Santa Faustina: La monja polaca que asegura haber visto a Jesucristo durante 13 años

Esta religiosa, fallecida a los 33 años, aseguró haber tenido una dantesca visión del Infierno y el Purgatorio. También dijo haber visto el Cielo.

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Helena Kowalska, quien se haría conocida como Santa María Faustina Kowalska, nació en la localidad de Głogowiec, Polonia, en 1905, en el seno de una familia campesina muy pobre. Devota desde muy pequeña, a los 18 años pidió a sus padres el permiso para entrar en un convento, petición que le fue negada. Ante esa situación, la muchacha decidió entregarse de mala gana a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno al llamado de Dios.

Santa Faustina

Sin embargo, cuando Helena contaba con 20 años, en una ocasión que asistió a un baile con su hermana Josefina, mientras bailaba, relató hacer tenido una visión que la paralizó: dijo que vio a Jesús crucificado, cubierto de llagas. La divina aparición, tras llamarla por su nombre, la conminó a dirigirse de inmediato a Varsovia, para entrar en un convento. Helena obedecería al instante y, tras dirigirse a la capital polaca a postular como religiosa, ingresaría posteriormente a la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, en Cracovia. En 1926 tomaría el hábito religioso como novicia recibiendo el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento.

El 22 de febrero de 1931, mientras se encontraba en su celda, Sor Faustina aseguró que, por segunda vez, presenció a Jesucristo, quien, además de darle varios mensajes, le pidió que pintase una imagen suya. La religiosa contaría que “vi a Jesucristo vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir, y con la otra mano se tocaba el vestido en el pecho. De su manto brotaban dos rayos de luz: el uno rojo y el otro blanco. Él me dijo: “Estos dos rayos de luz representan la sangre y el agua que brotaron de mi corazón al ser herido por la lanza del soldado en la cruz. El rayo rojo significa la sangre y el blanco el agua. Debes mandar pintar una imagen mía así como la estás viendo ahora, y que lleve esta inscripción: “JESÚS, YO CONFÍO EN TÍ”. “Deseo que esta imagen sea venerada en todas partes, y prometo que a quienes veneren mi imagen y confíen en mí, les concederé gracias y favores mucho más grandes de los que me pidan. Y los asistiré en el momento de su muerte”.

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Ante esta singular propuesta de la visión celestial, la religiosa, para pintar la imagen del Nazareno tal como la había visto en su celda, requirió los servicios artísticos del pintor Eugenio Kazimirowski, quien realizó un retrato de Jesús siguiendo sus precisas instrucciones. Esta imagen fue presentada y venerada públicamente en Ostra Brama, Lituania, en 1935, siendo la primera imagen pintada del Señor de la Misericordia, aunque la imagen que se haría famosa en el mundo entero sería una segunda pintura de la aparición, realizada por el pincel del pintor Adolfo Hyla y ofrecida como agradecimiento por la salvación de su familia de la guerra.

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El Señor de la Divina Misericordia. Las dos imágenes de Jesucristo retratadas por los pintores Eugenio Kazimirowski y Adolfo Hyla, de acuerdo a la visión que tuvo Santa Faustina Kowalska .

La visión del Purgatorio, el Infierno y el Cielo

En otra de las apariciones siguientes de Jesús, que a contar de ese momento sería conocido como el Señor de la Divina Misericordia, Santa Faustina Kowalska contó que tuvo una triple visión: el Purgatorio, el Infierno y el Cielo. La religiosa describió al primer lugar como un sitio lleno de fuego y de almas sufrientes, que oraban fervientemente por sí mismas, “pero no era válido, solamente nosotras podemos ayudarlas”, señaló Santa Faustina. Cuando la religiosa les preguntó a las almas dolientes qué era lo que más las hacía sufrir, éstas le contestaron que era el sentirse abandonadas por Dios. A continuación vio a la Virgen María que visitaba a las almas del purgatorio, quienes la llamaban “Estrella del Mar”. Finalmente, después de salir de aquella prisión de sufrimiento, escuchó la voz del Señor que le dijo: “Mi Misericordia no quiere esto, pero lo pide mi Justicia”.

