Día de la Madre: Cuatro mujeres revelan el momento más emocionante y feliz junto a sus hijos con síndrome de Down

Guioteca conversó con cuatro mamás que reconocen en sus retoños una fuente de felicidad y emociones indescriptibles.

Guía de: Inclusión

Ser madres conlleva una serie de esfuerzos, dedicación, lágrimas, horas sin dormir, cansancio, preocupaciones, etc. Es el momento, en que muchas mujeres viven un cambio de vida que las estremece. Pero también llegan los desafíos, las metas, la generosidad, los sueños, las fuerzas, las risas, las emociones.

Sentimientos y emociones que se multiplican cuando emanan de aquellos pequeños que tienen una condición como el síndrome de Down. Sí, porque ser madre de un niño o niña con esta condición genética es un desafío y apuesta día a día.

Guioteca conversó con cuatro mamás de niños con síndrome de Down. Ellas se derrumbaron, lloraron y se llenaron de miedos en el momento de que sus tan esperados bebés nacieron, pero hoy reconocen en sus retoños una fuente inagotable de felicidad, orgullo y emociones que son, muchas veces, indescriptibles.

Elisa Aguilera y Cristóbal, de 6 años: “Cuando nació Cristóbal, en la clínica no tenían certeza del diagnóstico. Recuerdo que algunos doctores me decían que podía tener síndrome de Down, algunos de ellos, lo decían, incluso en un tono brusco. Tuve que esperar el resultado del Cariograma, ya que Cristóbal no cumplía con él examen físico para dar por certera su condición. Fueron 45 días de incertidumbre, hasta que estuvo el resultado. Lloré todo. Me acuerdo que cuando estaba esperando a Cristóbal, le pedía a Dios que fuera hombre y llegara sano, y fue así. ¿Un momento de felicidad con él? Han sido varios, pero puedo mencionar cuando se sentó solo por primera para un Día de la Madre, fue a los 9 meses o cuando caminó solo a los 2 años y 2 meses, o cuando entró al colegio, o cuando está jugando, se me acerca y me dice ‘Te Amo’ con un abrazo”.

Elisa Aguilera y Cristóbal, de 6 años: “Cuando nació Cristóbal, en la clínica no tenían certeza del diagnóstico. Recuerdo que algunos doctores me decían que podía tener síndrome de Down, algunos de ellos, lo decían, incluso en un tono brusco. Tuve que esperar el resultado del Cariograma, ya que Cristóbal no cumplía con él examen físico para dar por certera su condición. Fueron 45 días de incertidumbre, hasta que estuvo el resultado. Lloré todo. Me acuerdo que cuando estaba esperando a Cristóbal, le pedía a Dios que fuera hombre y llegara sano, y fue así. ¿Un momento de felicidad con él? Han sido varios, pero puedo mencionar cuando se sentó solo por primera para un Día de la Madre, fue a los 9 meses o cuando caminó solo a los 2 años y 2 meses, o cuando entró al colegio, o cuando está jugando, se me acerca y me dice ‘Te Amo’ con un abrazo”.

Denise Torres y Dante, de 9 meses: “Fue triste. Hubo dos instancias: Una en la eco de la semana número 36. Por protocolo Covid, mi esposo no pudo estar presente. Mi ginecólogo me dice que Dante tiene su fémur más corto de lo esperado y, luego de hacer algunas preguntas indagatorias, me indica que existía una probabilidad de que mi bebé tuviese síndrome de Down. Recuerdo que en ese mismo momento, mi presión subió y cuando vi a mi esposo, me puse a llorar. La segunda instancia fue en el parto. En el momento en que nació mi hijo, sólo hubo un silencio incómodo en la sala y el doctor me dijo ‘tranquila, su corazón está bien’. Fue en ese instante que comprendí que mi hijo sí tenía síndrome de Down. ¿Las alegrías? No tengo un momento preciso, la verdad es que todo el tiempo que he pasado junto a él ha sido mágico. Dante despertó en mí una maternidad que nunca pensé poseer. Él me hace agradecer día a día la naturaleza divina de ser mujer”.

Denise Torres y Dante, de 9 meses: “Fue triste. Hubo dos instancias: Una en la eco de la semana número 36. Por protocolo Covid, mi esposo no pudo estar presente. Mi ginecólogo me dice que Dante tiene su fémur más corto de lo esperado y, luego de hacer algunas preguntas indagatorias, me indica que existía una probabilidad de que mi bebé tuviese síndrome de Down. Recuerdo que en ese mismo momento, mi presión subió y cuando vi a mi esposo, me puse a llorar. La segunda instancia fue en el parto. En el momento en que nació mi hijo, sólo hubo un silencio incómodo en la sala y el doctor me dijo ‘tranquila, su corazón está bien’. Fue en ese instante que comprendí que mi hijo sí tenía síndrome de Down. ¿Las alegrías? No tengo un momento preciso, la verdad es que todo el tiempo que he pasado junto a él ha sido mágico. Dante despertó en mí una maternidad que nunca pensé poseer. Él me hace agradecer día a día la naturaleza divina de ser mujer”.

