Nigel Mansell, increíble caso del campeón en F1 y IndyCars

También podríamos llamarla “la mejor actuación de un Fórmula 1 fuera de la Fórmula 1”. La temporada 1993 de Nigel Mansell en IndyCars fue probablemente la mejor en su carrera. Vale la pena conocerla.

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Nigel Mansell terminó 1992 con emociones muy encontradas. Había conseguido su primer Campeonato Mundial de Fórmula 1 con su Williams-Renault, imponiendo un poderío fulminante, con récord de victorias incluido. Pero tenía problemas para seguir en su equipo: Frank Williams había contratado a Alain Prost para 1993, y Mansell había quedado muy disgustado con la velada preeminencia que Ferrari le dio al francés cuando compartieron equipo en 1990. Ante esa situación, y probablemente alguna causa más, Nigel decidió aceptar la oferta de Newman-Haas (el equipo del actor Paul Newman) y emigrar a Estados Unidos para correr en IndyCars.

Fue como un shock atómico; nunca había pasado que el campeón mundial de Fórmula 1 abandonara la categoría para ir a correr en otra, de alta importancia mediática y dificultad técnica, pero considerada menor a la Fórmula 1, especialmente desde el punto de vista tecnológico. De partida, los autos Indy no eran fabricados por cada equipo, sino comprados a distintos proveedores, al igual que los motores, y a precios bastante inferiores. En el caso de Newman-Haas, Nigel correría un Lola-Cosworth, auto robusto y eficiente. Tras las primeras pruebas para conocer el auto, el inglés y su equipo se mostraban optimistas ante el inicio del calendario.

Nigel Mansell

Foto: Agencias

Nigel Mansell arriba de su auto de la F1.

Un campeonato de leyenda

Mansell debutó, en el circuito callejero de Surfers’ Paradise en Australia, como lo hacen los campeones: pole position, récord de vuelta y victoria, demostrando la capacidad de un campeón vigente de Fórmula 1. Se golpeó fuerte en Phoenix, pero volvió a la carrera siguiente, en Long Beach. En la cuarta fecha, las 500 Millas de Indianápolis (prueba de fuego para Mansell, por la supuesta dificultad de los óvalos para los pilotos no habituados) el inglés luchó por la punta de la carrera con el brasileño Emerson Fittipaldi, llegando en un buen tercer lugar final.

La primera victoria en un óvalo de Mansell fue en Milwaukee, en la quinta fecha, mostrando que él sí podía ganar en óvalos. De hecho, sus otras tres victorias de la temporada también fueron en ese tipo de circuito: el ultraveloz de Michigan y los óvalos cortos de Loudon y Nazareth, rompiendo el mito de que para andar bien en los óvalos norteamericanos se requería una larga adaptación. Claro, quizás los pilotos corrientes la requerían; una figura del calibre de Mansell no necesitaba nada de eso. Ese año, además, hizo la pole en Detroit, Portland y Mid-Ohio, en una notable campaña personal.

Al final Nigel ganó el campeonato, con cinco victorias y 191 puntos. Lo siguió Fittipaldi, con tres victorias y 183 puntos, y el irregular Paul Tracy, con cinco victorias, pero sólo 157 puntos. Mansell se convirtió por breve tiempo en el campeón mundial vigente de la Fórmula 1 (1992) y de los IndyCars (1993), un logro inédito y que hoy parece realmente imposible de ocurrir; sería como si Sebastian Vettel o Fernando Alonso dejaran la Fórmula 1 para correr en otro campeonato, o como si –en el mundo del fútbol- alguien como Zinedine Zidane hubiera dejado el Real Madrid para ir a jugar a Sao Paulo o Flamengo.

Nigel Mansell.

Foto: Agencias

Un epílogo de sabor agrio

Obviamente, todos esperaban nuevos éxitos en 1994 para la exitosa dupla Mansell/Newman-Haas, pero estos nunca llegaron. El Lola-Cosworth ’94 no era tan buen auto, y resultó bastante inferior al Penske-Ilmor del equipo oficial Penske: Al Unser Jr. ganó el título, Fittipaldi fue segundo y Tracy tercero, ganando entre ellos 13 de las 16 carreras. Nigel sólo consiguió dos segundos lugares, en Long Beach y Cleveland, y terminó octavo con 88 puntos, a gran distancia de los 225 puntos de Unser.

Nigel Mansell

Foto: Getty

Piloto de la F1 que experimentó en la IndyCars.

Por otra parte, la Fórmula 1 lo quería de regreso. En medio del campeonato de IndyCars, Mansell volvió a Williams para correr el auto que había dejado vacante la muerte de Ayrton Senna, pero sólo fue una vez, en Francia. Una vez terminada la temporada ‘94 de IndyCars Nigel se alejó de Estados Unidos y volvió a Williams para correr las tres últimas carreras de Fórmula 1 del año, ganando en la fecha final, en Australia. Fue su última victoria.

Williams tenía una opción para los servicios de Mansell en 1995, que no quiso tomar, para sorpresa del inglés: Williams optó por un joven David Coulthard. Los sponsors de McLaren le exigieron a su dueño, Ron Dennis, un campeón del mundo, y con Schumacher en Benetton sólo quedaba Nigel libre. La alianza Dennis-Mansell fue un desastre: ambos no tenían ninguna química, y el McLaren MP4/10 era un auto difícil de manejar. Mansell, ya con casi 42 años, simplemente no cupo en el auto y tuvo que esperar dos carreras a que le agrandaran el cockpit. Una vez que pudo entrar al auto, corrió en San Marino y España con pobres resultados y simplemente se aburrió, dijo que a estas alturas de su carrera no estaba para correr en autos poco competitivos y anunció su retiro definitivo de la Fórmula 1.

Fue un final poco elegante, apto para un piloto fantástico aunque poco elegante también; durante sus tiempos de piloto era famoso por cierta tendencia al kitsch que no parecía propia de semejante talento.

Aquí hay un video simplemente hermoso: Es un recuento de la carrera de Nazareth 1993, cuando se coronó campeón de IndyCars. (El auto de Mansell es blanco con un 5 de color rojo.)

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