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El purgatorio.

Posteriormente, en un retiro de ocho días que vivió Santa Faustina Kowalska, en octubre de 1936, la religiosa dijo haber visto el abismo del infierno con varios de sus tormentos. Luego escribió lo que se le permitió ver a pedido del mismo Jesucristo. La religiosa relató que “fui llevada por un Ángel al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y extenso es! Las clases de torturas que vi: La primera es la privación de Dios; la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia; la tercera es que la condición de uno nunca cambiará; la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla –un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual–, prendido por la ira de Dios”.

La religiosa agregó que la quinta tortura era una oscuridad continua con un terrible olor sofocante y describió que, a pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se veían entre ellas. “La sexta tortura es la compañía constante de Satanás; la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia. Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido”.

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El infierno.

Sor Faustina detalló que en el infierno había cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difería de la otra. “Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas –explicó la religiosa– si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie ha estado ahí y, por lo tanto, nadie puede describirlo”.

El 27 de noviembre de 1936 la santa también tuvo una visión del cielo, que describió como un sitio de “belleza incomparable”, donde residía una felicidad que esperaba a los justos después de la muerte y donde todas las criaturas alababan y daban gracias a Dios sin cesar. La religiosa agregó que esta fuente de felicidad era invariable en su esencia, pero siempre nueva, derramando felicidad para todas las criaturas. “Dios me ha hecho entender que hay una cosa de un valor infinito a sus ojos, y eso es, el amor a Dios; amor, amor y nuevamente amor. Y nada puede compararse a un solo acto de amor a Dios. Dios, en su gran majestad, es adorado por los espíritus celestiales, de acuerdo a sus grados de gracias y jerarquías en que son divididas; esa visión no me causó temor ni susto; mi alma estaba llena de paz y amor; y mientras más conozco la grandeza de Dios, más me alegro de que Él sea el que es”.

Los mensajes de Jesucristo

Desde la primera aparición de Jesucristo, Santa Faustina comenzó a escribir un diario, que al final se transformó en seis cuadernos de 600 páginas (que serían compilados en un sólo diario que contiene 1828 numerales), en el que recogió todos los mensajes que dice haber recibido de Jesús, dirigido, según ella, a un mundo que necesitaba y continúa necesitando de la Misericordia de Dios. Los teólogos definieron a este diario como una especie de manual para luchar contra el mal y el maligno. Entre las revelaciones que Jesús, en sus propias palabras, le hizo a la religiosa se cuentan las siguientes:

-No existirá paz sino a través de la misericordia de Dios: “La humanidad no tendrá paz hasta que se vuelva con confianza a Mi misericordia”. (Diario, 300)

-Cuando el mundo reconozca la misericordia de Dios será una señal de los últimos tiempos: “Que toda la humanidad reconozca Mi misericordia insondable. Es una señal para los tiempos finales. Después vendrá el día de la justicia”. (Diario, 848)

-La justicia de Dios es inminente cuando su misericordia es rechazada: “El que se niega a pasar por la puerta de Mi misericordia debe pasar por la puerta de Mi justicia…” (Diario, 1146)

- La Fiesta de la Misericordia podrá ser la última oportunidad para que muchos se salven: “Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre”. (Diario, 965)

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-Dios quiere que todos se salven: “Cuanto mayor es la miseria de un alma, mayor es su derecho a Mi misericordia; (Exhorta) a todas las almas a confiar en el abismo insondable de Mi misericordia, porque quiero salvar a todos”. (Diario, 1182)

-Los más pecadores tienen más derecho a la misericordia de Dios: “Cuanto mayor es el pecador, mayor es el derecho que tiene a Mi misericordia. Mi misericordia se confirma en toda obra de Mis manos. El que confía en mi misericordia no perecerá, porque todos sus asuntos son míos y sus enemigos serán destrozados en la base de mi escabel”. (Diario 723)

