¿Por qué los GP en EE.UU. no prenden entre fanáticos?

Un Grand Prix en los Estados Unidos es algo de difícil éxito, no obstante los múltiples intentos de la Fórmula 1 para conseguirlo. Conozcamos algunas de las razones.

Guía de: Fórmula 1

Hace un tiempo se anunció un Gran Premio en Austin, Texas, para el año 2012. Sería la primera carrera de Fórmula 1 en Estados Unidos desde que la categoría dejara Indianápolis. Sin embargo, estaría por ser anunciada una segunda carrera en suelo americano para 2013, un circuito callejero en el borde costero de New Jersey, frente a Manhattan. Sin embargo, ya circulan rumores de que el circuito en Texas tiene retrasos en su construcción, aunque sigue anunciándose que estará listo en junio de 2012.

GP de EE.UU.

Foto: EFE

Schumacher celebró efusivamente su triunfo en el GP de EE.UU. de 2006.

Desde los primeros tiempos de la Fórmula 1, la categoría ha intentado tener un evento exitoso en Estados Unidos, pero solo en algunas épocas lo ha conseguido. ¿Por qué? Hay razones comunes a todas las épocas: la F-1 no es muy popular en USA, hay otras categorías con mayor arrastre (NASCAR, Indy Cars, etc.), es una carrera cara, no hay muchos circuitos como necesita la F-1, etc. Cada época, sin embargo, también ha tenido sus detalles, que es entretenido conocer.

El afán por el “mercado americano”

Entre 1950 y 1960 las 500 Millas de Indianápolis eran parte del campeonato mundial de F-1, lo que era bastante absurdo ya que sólo corrían pilotos locales y con autos con otra reglamentación. La primera carrera real de Fórmula 1 en Estados Unidos se corrió en 1959, en la pista de Sebring, en Florida. Al año siguiente, la carrera pasó a Riverside, en California; en ambos casos hubo poco público y muchos gastos.

En 1961 la carrera pasó al circuito de Watkins Glen, en New York, y el GP de Estados Unidos vivió una de sus mejores épocas. Buenas carreras, buena asistencia de público. Tras unos doce o trece años de éxitos, el circuito comenzó a tener algo de deterioro, los pilotos comenzaron a quejarse y los organizadores no pudieron hacer las inversiones necesarias para mejorar el circuito. En 1980, el Williams de Alan Jones fue el último ganador de una carrera de Fórmula 1 en Watkins Glen.

Entretanto, los mandamases de la Fórmula 1 (y en especial Bernie Ecclestone) querían más carreras en Estados Unidos, apuntando directamente al poder económico de los potenciales auspiciadores. En 1976 se creó el Grand Prix de Estados Unidos Oeste, en un circuito callejero en Long Beach, California; duró hasta 1983. En 1981 debutó el Grand Prix de Las Vegas, que sólo duró dos años, y en 1982 debutó el Grand Prix de Detroit. En 1984 se corrió en Dallas, pero sólo esa vez: el asfixiante calor y el mal estado del pavimento casi causan un desastre. Detroit aguantó hasta 1988, y en 1989 la carrera pasó a Phoenix, con resultados horrendos: en 1990 tuvo tres veces menos público que un festival de avestruces que se realizó simultáneamente, y en 1991 llegaron menos de 20 mil personas. Y la F-1 se fue de Estados Unidos, para no volver en varios años.

El sueño de Indianápolis se hace realidad

GP en EE.UU.

Foto: f1fanatic.co.uk

En la imagen Nigel Mansell lidera el Grand Prix de Detroit en 1987, delante de Ayrton Senna y Nelson Piquet.

El Indianapolis Motor Speedway es uno de los circuitos legendarios del mundo, el lugar donde se corren las 500 Millas desde 1911. Y en el año 2000 se logró un acuerdo para ser sede de una carrera de Fórmula 1, pero no en el óvalo, sino usando su recta de la línea de meta y el curvón inmediatamente anterior y agregando una zona interna de curvas más lentas.

El resultado fue espectacular y el primer año llegaron 225 mil espectadores; es probable que haya sido la mayor asistencia de público en la historia de la categoría. Durante varios años hubo buenas carreras, pero en 2005 hubo un triste espectáculo. Los neumáticos Michelin calzaban a siete de los diez equipos, y los otros tres (Ferrari, Jordan y Minardi) usaban Bridgestone. Por alguna razón que Michelin nunca supo explicar, sus neumáticos no aguantaron el curvón del óvalo; de hecho, Ralf Schumacher se fue contra el muro en las prácticas del viernes con su Toyota, quedando seriamente lastimado.

Michelin mandó pedir neumáticos nuevos a Francia, pero los que llegaron tampoco sirvieron. Tras múltiples discusiones, los equipos equipados con gomas Michelin decidieron retirarse apenas terminó la vuelta previa, quedando solamente seis autos en pista. El público, que no sabía nada de esos problemas, se molestó mucho, pifiando y tirando objetos a la pista: un espectáculo patético, que no contribuyó para nada a la imagen de la F-1 en Estados Unidos.

Y aunque en 2006 y 2007 se corrió en Indianápolis, tras ese año no hubo acuerdo económico para renovar el contrato y la Fórmula 1 nuevamente dejó tierras americanas. Esperemos que los proyectos de Austin y New Jersey se concreten, pues Estados Unidos es una potencia automovilística y comercial, y merece tener un Gran Premio.

Aquí los dejamos con un video clásico: la primera victoria de Emerson Fittipaldi, en Watkins Glen 1970 a bordo de un Lotus.

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