A esta madre chilena le dijeron que su hijo no viviría: “Él es nuestro gran milagro”

Hoy, Paula Garrido vive feliz con su hijo Cristóbal de 2 años.

Guía de: Inclusión

Para muchos, la espera de un hijo es un instante de ilusiones, de expectativas y alegrías. Pero para Paula Garrido Parra (34) y Carlos Cea Soto (35), la angustia, la desesperanza y desesperación fueron sensaciones que los afectaron durante el embarazo de su primer hijo, de Cristóbal.

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Ella, profesora de matemática; él, empresario. Ambos tuvieron que enfrentar un diagnóstico lapidario a las 13 semanas de gestación. “Cristóbal tenía un líquido en la columna debido a una hidrops fetal y sólo se podía inferir que respondía a una anomalía cromosómica. Las palabras del médico fueron que si el líquido aumentaba tendría un aborto espontáneo o bien, se absorbía, y el embarazo seguiría su curso. Nos habló incluso del aborto terapéutico y si queríamos eso, que viajáramos a Uruguay. Sentí que el mundo se derrumbó. Decidí ser madre después de los 30 años y mi sueño se venía abajo. Tenía rabia, pena, frustración, dolor. Ambos salimos llorando y no hablamos nada, solo nos abrazamos en silencio. Lo que vino después fue cada vez más desesperanzador”, relata Paula Garrido a Guioteca.

- Qué pasó luego?

Recurrimos a varios especialistas buscando respuestas y cada vez daban más diagnósticos complejos de mi bebé. Nos hablaron de cardiopatía, atresia duodenal, clanodactilia, microcefalia, etc. sumado a que por la atresia duodenal tuve polihidramnios (exceso de líquido amniótico). Lejos de ser una alegría ir a las ecografías y ver cómo crecía nuestro hijo, se volvieron una angustia, pensando qué nos dirían ahora. Finalmente, en la semana 23 el perinatólogo me dijo que tenía que estar preparada para todo. Ya no seguiríamos buscando más diagnósticos, nos enfocaríamos en que el embarazo llegara a término para que Cristóbal naciera con el peso necesario para ser operado de urgencia.

- ¿Cómo sobrellevaron el tema emocional?

Emocionalmente fue terrible. Cada día buscaba refugiarme en algo, leía, pensaba cómo ayudaba a mi hijo, cómo lo sanaba. Hasta que Dios me habló. Soy una persona muy creyente, pero desde entonces creo más aún en él. Decidí abandonarme en Dios y entregarle a mi hijo. Le pedí que si venía con muchos problemas se lo llevara, que no sería vida para él ni para nosotros. Pero si lo quería dejar, entonces que fuese un niño sano. Fue la decisión más importante que tomé en mi vida y no me arrepiento. Mi hijo es un milagro. Aunque la tristeza, la incertidumbre, la angustia, eran pan de cada día. Recuerdo perfectamente haber pensado el día del baby shower qué iba a hacer con todos esos regalos si mi hijo no nacía. Trataba de mantenerme entera, contenta, tranquila, pero ante estas situaciones la procesión se lleva por dentro. Lamentablemente fue un difícil proceso y quizás se lo transmití a él.

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-Y Cristóbal, nació…

Yo me enteré de que tenía Síndrome de Down en pleno parto. Sabía que venía con una anomalía cromosómica, pero no quise saber cuál por terror a que fuera una trisomia no compatible con la vida. Saber que era la Trisomia 21 fue la mejor noticia en ese minuto y recuerdo mis palabras dirigidas a mi pareja como si fuese ayer: “No importa no importa, solo dime que está bien”, aunque el duelo igualmente vino después.

-¿Qué significa Cristóbal para ti?

Él es mi vida entera. Siento que vino a poner emociones a mi vida de una manera increíble, haciéndome experimentar un amor único. Puede sonar súper cliché, pero de verdad, nunca antes sentí un amor así por nadie. Él es mi mejor maestro en la vida, me está enseñando a ser mamá y, al mismo tiempo, sobre su condición y la vida en general.

-¿Cómo es Cristóbal?

