La controvertida “iglesia de satán” y la historia de su sumo sacerdote, Peter H. Gilmore

El actual líder de ese grupo, fundado en 1966, explica cuáles son sus cuestionadas creencias.

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El norteamericano Peter Howard Gilmore, actual líder y Sumo Sacerdote de la “iglesia de satán”, es considerado el satanista más mediático de la historia, pues ha sido entrevistado en numerosos programas de radio y televisión de Estados Unidos y Europa (The History Channel, BBC), tratando el tema del satanismo, sin mencionar que también fue la primera persona en ejecutar un ritual satánico transmitido en vivo por Internet. Según Gilmore, de actuales 60 años, su vida cambió para siempre en 1972, cuando tenía 14 años y leyó por primera vez los escritos del fallecido ocultista estadounidense Anton LaVey, creador de la filosofía satanista contemporánea y fundador de la Iglesia de satán en 1966.

Peter Howard Gilmore.

Peter Howard Gilmore.

“Cuando leí por primera vez la Biblia satánica de Anton LaVey tuve una revelación y me di cuenta que nací satanista. Y decidí usar esas ideas como la fuerza de motivación filosófica en mi existencia, ideas que me dieron la posibilidad de rebelarme contra el denominado “sendero de la mano derecha”, es decir, contra el cristianismo y las religiones tradicionales llenas de “inmoralidad e hipocresía”, explicó Gilmore.

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En 1982 Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán, aceptó a Peter H. Gilmore y a su esposa Peggy Nadramia en su iglesia. Ambos, después de la muerte del mismo LaVey en 1997, se transformarían en sumo sacerdotes de la organización, dedicándose a posicionarla mediáticamente a través de publicaciones en revistas, ensayos, foros y otros medios de comunicación.

Gilmore, en una entrevista concedida al semanario The Clinic, explicando en qué consistía su culto, precisó que “los satanistas no adoramos al diablo o a ningún ser inmaterial o espiritual. Somos ateos y no creemos en nada supernatural. Satán es un símbolo de orgullo, libertad e individualismo. Cada satanista se ama a sí mismo primero, somos autoadoradores. El diablo es una idea, no tiene forma física. El diablo significa ser adversario a la represión y a la tiranía. Su figura ha sido usada en la poesía y en la literatura, para ser crítico con los problemas de la sociedad porque promueve libertades personales y autodeterminación”.

Anton LaVey, fundador de la iglesia de satán, junto a un joven Peter H. Gilmore.

Anton LaVey, fundador de la iglesia de satán, junto a un joven Peter H. Gilmore.

Peter Gilmore agregó que “la imagen del diablo con cuernos ha sido promovida por sus detractores para infundir miedo en la gente. Satán no se manifiesta como algo malo, aunque cada uno determina su jerarquía de valores. El satanismo es una perspectiva de vida que usa el símbolo del diablo para promover el individualismo y el interés propio. Es decir, cada persona toma responsabilidad por sus acciones”.

El líder de la iglesia de satán agregó que “queremos naciones bajo el consenso de los que están siendo gobernados, con leyes racionales para que todos puedan ser tratados como iguales. Somos adversarios a todas las filosofías y doctrinas que atentan con subyugar a otros, esclavizar o dominar. Aceptamos que necesitamos leyes y orden y no somos anarquistas, porque creemos que uno tiene mejor vida en sociedades estables”.

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Gilmore, en otra entrevista publicada por la Revista “Playboy México”, comentó que desde su fundación en 1966 la Iglesia de Satán se ha caracterizado por negarse a buscar sistemáticamente nuevos adeptos, pues su estructura es demasiado hermética. De hecho, en caso de que alguien quiera sumarse al culto, debe primero leer extensos ensayos acerca de la historia y creencias de Anton LaVey, además de demostrar plenamente que no desea ingresar únicamente por curiosidad.

