Moisés: ¿Qué vio, según la Biblia, cuando miró la “espalda” de Dios?
Guía de: Fenómenos Paranormales
- Héctor Fuentes
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La Biblia nos cuenta que “a Dios nadie le vio jamás” (Juan 1:18) y “Dios es espíritu” (Juan 4:24), aludiendo a la naturaleza espiritual de Dios, por lo que el ser humano estaría naturalmente limitados para percibirlo, pues los ojos físicos no pueden contemplar a los seres espirituales. En Timoteo 6:15-16 también se dice que Dios es “el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”.
En Éxodo 33:11, sin embargo, se relata que Moisés, el patriarca hebreo que liberó al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, hablaba a Dios “cara a cara”. No obstante, los exegetas de la Biblia comentan que esta expresión se refiere más que nada a una conversación íntima entre dos personas, pues Moisés en ningún momento estuvo en contacto visual con Jehová (hay que recordar que la primera vez que Dios le habla a Moisés en el desierto, se le aparece como una zarza ardiendo que no se consumía).
Después del famoso incidente del becerro de oro (Éx 32), cuando ante la prolongada ausencia de Moisés, el pueblo de Israel, desagradecido y tornadizo como de costumbre, cae en la idolatría y adora a un becerro de oro, el futuro de los hebreos parece estar en duda. Entonces Moisés, humilde y manso, le pide a Dios que perdone a su pueblo y le muestre Su gloria (Éx 33:12-18), diciéndole “Déjame verte en todo tu esplendor”.
Dios, sin embargo, le advierte a Moisés que “no podrás ver mi rostro, porque nadie puede verme y seguir con vida” (v. 20), agregando que “Yo haré pasar toda Mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del SEÑOR delante de ti. Tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión…Cerca de mí hay un lugar sobre una roca. Puedes quedarte allí. Cuando yo pase en todo mi esplendor, te pondré en una hendidura de la roca y te cubriré con mi mano, hasta que haya pasado. Luego, retiraré la mano y podrás verme la espalda. Pero mi rostro no lo verás” (v. 21-23).
Así las cosas ¿Qué vio Moisés realmente? ¿Vio la apariencia de un hombre o una visión celestial como la de Ezequiel 1 o una nube brillante? ¿Vio la espalda de una figura humana? ¿O la frase “mi espalda” escondía una metáfora para indicar la naturaleza gloriosa del Supremo Creador del cielo y de la tierra?
El teólogo norteamericano Ron Rhodes, por lo pronto, comenta que “sabemos, a partir de otros pasajes, que Dios es espíritu y no tiene forma (ver Isaías 31:3; Juan 4:24). Así como la palabra ‘mano’ es antropomorfismo, la palabra ‘espalda’ también lo es. ¿Y qué indica la palabra ‘espalda’? El término hebreo puede traducirse como ‘efectos posteriores’. Moisés no vio la gloria de Dios de manera directa, sino una vez que había pasado junto a él y Dios le permitió ver los resultados o esplendor producidos por Su gloriosa presencia”.
Vern S. Poythress, profesor de interpretación del Nuevo Testamento del Westminster Theological Seminary en Philadelphia, Pennsylvania, agrega por su parte que “cualesquiera que sean los detalles, Moisés vio una teofanía (manifestación de la divinidad) de Yahvé y, al mismo tiempo, tuvo una visión menor que la exposición más completa posible a la presencia de Dios.”
“La alusión a los rasgos humanos se basa en el hecho de que el hombre fue hecho a imagen de Dios. Por supuesto, junto con todas las teofanías, esta también presagia la aparición de Dios en Cristo, quien es la teofanía permanente y culminante. En Él, y por medio de Su expiación, podemos ver el rostro de Dios y no morir (Jn 14:9; Ap 22:4)”. agregó.
La Biblia agrega que después de esta experiencia culminante con Dios, el rostro de Moisés brilló: “Cuando Moisés descendía del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios. Al ver Aarón y todos los israelitas que la piel del rostro de Moisés resplandecía, tuvieron temor de acercarse a él (Éx 34:29-30)”.
El profesor Poythtress explica que “una aparición de Dios puede incluir brillo. Lo sorprendente es que ahora el brillo de la apariencia de Dios se refleja en el mismo Moisés, quien ha visto a Dios. Este resplandor de Moisés anticipa el clímax en Cristo. Cristo es el resplandor de la gloria de Dios (He 1:3)”.
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