Rasputín: Los grandes mitos sobre su vida y su muerte

En el famoso relato del príncipe Yusupov, uno de los asesinos de este famoso santón ruso, sorprende la resistencia de Rasputín a los venenos más fulminantes y a las balas.

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La influencia ejercida por Gregorio Efimovich Rasputín sobre el zar Nicolás II de Rusia y su esposa, la emperatriz Alejandra, convirtió a aquel singular personaje, hombre inculto, hipócrita y dotado de un extraordinario poder de sugestión y de otros presuntos poderes misteriosos, en el auténtico dueño de la voluntad de los últimos soberanos rusos, lo que le valió convertirse en uno de los personajes más controvertidos de la historia. Ello le granjeó grandes enemigos, sobre todo en la aristocracia, muchos de los cuales no podían tolerar tan nefasta influencia. El príncipe Félix Yusopov decidió, finalmente, con un grupo de conjurados, dar muerte a Rasputín, la noche del 29 de diciembre de 1916, un episodio que sorprendió por la extraordinaria resistencia del “Monje Loco” a los venenos más potentes y a las balas.

Gregorio Efimovich, mejor conocido como Rasputín (vocablo que vendría de la palabra rusa “rasputnyi”, que significa “disoluto”) nació en un pequeño pueblo de Siberia Occidental en 1869. Al igual que la mayoría de sus compatriotas era analfabeto, lo que no le impidió convencerse a sí mismo que era una especie de místico, dotado de presuntos poderes paranormales y de una fama de taumaturgo, como se conoce a las personas que supuestamente pueden realizar milagros.

Rasputin (1)

hijos

A los 19 años, Rasputín se casó con Praskovia Fiódorovna Dubrovina, una joven tres años mayor que él, con la que tuvo tres hijos: Dmitri, Varvara y María. Sin embargo, en 1892 Rasputín dejó abruptamente su aldea, esposa, hijos y padres para recluirse en un monasterio, ingresando posteriormente a una secta cristiana condenada por la Iglesia Ortodoxa Rusa conocida como los “flagelantes”, quienes creían que para llegar a la fe verdadera hacía falta experimentar el dolor y el placer.

En las reuniones de esta secta, las orgías y las fiestas eran constantes y Rasputín se convirtió en uno de sus integrantes más entusiastas, conociendo los placeres de la vida licenciosa. El ingreso en esta congregación marcó al profeta siberiano de por vida, explicando la disipada vida sexual que tendría en años posteriores y que acabó ennegreciendo su reputación de presunto hombre santo.

Después de lanzarse a los caminos en una especie de peregrinación, Rasputín vivió de las donaciones de los campesinos que encontraba a su paso; se le consideraba un místico y se le atribuía el poder de curar enfermedades y predecir el futuro.

Rasputin

El Zar Nicolás II, junto a su esposa, la emperatriz Alejandra, y sus cinco hijos.

El Zar Nicolás II, junto a su esposa, la emperatriz Alejandra, y sus cinco hijos.

La vida de Rasputín cambiaría para siempre en 1905, cuando, debido a su creciente fama de sanador, fue llamado al palacio de los zares para cortar una hemorragia del hijo y heredero Alekseì Nikolayevich Romanov, quien padecía de hemofilia, El joven zarévich efectivamente mejoró, presuntamente por los efectos de la hipnosis, y la familia Romanov, especialmente la zarina Alejandra , una mujer muy crédula y supersticiosa, cayó bajo la influencia de este controvertido personaje y presunto místico ruso. La zarina no sólo estaba convencida que su hijo se había curado gracias a Rasputín, sino que también creía en los vaticinios del monje sobre los destinos de la santa Rusia, a la cual veía Rasputín en sus visiones «envuelta en una nube negra e inmersa en un profundo y doloroso mar de lágrimas».