“Nosotros somos el único satanismo legítimo. No nos comunicamos con otras personas que dicen ser satanistas, porque hemos visto que hay grupos que toman partes de nuestras ideas y las distorsionan, por lo tanto no merecen nuestro respeto ni atención. No hacemos sacrificios en nuestros rituales, como sí lo hacen algunos adoradores del diablo. Lo invocamos como una forma de liberación. Existen fanáticos de la parafernalia diabólica que realizan parodias de lo que es adoración al demonio e intentan confundir a la gente asumiéndose como satanistas. Gritar “¡salve, satanás!” a un grupo de personas reunidas en un cuarto oscuro es absurdo y carece de sentido y sólo los tontos que quieren llamar la atención lo harían”.

Peter H. Gilmore fotografiado en los años 80'.

Peter H. Gilmore fotografiado en los años 80′.

Según Gilmore, “el satanismo es ateísmo productivo, no somos asesinos de niños. Tampoco somos góticos. No somos un club social. No tenemos edificios ni reuniones. Cada satanista que quiera hacer un ritual crea un espacio personalizado en su casa para eso. Desde 1966, la Iglesia de Satán considera el ritual como algo flexible. El ritual se llama “alta magia” y no es un culto. Es una forma teatral de auto-terapia, como una catarsis, que le permite al satanista su objetivo principal: disfrutar su vida”.

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Aunque la Iglesia de satán utiliza el pentagrama como símbolo de identificación –en el que cada pico de la estrella representa un elemento de la Naturaleza–, Peter Gilmore aclaró que el verdadero movimiento satanista se desentiende de las cruces invertidas y otro tipo de simbolismos heréticos. “En nuestros rituales usamos túnicas negras, un medallón con el sello de baphomet (deidad de la antigua Babilonia adorada por los herejes) y hacemos sonar una campana nueve veces al principio y al final de los procedimientos. Hay dramáticas invocaciones, pero no rezos”.

Peter H. Gilmore precisó que el satanismo no tiene inclinación política, ya que es una filosofía individualista donde cada satanista elige qué aspectos de su política local le parece más beneficiosa para su propia vida. “El satanismo es una filosofía elitista que no busca encantar a las masas. La mayoría de la gente son ovejas incapaces de su propia determinación. Encuentran seguridad en la subordinación a una autoridad que es natural para ellos. En cambio los satanistas buscamos la libertad para tener una vida feliz. El individualismo requiere que las personas aprendan a ser tolerantes con las diferencias. No vemos a la Iglesia de Satán como una comunidad, sino como una asociación de individuos que lidian entre ellos por mutua satisfacción”.

Gilmore añadió que “el satanismo defiende el empoderamiento de todas las personas, más allá de su orientación sexual o identificación de género. Nos oponemos a todo sistema que prohíba o inhiba la propia expresión o la satisfacción personal. Queremos igualdad entre hombres y mujeres. Y además nos interesa promover ambientes sociales que puedan dar a todos y todas, la oportunidad de levantar sus talentos personales e iniciativas. La meritocracia es el estándar para el satanismo”.

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Gilmore precisó que el satanismo apoya el matrimonio homosexual, ya que cada persona tiene derecho a hacer lo que quiera con su vida. También apoya la legalización de ciertas drogas, como la marihuana, aunque con una regulación para que pueda consumirse bajo ciertos estándares. Y con respecto al aborto, explicó que “en general consideramos que el aborto es potestad de la mujer cuyo cuerpo lleva al niño y que las experiencias sexuales son una indulgencia consensual entre adultos que se debe tomar en serio, particularmente cuando existe la posibilidad de un embarazo”.

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Peter H. Gilmore también aclaró que los satanistas tampoco creen en el fin del mundo o Apocalipsis, pues antes prefieren anteponer la ciencia a la superstición. “El universo es indiferente a nosotros, eso es vanidad. No hay fuerzas supernaturales creando destinos o peleándose por los seres humanos. La gente quiere sentir que hay algo más grande que se preocupa por ellos, como si fueran niños pequeños. Es tiempo que nuestra especie madure y deje las creencias teístas”.

