferencian en la subyugación que a veces puede sentir la mujer demonio. Es decir, mientras el incubo no muestra apego alguno por aquellas víctimas femeninas a quienes toma como amantes, algunas súcubos podrían demostrar obediencia o incluso cariño al ser humano a quien tomaban por compañero.

Aunque la tradición judeocristiana y otras culturas religiosas han considerado a los íncubos y a los súcubos como seres malignos, las teorías psicológicas actuales sólo los consideran como la proyección mental de la sexualidad reprimida o lujuria de los durmientes.

El famoso escritor norteamericano William Burroughs, que gustaba de poblar a algunas de sus novelas de seres extraños, explicaba que “los íncubos y súcubos pueden ser dañinos y destructivos. Como con cualquier situación sexual, el peligro depende de cómo lo manipules. Todo sexo es potencialmente peligroso, porque nuestros sentimientos sexuales nos hacen vulnerables. ¿Cuánta gente ha sido arruinada por un amante? El sexo conlleva puntos de invasión y los íncubos y las súcubos simplemente nos hacen intensamente conscientes de esto. El sexo es físico. Si fuera posible para cualquier persona pulsar un botón que hiciera aparecer a un íncubo o un súcubo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener relaciones sexuales con uno de estos demonios a tener aburridas cópulas con la gente normal”.

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