La vida licenciosa de Rasputín

Rasputín no solo se ganó el favor de la familia real, sino que también buena parte de la aristocracia rusa se rindió a sus pies, debido sobre todo a su carisma personal: de gran altura, Rasputín destacaba por una mirada muy fija y penetrante, donde despuntaban unos ojos claros, un verbo fácil y muy ambiguo. su conocimiento de las Escrituras y en seguir cierta tradición religiosa rusa que seguía prácticas orgiásticas como camino para llegar a Dios. Por esta época abundaban los rumores de que Rasputín era una persona licenciosa, a la cual se le veía con asiduidad borracho y en compañía de prostitutas.

rasputin y sus mujeres

Sus relaciones con sus discípulos y sus presuntas visitas de alcoba, en su mayoría a mujeres de la alta sociedad rusa, también eran polémicas. Se dice que Rasputín, antes de intimar sexualmente con las mujeres de la nobleza, les decía: “Se deben cometer los pecados más atroces, porque Dios sentirá un mayor agrado al perdonar a los grandes pecadores” y “Antes de que podamos arrepentirnos, tenemos que pecar”. También les decía lo siguientes: “Me besas, te besó Dios. Tú te acuestas conmigo, tú te acuestas con él”.

Investido de un inmenso poder, Rasputín comenzó a designar a muchos altos funcionarios y a hacerse con el control absoluto del gobierno. Su profunda influencia en la corte imperial terminó escandalizando a la opinión pública, sin mencionar que su comportamiento le daba mala reputación y sus orgías eran bien conocidas por el pueblo, que lo bautizó con el sobrenombre de “El Monje Loco”.

La excesiva influencia de Rasputín en la familia del zar Nicolás II y su familia y en los propios asuntos de gobierno (se decía que no había decisión del Zar que no pasara por Rasputín), especialmente en momentos en que la situación de la monarquía rusa era bastante crítica, despertó también el resquemor y la desconfianza de algunos nobles y cortesanos, quienes decidieron acabar con el “Monje Loco” a como diera lugar.

Las muertes sucesivas de Rasputín

De ese modo, el príncipe Félix Yusupov, el líder derechista de la Duma Vladimir Purichkevitch y los duques Dmitri Pavlovic y Nicolás Mijailovich, acordaron matar a Rasputín en el propio palacio de Yusupov. Luego de informarle al monje que la esposa de éste, la gran duquesa Irina Alexandrovna, deseaba verlo, Rasputín se presentó en el palacio una noche de diciembre de 1916. Allí Yusupov lo hizo esperar en una estancia del sótano donde le sirvió vino y unos pasteles envenenados con grandes dosis de cianuro.

rasputin III

Sin embargo, cuando todos esperaban que el místico ruso cayera muerto de inmediato por efecto del potente veneno, Rasputín seguió conversando como si nada hubiera sucedido. Yusupov, entonces, le descerrajó un balazo en pleno corazón. Los increíbles sucesos que ocurrieron a continuación fueron narrados por el propio príncipe Félix Yusupov en su escrito “Cómo maté a Rasputín”.

“…Al ruido del disparo acudieron mis amigos. Rasputín se hallaba tendido sobre la espalda. Sus facciones se contraían por momentos. Sus manos estaban crispadas. Tenía los ojos cerrados. Su blusa de seda estaba enrojecida por una mancha sangrienta. Nos inclinamos sobre él para examinarlo. Al cabo de algunos minutos cesó de moverse. El doctor comprobó que la bala había atravesado la región del corazón. No había duda alguna: Rasputín estaba bien muerto. Apagamos la luz y subimos a mi cuarto después de cerrar con llave la puerta del sótano”.

El príncipe Félix Yusupov, uno de los asesinos de Rasputín.

El príncipe Félix Yusupov, uno de los asesinos de Rasputín.

Yusupov agregó que después de subir a la casa y conversar con los otros conjurados sobre el nuevo porvenir que le esperaba a Rusia después de haberse librado para siempre de ese “genio maléfico”, un extraño presentimiento comenzó a molestarlo. “Mientras hablábamos, de pronto una rara inquietud me turbó, y un irresistible impulso me llevó a bajar al sótano, en donde reposaba el cuerpo. Rasputín yacía en el mismo sitio en donde lo habíamos dejado. Le tomé el pulso y no percibí latido alguno. Estaba bien muerto. Después de permanecer algún tiempo cerca de él, ya me disponía a irme cuando llamó mi atención un casi imperceptible estremecimiento de su párpado izquierdo. Me incliné sobre él y le observé atentamente: ligeros temblores contraían su rostro. De súbito, vi que abría su ojo izquierdo…Algunos instantes después su párpado derecho comenzó a temblar otra vez, luego se alzó. Entonces vi sus dos ojos verdes de víbora fijos sobre mí con una expresión de odio satánico. Se me heló la sangre en las venas. Todos mis músculos adquirieron la rigidez de la piedra. Quise huir, pedir socorro, pero mis piernas no querían obedecerme, y de mi garganta no salía sonido alguno. Me encontraba como en una pesadilla, clavado en las losas de granito”.

