Jorge Luis Borges y el argumento ornitológico sobre la existencia de Dios

El escritor argentino, que se definía como agnóstico, comentó que "ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios".

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Una vez, un entrevistador que estaba conversando con el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), quizás el mejor escritor en lengua castellana de todo el siglo XX, le formuló la siguiente pregunta “¿Cree usted en Dios?”. Borges respondió en el acto: “Si por Dios se entiende una personalidad unitaria o trinitaria, una especie de hombre sobrenatural, un juez de nuestros actos y pensamientos, no creo en ese ser. En cambio, si por Dios entendemos un propósito moral o mental en el universo, creo ciertamente en él”.

Borges [a]

Borges, quien durante gran parte de su vida se declaró agnóstico, en su obra “Discusión” escribió que “los católicos (léase los católicos argentinos) creen en un mundo ultraterreno, pero he notado que no se interesan en él. Conmigo ocurre lo contrario; me interesa y no creo”.

En varios ensayos, cuentos y poemas, el gran y prolífico escritor argentino, un amante de las paradojas y los laberintos, abordó varias tópicos relacionados con la teología y la metafísica, incluyendo por cierto la supuesta existencia del Supremo Creador y Juez del Universo. En el libro “El Hacedor”, Borges escribió un escueto y críptico relato titulado “argumentum Ornithologicum”, que dice lo siguiente:

“Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe”.

Borges [1]

¿Postula Jorge Luis Borges la existencia de Dios en este relato, basándose en un hecho trivial y cotidiano? El ensayista Roberto Ruiz comenta al respecto que “basta recordar que, según San Anselmo, concebimos a Dios como suma perfección, y la perfección no puede excluir la existencia. Según Descartes, concebimos a Dios a priori, fuera de cualquier precepto empírico y cualquier elaboración racional, y por lo tanto Dios existe más allá de la realidad del pensamiento”.

Ruiz agrega que “Borges no afirma a priori la existencia de Dios, pero sí su omnisciencia: ‘Si Dios existe, sabe cuantos pájaros vi’. Esto nos revela de inmediato que la existencia de Dios no sólo es una cuestión ontológica o teológica sino también epistemológica: se entiende a partir de la teoría del conocimiento divino. Y el conocimiento divino se opone al conocimiento humano”.

Borges en el centro del laberinto

En otra oportunidad, Borges declaró que “ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios, incluso la Santísima Trinidad. Este mundo es extraño, todo puede suceder o puede no suceder. Me hace vivir en un mundo más grande, más fantástico, casi misterioso. Me hace más tolerante”.

Como sea que fuere, cuando agonizaba en Ginebra el 14 de junio de 1986, se cuenta que Jorge Luis Borges murió recitando el Padre Nuestro. Lo dijo en anglosajón, en inglés antiguo, en inglés, en francés y en español… “Por si acaso”, explicó con una débil y beatífica sonrisa.

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