Los 80: ¿la mejor década de la Fórmula 1?

La década que va de 1980 a 1989 es memorable para la F-1. La categoría se transformó: de muy europea paso a tener vocación mundial, con saltos impresionantes en muchas áreas.

Guía de: Fórmula 1

Entre 1980 y 1989 encontramos uno de los periodos más interesantes de la historia de la F-1. La categoría se transformó: de muy europea paso a tener vocación mundial, con un salto publicitario y tecnológico impresionante.

En 1980 casi todos los equipos usaban el motor aspirado Ford Cosworth, que era barato, confiable y ganador. Sin embargo ese motor, exitoso desde 1967, tenía los días contados; desde que Renault apareció en 1977 con un motor turbo, se fue haciendo cada vez más evidente que el futuro de la categoría estaba en los motores a turbina construidos por grandes fábricas.

Historia F-1

Foto: f1fanatic.co.uk

1981: Brabham-Ford de Nelson Piquet

El campeón de ese año fue Alan Jones a bordo de un Williams, postergando al Brabham de un joven Nelson Piquet y al argentino Carlos Reutemann, también de Williams. En 1981 el campeón fue Piquet en Brabham, imponiéndose a última hora a Reutemann; el dolor de este fracaso aceleró el retiro del argentino, que corrió la primera carrera de 1982 y dijo adiós.

En 1981 también debutó el motor turbo de Ferrari, y en 1982 el BMW para Brabham. Varios de estos motores tuvieron problemas en un principio, pero cuando lograron estabilizarse fueron imbatibles. Sin embargo, 1982 no fue para los turbo: Keke Rosberg ganó una sola carrera con su Williams y le bastó para ser campeón, aprovechando la muerte de Gilles Villeneuve y el grave accidente de Didier Pironi, ambos pilotos de Ferrari, y la irregularidad del resto de los aspirantes al título.

Los avances en las comunicaciones hicieron que cada vez más países pudieran ver carreras de Fórmula 1 en vivo, y esto aumentó enormemente su popularidad en todo el mundo. Había pilotos de todas partes, y varios sudamericanos (el chileno Eliseo Salazar, el colombiano Roberto Guerrero, el venezolano Johnny Ceccotto, además de Reutemann y los brasileños Piquet, Raúl Boesel y Chico Serra, entre otros.)

Los turbo ganan la batalla

En 1983 los turbo se impusieron con autoridad: Piquet volvió a ser campeón a bordo de su Brabham-BMW, seguido por el Renault de Alain Prost y la Ferrari de René Arnoux. Ese año también entró Honda, motorizando a Williams, y Renault entregó motores a Lotus.

1984 fue el año de McLaren: Niki Lauda, que se retiró en el ‘79 y luego volvió en el ‘82, se coronó campeón apenas por medio punto de diferencia sobre su compañero Alain Prost, que había dejado Renault molesto con la casa francesa. Ese año también fue el debut de un joven brasileño llamado Ayrton Senna, que se mandó un carrerón bajo la lluvia en Mónaco y estuvo a punto de ganarla con su Toleman, que estaba más para pelear atrás que para pensar en ganar.

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Foto: deviantart.net

1985: Lotus-Renault de Ayrton Senna.

A fines de ese año Nigel Mansell pasa de Lotus a Williams. Y el inglés, de opaco rendimiento en sus cuatro años con Lotus, florece en el equipo de Frank Williams, ganando sus primeras carreras con espectacularidad. Su reemplazante en Lotus, el mismo Senna, también consigue sus primeros triunfos. Pero el campeón vuelve a ser el McLaren-TAG Porsche, esta vez dando a Alain Prost su primer campeonato mundial.

En 1986 los Williams-Honda de Mansell y Piquet dominaron como quisieron. Les faltó un solo detalle: la lucha fratricida y la porfía de Mansell en demorar un cambio de neumáticos en la última carrera (con el consiguiente estallido de una goma trasera y el abandono del inglés) hizo que Prost alcanzara el bicampeonato con lo justo, defendiendo con éxito el título por primera vez en la Fórmula 1 desde Jack Brabham en 1959-1960.

A este punto la tecnología de los autos, especialmente de los motores, da un salto cualitativo impresionante. La competencia feroz entre fábricas de clase mundial las obliga a generar un rendimiento increíble en el motor: en 1986, un Honda V6 llegó a generar 1200 caballos de fuerza. El peligro de accidentes, falta de competitividad y costos absurdos crea restricciones para los turbo en 1987 y 1988, y su prohibición total desde 1989 en adelante. Sin embargo, también se desarrolla la electrónica y el uso de materiales como la fibra de carbono, creando autos más fuertes y livianos, y con telemetría que da información al instante de cómo se comporta el auto en la pista, algo impensado diez años antes.

El final de una era

1987, además de la tibia aparición de algunos autos con motor aspirado, coronó a Piquet como tricampeón, y al Williams FW11B-Honda como uno de los mejores autos de la F-1 en su historia. Honda también se estableció con el Lotus de Senna, pero al darse cuenta de la falta de potencial del equipo se llevó motor (y piloto) a McLaren, donde en 1988 consiguieron un equipo soñado: Senna, Prost, Honda y Gordon Murray, el diseñador histórico de Brabham. La mezcla fue casi imbatible, y de no ser por el choque de Senna con un rezagado en Italia faltando sólo dos vueltas para el final, McLaren habría ganado todas las carreras de esa temporada. Al final Senna consiguió su primer título, con ocho victorias contra siete de Prost. La era de los turbo terminó con tres autos turbo en los tres primeros lugares del campeonato.

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Foto: smugmug.com

1987: Williams-Honda de Nigel Mansell.

En 1989 comenzó todo casi desde cero. Al prohibirse los motores turbo las grandes fábricas se quedaron e hicieron aspirados de gran nivel, pero también hubo motores, como los Ford Cosworth y los Judd, para quien quisiera poner un auto, llegando a la increíble cifra de 39 participantes. Fueron tantos, que hubo que hacer una preclasificación el viernes a primera hora, donde nueve autos quedaban eliminados para todo el fin de semana.

Ese año McLaren-Honda siguió dominando con Senna y Prost, pero ahora fueron acosados por las Ferrari de Mansell y Gerhard Berger, los Williams-Renault de Riccardo Patrese y Thierry Boutsen, y el Benetton-Ford de Alessandro Nannini. Fue un año muy competitivo, con muchas sorpresas y cambios de escena; probablemente una de las mejores temporadas de la Fórmula 1 en su historia. Y el título se decidió con un choque, aparentemente a propósito, de Prost a Senna faltando cuatro vueltas para el final en Japón. Prost no fue sancionado y consiguió su tercer título mundial, pero su relación con Senna y el resto del equipo no daba para más y se fue a Ferrari para 1990.

Televisión, espectáculo, universalidad: esos tres factores fueron claves en el éxito de los años ’80, para muchos la mejor década en la historia de la Fórmula 1.

Aquí tenemos un clásico de la época: Alain Prost vs Ayrton Senna en Japón 1989. Si ambos abandonaban, Prost era campeón. Da la impresión que Alain frena algo antes de lo que debía, ¿no? De todas maneras Senna ganó esa carrera pero fue descalificado por recibir ayuda tras la colisión, asegurando el título de Prost.

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