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Jugador uruguayo vivió calvario en Argentina: Atado a una silla por delincuentes de 13 y 15 años

Diego Morales Zabala, mediocampista de Vélez Sarsfield, relató con crudeza el momento en el que dos niños ingresaron a la Villa Olímpica y lo asaltaron.

El cambio que propusieron las urnas en diciembre último a nivel político aun no se ve reflejado en la vida cotidiana en la Argentina. A la escalada de precios y los aumentos indiscriminados de tarifas, se le suman hechos de inseguridad a los que el gobierno de Mauricio Macri deberá atender con suma urgencia.

Y el fútbol, por supuesto, no está ajeno a esta realidad. Diego Morales Zabala, mediocampista uruguayo que en el último mercado de pases llegó a Vélez Sarsfield proveniente de Racing Club de su país, sufrió la delincuencia en carne propia: fue atado, golpeado con un revólver y amenazado por niños de entre 13 y 15 años, en un episodio que duró 40 minutos pero para el volante de 24 años significó una eternidad.

lgdeportiva.lagaceta.com.ar

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El propio jugador narró en díalogo con el programa ESPN FC Radio el delicado momento por el que atravesó: “Era de madrugada y me desperté porque prendieron la luz donde yo estaba durmiendo. Pensé que era alguien de limpieza y que era más tarde porque cuando se prende la luz y abren la puerta veo una sombra. De repente entraron tres personas y no pensé mal, porque eran muy chicos. Supuse que eran chicos de (divisiones) inferiores, hasta que uno sacó un revólver”.

Ese movimiento fue el que hizo pensar a Morales Zabala, quien desde que se sumó al conjunto de Liniers disputó dos partidos, que no todo estaba bien: “Ahí me asusté un poco y empezaron a pedirme plata”.

El futbolista uruguayo, instalado en forma temporal en la pensión de la institución porque aun no consiguió vivienda, afirmó con incredulidad que los delincuentes desconocían que habían ingresado a la pensión de Vélez porque mencionaron “lo linda que estaba la casa”.

Además, precisó que “revolvieron las habitaciones y me ataron con cordones de zapatillas. Les dije que se quedaran tranquilos porque yo no iba a hacer nada. Eran muy chicos y no quería reaccionar porque no sabía lo que podían llegar a hacer”. Pese al pedido de tranquilidad, “el que estaba con el revólver me golpeó suave y me dijo que me quedara quieto porque me iba a poner un tiro”.

El robo fue evitado por los encargados de custodiar la Villa Olímpica: “Escuché dos disparos que fueron de los de seguridad. Después vino uno y me preguntó si estaba bien y me desató. Yo calculo que desde que entraron y vino el de seguridad pasaron unos 40 minutos. Se me hizo eterna la situación”.

Los jóvenes delincuentes no concretaron el ilícito, pero al escuchar los disparos corrieron y lograron escapar.

 

 

 

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