Gilles Villeneuve: una leyenda inolvidable

El canadiense Gilles Villeneuve es uno de los pilotos más recordados de la Fórmula 1. Arrojado, sin miedo a nada, fulgurante y también algo peligroso. Conozcamos más de uno de los ídolos de Ferrari.

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Fueron tres los Villeneuve en la F1: Jacques Sr., hermano de Gilles, corrió con nulo éxito en 1983 y no dejó ninguna huella en la categoría. En cambio, Gilles y su hijo, Jacques, ganaron carreras, sumaron adherentes y detractores por igual, e incluso Jacques logró un título mundial. ¿Quiénes fueron ellos, y por qué son tan recordados? En esta ocasión hablaremos de Gilles, y en nuestro siguiente artículo, de Jacques.

O lo odias o lo amas

Gilles Villeneuve

Foto: El Mercurio

Gilles Villeneuve llegó a Ferrari en 1978.

Gilles Villeneuve debutó a bordo de un McLaren en Gran Bretaña ‘77. Hasta entonces había participado en categorías menores del automovilismo canadiense, generalmente con un presupuesto escuálido. Curiosamente, ganaba mucho más dinero en carreras de motos de nieve, donde aprendió mucho de lo que posteriormente sería la base de su arrojado estilo. De hecho, llegó a la F1 porque impresionó mucho al campeón mundial de ese año, James Hunt, en una carrera de Formula Atlantic en Canadá en la que Hunt participó como invitado.

Tras nuevamente impresionar en su debut, la sorpresa: Ferrari quería secretamente un piloto nuevo para 1978, y cuando el legendario Enzo Ferrari lo vio, algo en su interior le dijo que probara a ese “minúsculo atado de nervios canadiense”. Le hizo una prueba en Fiorano y lo contrató, lo que motivó la ira de Niki Lauda, quien tomó sus cosas y se fue a Brabham apenas sumó lo suficiente para asegurar su segundo título mundial. El otro conductor del equipo italiano era el argentino Carlos Reutemann.

1978 fue un año difícil para Villeneuve. A final de temporada las cosas mejoraron: tercero en Austria, y luego la primera victoria en su Canadá natal, en la última fecha. Durante toda la temporada, la prensa italiana le pidió a Ferrari que lo echara; eso ya no ocurriría más.

1979 fue un gran año para Ferrari. El sudafricano Jody Scheckter ganó el título mundial, y Gilles Villeneuve fue subcampeón, con victorias en Sudáfrica, Long Beach y Watkins Glen, más cuatro segundos lugares.

Ese año lo vio consagrarse como ídolo para los tifosi de la Ferrari: un piloto veloz, audaz, arrojado y sin miedo a nada. Otros lo consideraban un loco peligroso, un irresponsable que no tenía como escapar a la muerte en la pista. Quizás ambos bandos tuvieron razón.

Una lucha con mal final

El año siguiente fue uno de los más desastrosos en la historia de Ferrari: Gilles Villeneuve sumó seis puntos y Scheckter, dos. El equipo italiano decidió estrenar su primer auto con motor turbo, y aunque 1981 tuvo muchos retiros por causa mecánica, Gilles ganó en Mónaco y España.

El retiro de Scheckter a fines de 1980 lo dejó luchando por ser el número uno del equipo con el francés Didier Pironi, recién llegado de Ligier. Al principio se llevaron bien, pero con la lógica competencia interna, y para 1982 la meta de ambos era ganar el título mundial. Ferrari tenía ya un año de experiencia con el motor turbo, y la 126C2 era una contenedora poderosa para el campeonato.

Gilles Villeneuve

Foto: El Mercurio

Gilles Villeneuve pulió su estilo en las carreras de motos de nieve.

En la cuarta fecha, una lucha política entre la FISA y la FOCA (federación deportiva y asociación de constructores, respectivamente) hizo que la cuarta carrera, en San Marino, tuviera apenas 13 autos largando. El pronto retiro de los Renault dejó a las Ferrari sin oposición real, por lo que el equipo avisó a sus pilotos que mantuvieran un paso lento para no arriesgar quedarse sin combustible. Gilles Villeneuve entendió que eso significaba además conservar las posiciones, donde él lideraba por sobre el francés.

Pironi, sin embargo, adelantó a Gilles Villeneuve. Este lo readelantó, pensando que era solo una maniobra para entretener al público. Pero en la última vuelta Pironi lo sorprendió y lo volvió a pasar, motivando la ira genuina del canadiense, que juró no volverle a hablar.

Quizás ese estado emocional lo afectó demasiado. Porque en la clasificación de la siguiente carrera, Gilles Villeneuve se tocó con el Arrows de Jochen Mass, salió disparado por el aire y aterrizó contra la pista; la Ferrari se hizo pedazos, lanzando el cuerpo inerte de su conductor a 50 metros de distancia. Con una fractura grave en el cuello, nunca recuperó el conocimiento y falleció algunas horas después en el hospital.

Una leyenda inmortal

Gilles Villeneuve sigue siendo uno de los pilotos más populares de la F1, y lo relacionado con su persona aún vende mucho en términos de merchandising. El número 27 de su Ferrari está muy asociado a él, y su hijo Jacques lo usó cuando ganó las 500 Millas de Indianápolis. El Circuito Gilles Villeneuve de Montreal lleva su nombre; además, hay estampillas, libros, documentales y muchas otras cosas relacionadas con él.

Aquí tenemos nuestro clásico video final. Esta vez: lo mejor de Gilles Villeneuve.

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