A dos décadas del “muletazo” de Palermo y el “caño” de Riquelme: Un Superclásico que marcó la época

Hace 20 años, Boca gozaba una noche mágica en la Bombonera frente a River, por la Copa Libertadores.

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Había un aire especial en esa noche del barrio porteño de La Boca. La magia se podía sentir, disimulada en el frío otoñal que suele golpear a la capital argentina en estas épocas del año. Se percibía que algo estaba a punto de pasar en la historia de la Copa Libertadores. Algo grande, algo que iba a marcar el destino del fútbol argentino en la siguiente década.

River estaba confiado. El triunfo 2-1 en el primer duelo de los cuartos de final había dejado bien parado al equipo de Américo Gallego, de cara al encuentro de vuelta en la Bombonera. Eran épocas en las que el “Millonario” tenía una fuerte chapa copera, acuñada en los años anteriores, mientras que Boca sólo podía disfrutar de la gloria internacional mediante antiguos VHS en blanco y negro.

Riquelme, una de las figuras de Boca, se abraza con Aimar, la gran estrella de River.

Riquelme, una de las figuras de Boca, se abraza con Aimar, la gran estrella de River.

El transcurrir del tiempo dejó en evidencia que los planteles de ambos lados no tenían nada que envidiarle a los mejores clubes europeos. Pablo Aimar, Javier Saviola, Eduardo Berizzo, Mario Yepes, Diego Placente y Roberto Bonano del lado riverplatense, mientras que en el vestuario azul y oro sobresalían Juan Román Riquelme, Guillermo Barros Schelotto, Jorge Bermúdez, Marcelo Delgado, Hugo Ibarra y Martín Palermo.

Precisamente este último volvía al banco de suplentes ese día tras una prolongada inactividad de siete meses, lo cual generaba risas por parte del cuerpo técnico rival. “De Boca no me preocupa nada. Y otra cosa: si ellos lo ponen a Palermo en el banco, yo lo pongo a Enzo“, bromeaba Gallego antes del encuentro, citando al ya retirado Francescoli. Ese 24 de mayo, no obstante, las sonrisas cambiarían de bando.

Las picantes declaraciones de Gallego antes del clásico:

El partido

River controló sin problemas el primer tiempo y comenzaba a sentirse en semifinales. El Boca de Carlos Bianchi necesitaba calmarse y, sobre todo, la aparición de sus estrellas en el máximo esplendor. Y en la etapa complementaria, los ídolos “xeneizes” dijeron presente.

A los 14 minutos, Delgado definió tras un pase preciso de Riquelme. Y cuando el duelo se dirigía a la definición por penales, el corazón de Boca latió más.

Román, de penal, marcó el 2-0. El resultado, hasta el momento, era suficiente para pasar de ronda, pero la historia tenía reservada una sorpresa más.

El memorable caño de Riquelme:

Palermo, quien había ingresado al campo cerca del final, mostraba signos claros de la inactividad. Con movimientos toscos (más de lo habitual) y poca velocidad de reacción, deambuló por el terreno de juego prácticamente sin contacto con la pelota. La clasificación del “Xeneize” estaba cada vez más cerca, pero él no quiso ser un simple testigo: estaba determinado a ser protagonista. Y lo logró.

Palermo marcó el tercer gol de Boca.

Palermo marcó el tercer gol de Boca.

A los 48 minutos, con River volcado al ataque, Palermo paró la pelota en el punto penal. Tuvo tiempo de acomodarse, ver al arquero, elegir el palo y pensar en cómo quería festejar, en tanto los defensores rivales, ya rendidos en plena batalla, sólo observaban al goleador y aguardaban el derrumbe de gritos en la Bombonera.

Boca 3 – River 0:

Las consecuencias

El “Millonario” se había armado para volver a levantar la Libertadores, pero terminó eliminado con un 0-3 humillante en la casa del eterno rival. Le costó recuperarse. Al margen de sus numerosos títulos locales a comienzos de este siglo, la Copa se convirtió en el karma para el club de Núñez, que hasta 2015 no pudo alcanzar la gloria.

Del otro lado, la aplastante victoria le infló el pecho a Boca, que se abrió camino hasta quedarse con el máximo título continental de clubes.

Boca ganó la Libertadores 2000 tras vencer a Palmeiras en la final.

Boca ganó la Libertadores 2000 tras vencer a Palmeiras en la final.

Cuando terminó ese 24 de mayo, la rueda de la fortuna había girado 180 grados. Ahora era Boca el de la chapa copera y el mejor representante argentino en el exterior, abriendo así su década más ganadora en el plano internacional.

Fue una noche mágica en la Bombonera, de esas que quedan escritas en la historia grande del fútbol.

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