Si bien el Satanismo ha sido ligado históricamente a un tipo específico de música, el heavy metal o el death metal, Peter H. Gilmore comentó que “no existe un arte satánico oficial. Yo mismo escucho y compongo música clásica y he encontrado que piezas de Wagner o Shostakovich son mucho más afines a nuestra ideología que el metal. De hecho, muchas de esas bandas escriben muy pobremente y se dedican a blasfemar contra el cristianismo. Eso no los convierte en satanistas porque el culto al diablo es una invención cristiana. El auténtico satánico es ateo y rechaza todos los cultos”.

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La mirada de catélicos y evangélicos

Varios grupos católicos y evangélicos, usando sus propios medios de comunicación, han alertado en todo caso de la presencia y accionar de organizaciones como la “iglesia de satán” de Peter H. Gilmore. En una nota presentada por la Agencia Católica de Informaciones (ACI Prensa), perteneciente a la EWTN Global Catholic Network de Estados Unidos, se informó que actualmente en el mundo hay tres tipos de sectas diabólicas.

En primer lugar se encuentran las denominadas “sectas luciferinas” que creen que Lucifer ha sido tratado injustamente por el cristianismo, ya que “él es el símbolo del conocimiento y la sabiduría siendo por lo tanto la verdadera luz; buscan el poder, el dinero y las influencias. Una de sus principales características es el secreto de sus actividades. Su rito central es la misa negra o roja y suelen tener una forma anarquista de ver la vida”.

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En segundo lugar se encuentran las sectas satanistas conformadas por individuos de nivel intelectual medio-alto, normalmente profesionales o empleados de mandos medios conocedores de distintas materias esotéricas, siendo “su fuerte” todo lo que guarde relación con la astrología y la magia. “Presentan una estratificación particular basada en el nivel de “dignidad” o compromiso de sus miembros. No suelen ser confrontacionales, no se reconocen a sí mismas como integrantes de una secta, sino de una religión que ha sido incomprendida y perseguida por los cristianos. Pertenecen a este nivel de la clasificación sectas como “La Iglesia de satán” y “El Templo de seth”, entre otras”.

Y, en tercer lugar, según la misma nota de ACI Prensa, se encontrarían las sectas más peligrosas, “que se relacionan constantemente con secuestros, abusos sexuales, inducción a suicidios e incluso a homicidios, apelando a acciones de “fidelidad y dignidad” como el secuestro de cadáveres, el beber sangre, la exposición sexual y actos tan aberrantes como la necrofagia y la necrofilia”.

Las reuniones de estos tres tipos de sectas se caracterizarían “por la realización de ritos que no son más que parodias del rito cristiano, preferentemente del Católico u Ortodoxo. Estos eventos tienen significados o utilizaciones de iniciación, dignidad, pruebas, rogativas o festivos. Las sectas son para muchos la evasión perfecta de la responsabilidad personal ante determinadas acciones y están conformadas por lo general por pocos miembros, que practican la intolerancia y la oposición en las esferas social- política y religiosa”.

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Según el mismo medio católico, “si existen las sectas satánicas, se debe en gran parte al mal uso que ha dado el hombre a su libertad, la que ha encauzado en la búsqueda de experiencias mágicas que a corto plazo se transforman en experiencias dañinas que le conducen al alejamiento de Dios, de los hombres, de la Iglesia y, consecuentemente, de la realidad. Esto ha conducido a la concepción de que todo es relativo, que la vida es un pasar con un sentido puramente transitorio, donde nuestra sociedad y cultura ya no tienen por centro unificador a la religión, sino que su centro se ha localizado en el hombre y en lo que éste puede lograr por sí solo, ejercitando únicamente su razón”.

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