-No debe existir miedo de acercarse a la misericordia de Dios: “Que el alma débil y pecaminosa no tenga miedo de acercarse a Mí, ya que aunque tuviera más pecados que granos de arena en el mundo, todos se ahogaran en las profundidades inconmensurables de Mi misericordia”. (Diario, 1059)

-Las almas recibirán gracias que no podrán contener e irradiarán a otras: “Di a todas las personas, hija Mía, que yo soy el Amor y la Misericordia. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la lleno de tal abundancia de gracias que no puede contenerlas dentro de sí, sino que las irradia a otras almas”. (Diario, 1074)

-Los que propagan esta devoción serán protegidos toda su vida por Dios: “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa (protege) a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez, sino Salvador misericordioso”. (Diario, 1075).

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Jesús, además, en sus encuentros con Sor Faustina, le dejó varios consejos, como dejar el amor propio en último lugar, para no contaminar sus obras (“El amor propio es natural, pero debe ser ordenado, libre de orgullo. La humildad vence al diablo, que es el orgullo perfecto”); y no negociar con cualquier tentación (“En el Jardín del Edén, Eva negoció con el diablo y perdió. Recurriendo a Cristo, le damos la espalda a lo demoníaco”).

El Nazareno, en sus apariciones, también le aconsejó no descargar sus sentimientos (“Un alma habladora será más fácil de ser atacada por el diablo. Descarga tus sentimientos sólo al Señor. Recuerda, los espíritus buenos y malos escuchan lo que dices en voz alta…El recogimiento interior es una armadura espiritual”); callar cuando uno es reprendido (“La necesidad de tener la razón todo el tiempo puede conducir a trampas demoníacas. Dios sabe la verdad. Déjalo ir. El silencio es una protección”) y no desanimarnos ante la ingratitud (“Resiste todo desaliento porque nunca es de Dios. Es una de las tentaciones más eficaces del diablo. La gratitud en todas las cosas gana el día a día”).

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Santa Faustina ( al medio de la imagen). 1935.

Jesucristo también le aconsejó cultivar una gran paciencia consigo misma (“La paciencia es un arma secreta que nos ayuda a mantener nuestra paz del alma, incluso en las grandes tormentas de la vida. La paciencia con uno mismo es parte de la humildad y la confianza… Mírate a ti misma desde el punto de vista de Dios. Él es infinitamente paciente”); evitar las murmuraciones, como una plaga (“La lengua es poderosa y puede hacer mucho daño. La murmuración, el chismerío, nunca es de Dios”); y, finalmente, recurrir a Jesús en la desolación, la oscuridad y en los momentos de dudas (“En tiempos de la guerra espiritual, inmediatamente ora a Jesús. Invoca Su Santo Nombre que es temido en el inframundo”).

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Santa Faustina.

María Faustina Kowalska, también conocida como Sor Faustina, después de haber recibido durante sus 13 años de ministerio numerosos mensajes de Jesucristo, falleció de tuberculosis en 1938, sorprendentemente, a la misma edad en que el Nazareno murió clavado en la cruz: a los 33 años. En 1966 sus restos fueron trasladados a la capilla de su congregación, más tarde consagrada como Santuario de la Divina Misericordia de Cracovia, siendo canonizada el 30 de abril del año 2000, en el segundo domingo de Pascua, día al que la Iglesia católica denomina también Domingo de la Divina Misericordia.

Esta religiosa polaca, hoy, es recordada por propagar la devoción a la Divina Misericordia y exponer claramente sus visiones que recibió de Jesucristo. Entre sus prodigios se cuenta que anunció la fecha exacta del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y el bombardeo de la Luftwaffe (La Fuerza Aérea alemana) a Varsovia, además de predecir con total exactitud, el día, el mes y el año de su propia muerte.

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