Ivan Capelli: El gran fracaso de Ferrari

Ha habido muchas historias de fracaso en Ferrari, pero la de Ivan Capelli en 1992 es particularmente dolorosa.

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El italiano Ivan Capelli tenía cierta fama a principios de los años ’90. Campeón italiano y europeo de Fórmula 3, y luego campeón intercontinental de F-3000, disputó un par de carreras en F-1 con Tyrrell en 1985 y AGS en 1986, y luego estuvo vinculado a March entre 1987 y 1991, siempre de la mano del excéntrico Akira Akagi, millonario japonés dueño de la empresa nipona Leyton House, la que adquirió March en 1989 y le dio su propio nombre al equipo.

Con March, Capelli se hizo de prestigio: sumó dos segundos puestos en 1988 y fue el único piloto (ayudado por la aerodinamia del auto) que pudo quitarle la punta en carrera al McLaren-Honda en carrera ese año, lográndolo en la recta principal en Japón. Dos años después, con una jugada táctica, estuvo a punto de ganar el Gran Premio de Francia, perdiendo la punta a dos vueltas del final con un auto que llegó apenas.

Pero a fines de 1991 Akagi fue arrestado en Japón por problemas financieros y Capelli firmó en la Scuderia Italia, que corría con autos Dallara. En eso lo llamó por teléfono Claudio Lombardi, director de gestión deportiva de Ferrari. “Sabemos que tienes un contrato con la Scuderia Italia pero queremos que corras por la Scuderia Ferrari. ¿Qué dices?” Bueno, no había mucho más que decir y Capelli firmó por Ferrari.

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Las pruebas iniciales fueron terribles. La Ferrari F92A estaba llena de novedades técnicas sofisticadas (doble piso, aerodinamia, suspensiones) pero ninguna funcionaba como debía, e incluso el motor era más lento que el anterior. Capelli estaba muy preocupado y le dijo al equipo que el auto requería mucho trabajo, pero su compañero Jean Alesi declaró públicamente que el auto era muy bueno y que lucharían por la victoria. Capelli quedó con la sensación de que el equipo le creía más al francés que a él.

Durante la primera mitad del año, para colmo, le dieron a Alesi las únicas cajas de cambio que funcionaban bien y a él le dejaron el modelo antiguo, que no funcionaba con la nueva arquitectura posterior del auto. Los resultados de ambos eran muy distintos:  Alesi aguantaba razonablemente en clasificación y sumó dos terceros lugares, mientras que Capelli largaba en las últimas filas y consiguió apenas un quinto y un sexto puesto.

Las críticas en Italia arreciaron y la dirección de Ferrari tomó la decisión de despedirlo faltando dos carreras para el final de la temporada, sacrificándolo para acallar las críticas. Capelli tuvo al año siguiente un triste paso por Jordan, con apenas dos carreras, y dejó la F-1 para siempre, sufriendo durante varios años el peso del fracaso que tuvo en el equipo más importante para todo piloto italiano.

En 1998 entró a la RAI, la televisión italiana, como comentarista de la F-1 donde sigue hasta el día de hoy con mucho éxito, ayudado por su conocimiento y su simpatía personal. Logró superar su fracaso personal, pero comentó en una entrevista que lo que más le sorprendió cuando volvió a las carreras de F-1 en su nuevo rol de comentarista fue que gente que había trabajado con él en Ferrari le alejaba su mirada, como si tuvieran vergüenza del auto que le dieron y la situación que vivió.

Ivan Capelli debió tener un mejor final en la F-1; su caballerosidad, simpatía y calidad como piloto lo hacían merecedor de algo mejor.

 

 

 

 

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