Las famosas brujas de Talagante: ¿Seres maléficos reales?

La tradición nacional y la oralidad campesina aseguran que en los cerros aledaños a este pueblo, ubicado a pocos kilómetros de la capital, todavía se reúnen estos maléficos seres para causar el mal y la perdición de los lugareños.

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Talagante es una comuna de más de 60 mil habitantes ubicada a 36 kilómetros de Santiago, bañada por los ríos Mapocho y Maipo, que desde tiempos inmemoriales ha sido asociada a historias de magia, brujería y fenómenos paranormales. Así lo demuestra el significado de su propio nombre, que en lengua quechua proviene de la palabra “Talacanta”, que significa “lazo de hechicero”.

Por ello no extraña que las leyendas sobrenaturales en Talagante estén a la orden del día. Partiendo por una supuesta historia verídica que todavía repiten los habitantes más ancianos del pueblo y que habría ocurrido en tiempos de la Colonia: una atractiva joven, hija del mayor hacendado de Talagante, se enamoró perdidamente de un misterioso huaso de lujosa estampa que la venía a ver todas las noches desde Peñaflor, y el cual resultó ser el mismísimo demonio.

Brujas Talagante

Foto: Internet

Una vez que se concretó el matrimonio y crecieron las sospechas sobre la verdadera identidad del huaso (de ahí proviene la expresión “el diablo venía desde Peñaflor a Talagante en carretela muy elegante”), los dos pueblos comenzaron a realizar numerosas procesiones religiosas para dejar al maligno y a su esposa encerrados en el camino que unía a Talagante y Peñaflor, un angosto sendero bordeado por un canal y zarzamoras que en la actualidad es la actual avenida Peñaflor, pero que en ese tiempo era tétricamente conocida como “el camino del diablo”. Los esfuerzos de los lugareños para alejar a este oscuro personaje, al cabo, habrían dado resultados. Y todo gracias a una cruz de hierro que los talagantinos construyeron a la entrada del pueblo y una estatua de la Virgen María en la cima del cerro que vigila la entrada de Peñaflor.

Si bien Talagante comenzó como una modesta villa o aldea dedicada a faenas agrícolas y ganaderas, su fama de pueblo de brujos se remontan a la época en que los descendientes del encomendero español Bartolomé Flores se vincularon matrimonialmente con las familias Lisperguer y De los Ríos, de donde procede Catalina de los Ríos y Lisperguer, la famosa Quintrala, considerada una de las primeras brujas criollas.

Las historias de las brujas

Si bien las historias de brujas de Talagante se acrecentaron sobremanera en el siglo XIX y XX, y hacían arriscar la nariz a muchos incrédulos, los talagantinos más ancianos todavía aseguran que muchos reportes de avistamientos de brujas y brujos fueron totalmente reales. Es el caso de un famoso vecino de Talagante, ya fallecido y que era conocido en la comunidad como Don Ladislao, quien aseguró haber visto volando a estos seres en varias oportunidades. Don Ladislao precisaba que las brujas cuando volaban se convertían en una especie de cabeza con alas, siguiendo una oscura ruta que comprendía las localidades de Pomaire, Talagante y Salamanca.

“En la comuna deTalagante existe aún el llamado cerro de los brujos, ubicado en medio del río Maipo, a medio camino entre Lonquén y el pueblo de Isla de Maipo. Allí hay unas cuevas donde todavía no se atreve a entrar nadie y donde las brujas hacían sus aquelarres. Solían juntarse algunos días concretos de la semana, como los martes y los viernes”.

El académico Julio Cifuentes, autor del libro “Mitos y supersticiones”, asegura que las brujas son “seres maléficos que se hallan repartidos en muchos lugares de Chile, especialmente en localidades como Talagante, El Monte, Salamanca y Quicavi. En nuestro país son las mujeres quienes se dedican al arte de la hechicería”.

El mismo autor agrega que en muchos lugares de Chile todavía se cree que las brujas son seres maléficos que pueden volar, ya sea transformándose en animales con alas o cabalgando en una escoba, pronunciando las famosas palabras: “Sin Dios ni Santa María”. Además tendrían poderes oscuros y conocimientos arcanos para atentar contra la vida y salud de las personas por medio de diferentes maldiciones, entre los cuales se cuenta el “espanto” y el famoso “mal de ojo”.

Pero, así como existían brujas en Talagante, también existían personas –las “meicas” o curanderas- que, a manera de verdaderos exorcistas del campo, se dedicaban a contrarrestar estas maldiciones por medio de varias fórmulas sobrenaturales, como el “santiguado”.

“Para combatir el mal de ojo sólo sirve hacer un “santiguado”, usando la palabra del Señor y ají, toronjil y alhelíes. A la persona maldecida se les hacen cruces y de inmediato ésta empieza a transpirar y decaer. Estas personas deben ser santiguadas tres veces el martes o tres veces el viernes, porque los malos espíritus vienen esos días. Hay que decir martes hoy, martes mañana y martes toda la semana para evitar que la bruja o el brujo escuche. A mí una vez me hicieron un “espanto” y veía a las personas de dos o tres, pero me curaron con alhelíes”, contaba la señora Clara López, una fallecida vecina de la localidad de isla de Maipo que también aseguraba haber visto a varias brujas merodeando por la comarca.

Para muchos estas historias sólo testimonian la rica tradición oral de las zonas rurales de nuestro país, pero para otros reflejan la existencia de cosas inexplicables y seres con poderes tanto para hacer el mal como el bien. Es el caso de las ya mencionadas “meicas” o curanderas de Talagante, que se tratarán en esta sección en una futura nota.

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