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¿Cómo saber si somos adictos al sexo?

Muchos hombres padecen esta enfermedad que se traduce en un irrefrenable búsqueda de sexo frecuente, casual y de alto riesgo.

Guía de: Hombres

La mejor excusa que existe para justificar una infidelidad es declararse adicto al sexo, pero más allá de esa justificación que raya más en una actitud compulsiva y un deseo irrefrenable, la adicción es una enfermedad que día a día ataca a más hombres.

La mayoría tenemos impulsos sexuales, obviamente algunos en mayor a menor grado, pero esa actividad se torna preocupante cuando no logramos inhibirlos o controlarlos, transformándose en un acto peligroso.

Adicción al Sexo

Foto: SaludYMedicina

Si bien la conducta de un adicto sexual está involucrada con la pérdida de control, los niveles de consumo de pornografía o la frecuencia con la que recurre a las profesionales del sexo para saciar sus necesidades, algunos expertos sexólogos la califican como “una forma de escape, por una baja autoestima, o por sentimientos de enojo e inseguridad”.

Ya sea una adicción o tan sólo una conducta compulsiva, la realidad es que el sexo no debería ser una obsesión, pero al igual que sucede con otras adicciones como las drogas, el cigarro o el alcohol, acarrea muchos problemas y sufrimiento al no poder conseguir un equilibrio y relaciones sexuales satisfactorias con una pareja estable.

Un diagnóstico

La principal forma de descubrir a un adicto sexual pasa primeramente por un diagnóstico y evaluación profesional, no obstante, se puede detectar a un adicto por su comportamiento social y la forma de enfrentar el tema sexual en la vida diaria.

Mentiras: un adicto al sexo utiliza frecuentemente mentiras para conseguir lo que busca, sin importar las consecuencias o la veracidad de sus palabras.

Dedicación absoluta: El adicto sexual está siempre preocupado y gasta muchas horas del día en conquistar a alguien, utilizando todos los recursos disponibles para lograr su propósito de satisfacción.

Oídos sordos: Por lo general un adicto al sexo no mide consecuencias y hace oídos sordos ante cualquier amenaza, no dando pie atrás especialmente cuando se enfrenta a un posibilidad de divorcio, el despido del trabajo, el arresto e, incluso, la muerte.

Pornografía: Los altos niveles de consumo de pornografía, en todas sus vertientes y corrientes cinematográficas, es una realidad que va ligada al adicto al sexo.

Indomable: Un adicto al sexo no conoce el autocontrol. Por más que las experiencias y los límites sean claros, un enfermo pierde el control y sobrepasa cualquier frontera.

No muy placentero: Por lo general, lejos de sentir placer y relajo, los adictos al sexo suelen sentir vergüenza, arrepentimiento, remordimiento y ansiedad después del acto.

Tobogán emocional: Una de las características bien marcadas de un adicto al sexo es el vaivén de emociones a la que se enfrenta después de un acto sexual, pasando de la euforia al bajón en pocos minutos, siendo la única solución posible otro encuentro sexual y así sucesivamente.

Pese a que este tipo de conductas que puede desencadenar serios problemas a un adicto, existen especialistas dispuestos a ayudarles, encontrando las razones que desencadenan esa dependencia y enseñando técnicas de control sobre las conductas sexuales mediante psicoterapia o fármacos como los inhibidores sexuales.

Lo importante es tener claro que como toda adicción, en este caso la sexual, es una enfermedad por lo que hay que recurrir a un profesional calificado para recibir el tratamiento indicado antes que sea demasiado tarde para una terapia.

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