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A 12 años del “silencio atroz”: Uno de los mayores papelones en la historia de River Plate

River y San Lorenzo se enfrentaron en octavos de final de la Copa Libertadores 2008, en un duelo épico que tuvo consecuencias inconmensurables.

No fue una noche más. El 8 de mayo de 2008 marcaría un punto de inflexión tanto para River como para San Lorenzo. Mientras el “Ciclón” comenzaba a mostrar su faceta más copera, el equipo de Núñez emprendía la peor decadencia de su historia.

Ramón Díaz visitó el Monumental como DT de San Lorenzo.

Ramón Díaz visitó el Monumental como DT de San Lorenzo.

Ambos clubes se enfrentaban en el Monumental, por el duelo de vuelta de octavos de final de la Copa Libertadores. El triunfo “azulgrana” por 2-1 en la ida no modificó demasiado los pronósticos: el favoritismo estaba claramente del lado riverplatense, que contaba con jugadores como Radamel Falcao, Sebastián Abreu, Diego Buonanotte y Augusto Fernández, dirigidos nada menos que por Diego Simeone.

La esperanza de San Lorenzo se basaba en un plantel plagado de grandes promesas (Agustín Orión, Gastón Aguirre y Diego Rivero, por ejemplo), apuntado por jugadores consagrados (Andrés D’Alessandro, Andrés Silvera y Diego Placente) y dirigido desde el banco por un nombre que sabe bastante de noches coperas: Ramón Díaz.

Bergessio fue el gran héroe del "Ciclón".

Bergessio fue el gran héroe del “Ciclón”.

Predominio “millonario”

La principal preocupación de River consistía en la desventaja con la que comenzaba el encuentro. Ese fantasma, no obstante, fue espantado rápidamente gracias a un tiro libre fortuito de Matías Abelairas, a los 12 minutos.

La ventaja le dio tranquilidad al elenco de Simeone y puso nervioso a San Lorenzo, que antes del final del primer tiempo sufrió la expulsión de Rivero.

Todo se hizo cuesta arriba para el “Ciclón” de Ramón Díaz. A los 14 minutos del complemento, una infracción absurda de Jonathan Bottinelli derivó en lo que parecía el fin del sueño “azulgrana”: tarjeta roja, penal y gol de Abreu.

Simeone consuela a Buonanotte tras la eliminación.

Simeone consuela a Buonanotte tras la eliminación.

Dos goles de ventaja y 11 contra 9. El resto del compromiso parecía un mero trámite para River. Hasta que apareció Bergessio en su mejor versión.

En tres minutos, el delantero marcó por duplicado (69′ y 72′), sentenció el empate 2-2 y dejó al Monumental en llamas. Los hinchas locales, pasmados ante un triunfo que se escapaba de la manera más insólita, intentaron empujar a un equipo que no supo cómo reaccionar ante este papelón histórico.

Resumen del partido:

 

Las consecuencias

Aquella noche tuvo repercusiones en ambos lados. Aquel empate memorable fue para San Lorenzo una demostración de épica copera internacional, una deuda pendiente en su centenaria historia hasta el momento. Esa noche, el club de Boedo empezó a construir su amor propio fuera de las fronteras argentinas, el cual tendría su coronación seis años después con la obtención de su primera Libertadores.

El camino de River fue inverso. Luego de ese fracaso, aquel plantel cargó con una mochila muy pesada que terminaría por quebrarle la espalda.

Los hinchas nunca perdonaron a Ahumada.

Los hinchas nunca perdonaron a Ahumada.

El volante Oscar Ahumada se encargó de aniquilar la relación entre los jugadores y los hinchas pocos días después del encuentro. “Cuando San Lorenzo nos hizo el 2-1, el estadio enmudeció. Yo he jugado en la cancha de Boca ganando 2-0 y la gente de Boca se nos caía encima (…) Cuando se sintió ese silencio atroz, porque fue un silencio muy grande, también se sintió después en la cancha”.

Las polémicas declaraciones de Ahumada:

 

Así, con el repudio generalizado del público y un fracaso histórico a cuestas, River no tuvo respuestas futbolísticas. Ese 2008, el “Millonario” terminó en el último lugar de la tabla de posiciones del Torneo Apertura, una campaña que tres años después daría lugar a la pérdida de categoría (en el fútbol argentino, los descensos se definen por el promedio de las tres temporadas anteriores).

Por todo esto, ese 8 de mayo no fue un día más para los transandinos. Fue la noche del “silencio atroz”. La jornada de Bergessio. El nacimiento de un nuevo San Lorenzo. El partido que Ramón cacheteó a su amado River. Y, para muchos analistas deportivos, un punto de inflexión que marcó la historia moderna.

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