Phil Hill: el campeón pionero de Fórmula 1 que logró vencer al miedo

Phil Hill, el primer estadounidense en ser campeón mundial (1961), tenía una personalidad retraída y vivía en constante preocupación por su seguridad.

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Hill fue uno de los campeones de F-1 con menos curriculum en la máxima categoría. Ganó solo tres carreras, dos de ellas en el año de su coronación, y una vez que salió campeón no volvió a tener actuaciones siquiera dignas en la F-1. Pero tuvo muchos éxitos en otras categorías y se retiró feliz y sin remordimientos, algo que suele no ser frecuente en un piloto.

phil-hill-1Nació en Miami en 1927, pero creció en Santa Mónica, California, en el seno de una familia acomodada de la época. Era un niño inseguro y con pocas habilidades sociales para relacionarse con sus pares, pero descubrió la pasión de su vida a los 12 años, cuando una tía le regaló un antiguo Ford T, el que armó y desarmó varias veces para entender como funcionaba. El chofer de su tía, justamente, le enseñó a manejar.

Dejó la universidad tras un par de años y trabajó como mecánico, relacionándose con distintos pilotos que le metieron el bichito de la velocidad, debutando en 1947 con un MG propio. En 1951 sus padres fallecieron y con la herencia que recibió se compró una Ferrari deportiva, con la que participó en distintas carreras. Hill era un piloto curioso; generalmente ganaba, pero vivía con la sensación permanente que le podía pasar algo al volante de un auto. Incluso en un momento tuvo una úlcera estomacal que lo obligó a dejar de correr por diez meses y tener que tomar tranquilizantes durante varios años. Al cabo de pocos años, sin embargo, se había convertido en el mejor piloto de autos sport de Estados Unidos.

Esto le valió una invitación de Enzo Ferrari para correr en Le Mans con la legendaria marca italiana. Con ellos, Hill ganó las famosas 24 Horas en 1958, 1961 y 1962, y también ganó las 12 horas de Sebring en 1958, 1959 y 1961.

Las dudas

Ferrari no estaba seguro de integrarlo a su equipo de F-1, pero finalmente cedió y Hill tuvo actuaciones interesantes durante 1959 y 1960. Ganó su primer Grand Prix justamente en 1960, en el circuito de Monza. En 1961 las Ferrari eran las máquinas a vencer, y Phil se encontró luchando por el título con su compañero, el alemán Wolfgang von Trips.

Von Trips, carismático y veloz, era el favorito para ganar el título pero en Monza tuvo un fatídico accidente, donde murió él y doce espectadores. Hill ganó esa carrera y, gracias a un triunfo previo en Bélgica, se convirtió en inalcanzable para el tercero, su compatriota Richie Ginther.

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Más que felicidad, Hill sintió un shock muy fuerte al final de la carrera, por la muerte de Von Trips y el público. No hubo mayor celebración, y su carácter taciturno y reservado le impidió sentir mayor alegría por su consagración. Antes de cada carrera siempre se paseaba nervioso por la grilla, ya sea fumando o mascando goma de mascar, y solo lograba relajarse dentro del auto.

1962 fue un año de pocos logros para Ferrari, y Hill se marchó. Tuvo un paso desastroso por el equipo italiano ATS (sin relación con el equipo alemán del mismo nombre) y otro por los ingleses de Cooper (que ya no era la fuerza que había sido). Hill se retiró de la F-1 en 1964 pero siguió corriendo en autos sport con cierto éxito hasta que. en enero de 1968, se dio cuenta de que no había renovado su licencia de conducción internacional.

Se miró al espejo, dijo que ya estaba bueno, y dejó de correr para siempre. Se casó a los 44 años, tuvo dos hijos, puso una concesionaria de marcas de lujo y vivió lleno de tranquilidad y felicidad hasta 2008, cuando el Parkinson finalmente logró vencerlo a los 81 años.

Phil Hill es, posiblemente, el piloto menos exitoso que haya sido alguna vez campeón de F-1. Pero es, probablemente, el único campeón del mundo que fue mucho más feliz fuera de las pistas que dentro de ellas.

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