Hoy Cristóbal tiene 2 años 2 meses. Es un niño exquisito, un rubio atípico, y digo atípico porque ningunos de los dos padres lo somos, que llama la atención donde vaya. Es alegre, tierno cuando quiere, tranquilo, y con una personalidad definida que es una de las cosas que más amo de él. Es un niño muy inteligente, que nos sorprende día a día. Ya está dando sus primeros pasos, lo que nos tiene felices, cada logro con él es increíble. Como no tenemos la experiencia de un hijo mayor no sabemos la diferencia entre criar a un niño con o sin síndrome de Down, por lo cual la paternidad con él ha sido súper fácil. Gracias a Dios, nació sano, sin cardiopatía, sólo con páncreas anular, que fue operado al segundo día de nacido y su recuperación fue rápida y exitosa. No tiene problemas visuales ni auditivos. Solo los problemas respiratorios han sido su talón de Aquiles, pero totalmente controlados.

-¿Cómo es la vida hoy?

La vida hoy es bella. Hemos formado una linda familia y Cristóbal nos ha hecho conocer harto sobre el tema, no sólo del Síndrome de Down, sino la inclusión en general. Hoy participamos de todo lo que nos sirva para ayudar a nuestro hijo a desarrollarse en todo ámbito. Hoy tratamos de educar sobre su condición, a través de su cuenta de instagram @cristomosomita, y en cada lugar donde se dé el espacio para hacerlo. Hoy hablo con mis estudiantes de inclusión totalmente empoderada del tema y con mi entorno en general. Somos una sociedad de adultos bien prejuiciosos y eso debe cambiar, por lo cual tratamos de aportar con lo nuestro. Hemos tenido la suerte y la oportunidad de conocer gente maravillosa en este camino que nos han hecho ver que no somos los únicos, como pensamos al principio, que somos muchos y juntos somos potencia.

-¿Qué te ayudó a sobrellevar de mejor manera la situación del embarazo y de los primeros diagnósticos de tu hijo?

Siempre he buscado el equilibrio emocional. Estudié terapias naturales y eso me llevó a controlar mis emociones en gran medida. Creo que mi personalidad más bien pasiva, me ayudó a sobrellevar las complicaciones en el embarazo y, por supuesto, mi fe en Dios. Al abandonarme en él, me sentía contenida. Creo que la oración me ayudaba, me calmaba, apaciguaba mis temores y dolores. El acercarme a Dios fue mi gran contención, junto al apoyo de mi familia, pareja y amigos. Es un conjunto de factores los que son necesarios para sobrellevar una situación de esta magnitud.

-¿Qué le podrías decir a los papás que están pasando por un momento difícil en cuanto a alguna enfermedad de un hijo o de que tenga alguna condición?

Quiero transmitir a través de mi mensaje que en la vida todo es posible. Usaré una frase bien repetitiva, pero esto es una montaña rusa de emociones y eso nos hace sentir que estamos vivos. La enfermedad de un hijo claramente te paraliza, te atormenta, te angustia, pero también saca lo mejor de ti. Tu entrega es total, independiente del resultado, como padres damos todo por él y eso nos pone felices. La condición de un hijo, te hace cambiar tu mirada del mundo. Te hace ver la vida desde la otra vereda y empiezas a cuestionar lo que muchas veces hiciste o no hiciste antes. Te hace empoderarte y querer mover montañas de prejuicios, te hace sacar tu garra enfrentando y defendiendo lo que los que no lo viven no lo entienden. Te hace ser más amable y más humano, más solidario y más cercano, te hace ser tu mejor versión.

-¿Cómo te imaginas a Cristóbal en 20 años más?

En 20 años más, veo a mi hijo siendo feliz, haciendo lo que a él le guste. Desarrollándose en el área que más le llame la atención, ya sea un trabajo, estudiando, haciendo y destacando en algún deporte. Lo veo independiente, libre, incluido en una sociedad que lo integra y lo respeta. Con deberes y derechos. Lo veo rodeado de amigos y familiares, lo veo incluso con una pareja. Lo veo cumpliendo sus propias expectativas, no las nuestras, ya que decidimos no cargarlo con nuestros sueños y frustraciones, decidimos hacer a nuestro hijo simplemente feliz.

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