rasputin

El príncipe Yusupov añadió que “entonces ocurrió algo atroz. Con un movimiento brusco y violento, Rasputín dio un salto, con la boca llena de espuma. Daba miedo verle. Un salvaje rugido resonó bajo las bóvedas y vi cómo sus manos convulsas se agitaban en el aire. Luego se arrojó sobre mí: sus dedos intentaban cogerme por el cuello y se hundían en mi espalda como tenazas. Los ojos se le salían de las órbitas, la sangre resbalaba por sus labios. Con voz baja y ronca me llamaba por mi nombre. Nada podría expresar el sentimiento de horror que me embargó. Intenté librarme de su abrazo, pero estaba preso como en un torno. Una terrible lucha se inició entre nosotros. Aquel ser que moría envenenado, con la región cardíaca atravesada por una bala, aquel cuerpo al que las potencias del mal parecían haber reanimado para vengarse de su derrota, tenía algo tan terrible, tan monstruoso, que no puedo evocar aquella escena sin un estremecimiento de horror. Entonces me pareció comprender todavía mejor quien era Rasputín. Tenía la impresión de que me las había con el mismísimo satanás, encarnado en aquel campesino que me había cogido con sus garras para ya no soltarme. Gracias a un esfuerzo sobrehumano, logré zafarme de ese terrible apretón”.

El príncipe Yusupov relató que después de librarse de Rasputín, el “Monje Loco”, pese a que una bala le había atravesado el corazón y con grandes dosis de veneno en su cuerpo, arrastrándose sobre las rodillas y el vientre, comenzó a escalar rápidamente los peldaños de las escaleras, alcanzando la puerta secreta que daba acceso al patio, puerta que estaba celosamente cerrada con llave, lo que tranquilizó en parte a los asesinos de Rasputín, que no deseaban que se escapara.

Sin embargo, Yusupov relató que “¡Cuáles no serían mi estupor y mi espanto al ver que la puerta se abría y que Rasputín desaparecía en la noche¡ Purichkevitch se lanzó tras él. Dos disparos resonaron en el patio…se oyó un tercer disparo, luego otro. Le vi vacilar y luego observé cómo Rasputín caía en un montón de nieve. Cuando me acerqué a él no daba ninguna señal de vida. Luego llegaron dos criados y un agente de policía alarmados por los disparos. Fui hacia el agente y me coloqué ante él de modo que tuviera que dar la espalda al sitio en donde yacía Rasputín. Después de hablar con él volví al lado del cadáver, junto al cual se encontraban los dos criados. Rasputín, que se hallaba en el mismo sitio, encogido sobre sí mismo, sin embargo, había cambiado de posición. “¡Dios mío¡ ¿Vive aún?”,pensé. El terror se apoderó de mí ante el solo pensamiento de que pudiera volver a levantarse”.

rasputin muerto

Pero Rasputín, quien al parecer había convocado a las fuerzas del mal para escapar de sus victimarios, estaba muerto por fin. El príncipe Yusupov, tras ordenar el traslado del cadáver al interior de su casa, recordó que “al bajar la escalera, vi el cuerpo de Rasputín extendido en el rellano. La sangre brotaba de sus numerosas heridas. Una lámpara le iluminaba desde lo alto y se veía hasta en los menores detalles su rostro desfigurado. Su aspecto era profundamente repulsivo”.

Los conjurados, después de atar el cadáver de Rasputín con cadenas de hierro, lo arrojaron al río Nevá, donde fue encontrado en los días siguientes. Rasputín fue enterrado en enero de 1917 junto al palacio de Tsárskoye Seló y, después de la revolución de febrero, su cuerpo fue desenterrado y quemado en el bosque de Pargolovo, donde sus cenizas fueron esparcidas. Su famosa predicción de que Rusia se vería “envuelta en una nube negra e inmersa en un profundo y doloroso mar de lágrimas” se cumpliría al pie de la letra, especialmente después de la llegada de los bolcheviques al poder, con Lenin a la cabeza, quienes no sólo asesinaron fríamente a toda la familia Romanov (el zar Nicolás II, su mujer Alejandra y sus cinco hijos) sino que también a miles de soldados y campesinos rusos.

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