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Guerra de “botineras”: ¿Es sacrificio o privilegio casarse con jugadores de fútbol?

Las botineras levantan temperatura en los medios y contrastan sobre el rol que cumplen detrás de los futbolistas.

Para el aficionado al fútbol, los jugadores fueron tocados por una varita mágica, porque “desde chiquitos supieron que se dedicarían a correr y pegarle a una pelota y que, “solo por eso”, les pagarían mucho dinero”. Piensan que, en contraposición a lo que les sucede a los taxistas, albañiles o recolectores de basura, por citar otros dignos oficios aunque no del todo bien rentados, llevan una vida en la que no se les presenta ningún tipo de problema ni sufren momentos desagradables.

Encima, en la gran mayoría de los casos, representan la envidia de todo fanático, conociendo bellas mujeres atraídas por ese dinero. Las famosas “botineras”, siempre bien predispuestas a acompañarlos para vivir, al menos desde el punto de vista financiero, en la más absoluta tranquilidad.

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Podría decirse que como devolución a tantos beneficios, se ven obligados a viajar, entrenar, concentrar y jugar, especialmente cuando deben disputar copas internacionales, dejando a su familia en casa. ¿Poco, normal, mucho? Es lo que les tocó por elegir ese estilo de vida.

Y en un improvisado “ring” mediático, se encendió una suerte de intercambio de opiniones entre las involucradas, quienes expresaron su visión sobre si convivir con un futbolista representa un privilegio o un sacrificio.

Por un lado, la defensa del rol de la “botinera” a ciertas críticas despiadadas por el escaso trabajo que, se supone, deben cumplir. Por el otro, la creencia de que, efectivamente, las desventajas de estar con un jugador son muy pocas.

Cecilia Bonelli, la mujer de Darío Cvitanich, exdelantero del Niza francés y actualmente en el Miami FC de la Northern American Soccer League, arremetió contra quienes piensan que tienen la vida arreglada o servida en bandeja.

La exconductora de Fox Sports dejó su trabajo en Argentina para seguir a su hombre por Holanda -se desempeñó en el Ajax-, luego regresó al país para acompañar a Cvitanich durante su estadía en Boca Juniors, y posteriormente siguió su itinerario en Francia, México y los Estados Unidos.

“Yo dejé todo por mi marido en mi mejor momento”, dijo, y agregó que “el trabajo de madre cansa más que cualquier otro”, por Lupe y Carmela, sus hijas. Además, precisó que “mi vida es vivir arriba de un avión, fines de semana sin tu marido, sola con los hijos, cambiar de casa, de colegio… no hay nada más lindo que volver a tu casa, a tu cama, y hace 5 años que vengo cambiando todo”.

“A veces paro la pelota, miro y digo: “Quiero volver a ser soltera, tener 21 años, no tener horarios”. Incluso, tantos cambios en los destinos vuelve complejo ambientar el hogar: “Cada vez que nos mudamos, cambiamos los muebles. Al principio me interesaba decorar mi casa. Ahora, con tanta mudanza, ya me agoto”.

En la vereda opuesta

Carolina Molinari, esposa de Mariano Pavone, delantero de Vélez, no coincide con esta visión, y concuerda con quienes creen que disfrutan más de lo que sufren: “Si fuera un sacrificio, no estaría con él”.

Por otro lado, señaló: “¿Qué le queda a la señora que está en la casa, que tiene un marido que se levanta a las 5 de la madrugada, que lo tiene que esperar, que llega cansado y quizá no llega a fin de mes?”

“La mujer tiene privilegios también. Te podés ir de vacaciones donde querés, podés comprarte en ciertos casos el auto que querés. No lo veo como un flagelo o un sacrificio”, dijo.

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