Sandra Maturana y Monserrat de 9 años: “Para mí, fue un día que nunca olvidaré. Creí que era un sueño, la rabia, el dolor y la desesperación de cómo fueron duros conmigo al momento en que me dijeron que mi niña tenía síndrome de Down. No hay nada peor que tener que llorar todos los días por no entender por qué había llegado a mí y, peor aún la ignorancia de no saber de los niños con esta condición. Cada vez que me preguntaban por mi hija era contar nuevamente todo, una y otra vez, llorar y llorar. Así fueron los primeros 6 meses de su vida. Hasta que un día reaccioné y desperté. Dije: ‘basta, mi hija está bien y debo luchar por ella y si llego a mí es porque soy una madre muy bendecida de tenerla a mi lado, ella me ha enseñado mucho en esta aventura con altos y bajos, pero su felicidad y escucharla reír vale la pena todo este maravilloso regalo que llegó a mi vida!”. ¿La mayor felicidad? Son tantos los momentos que ella me ha regalado de felicidad, pero si tuviera que decirlo diría dos: Cuando dio sus primeros pasos, fue un día que nunca voy a olvidar, su carita. Y el otro, fue el año pasado cuando subió a un escenario a bailar Ballet junto a sus compañeras y profesora, fue una emoción tan grande verla ahí bailando tan feliz, compartiendo con sus compañeras, inolvidables".

Sandra Maturana y Monserrat de 9 años: “Para mí, fue un día que nunca olvidaré. Creí que era un sueño, la rabia, el dolor y la desesperación de cómo fueron duros conmigo al momento en que me dijeron que mi niña tenía síndrome de Down. No hay nada peor que tener que llorar todos los días por no entender por qué había llegado a mí y, peor aún la ignorancia de no saber de los niños con esta condición. Cada vez que me preguntaban por mi hija era contar nuevamente todo, una y otra vez, llorar y llorar. Así fueron los primeros 6 meses de su vida. Hasta que un día reaccioné y desperté. Dije: ‘basta, mi hija está bien y debo luchar por ella y si llego a mí es porque soy una madre muy bendecida de tenerla a mi lado, ella me ha enseñado mucho en esta aventura con altos y bajos, pero su felicidad y escucharla reír vale la pena todo este maravilloso regalo que llegó a mi vida!”. ¿La mayor felicidad? Son tantos los momentos que ella me ha regalado de felicidad, pero si tuviera que decirlo diría dos: Cuando dio sus primeros pasos, fue un día que nunca voy a olvidar, su carita. Y el otro, fue el año pasado cuando subió a un escenario a bailar Ballet junto a sus compañeras y profesora, fue una emoción tan grande verla ahí bailando tan feliz, compartiendo con sus compañeras, inolvidables”.

Cynthia Neira y Constanza, de 9 años: “Fue un terremoto grado 10. Cony llegó después de muchos años y con tratamiento de infertilidad. Fue en un control de las 25 semanas, un 14 de febrero, cuando el ginecólogo se pone hacer la eco y, de un momento a otro, siento un silencio, el mismo que sentí después en el parto. Fue tremendo. El doctor me dice que posiblemente venía con un problema al corazón, al riñón y no veía tabique nasal, aunque no me confirmo al 100% para mí fue obvio, yo sabía algo del síndrome de Down porque mi mejor amiga tiene una sobrina con esa condición. Recuerdo salir de la consulta con mis piernas débiles y caminar en cámara lenta sin entender nada, recuerdo llorar todo el camino y decir: ‘¿qué voy hacer?’ y aquí estoy hoy, enamorada de mi hija y caminando juntas de la mano. ¿Una felicidad? Hay varios momentos mágicos siempre te regalan momentos emotivos. Uno de ellos fue cuando caminó y dio sus primeros pasos en el parque Inés de Suárez, a los 2 años y medio, fue maravilloso ese día pensé que nunca llegaría. El otro, cuando hasta hoy, me dice “mami mami”, me vuelve loca de amor, es su demostración más pura hacia mí. Disfruto cada logro, cada momento junto a ella, me hace disfrutar la maternidad desde el día que nació, porque cada momento junto a Cony lo disfruto al 100% y lo valoro al máximo”.

Cynthia Neira y Constanza, de 9 años: “Fue un terremoto grado 10. Cony llegó después de muchos años y con tratamiento de infertilidad. Fue en un control de las 25 semanas, un 14 de febrero, cuando el ginecólogo se pone hacer la eco y, de un momento a otro, siento un silencio, el mismo que sentí después en el parto. Fue tremendo. El doctor me dice que posiblemente venía con un problema al corazón, al riñón y no veía tabique nasal, aunque no me confirmo al 100% para mí fue obvio, yo sabía algo del síndrome de Down porque mi mejor amiga tiene una sobrina con esa condición. Recuerdo salir de la consulta con mis piernas débiles y caminar en cámara lenta sin entender nada, recuerdo llorar todo el camino y decir: ‘¿qué voy hacer?’ y aquí estoy hoy, enamorada de mi hija y caminando juntas de la mano. ¿Una felicidad? Hay varios momentos mágicos siempre te regalan momentos emotivos. Uno de ellos fue cuando caminó y dio sus primeros pasos en el parque Inés de Suárez, a los 2 años y medio, fue maravilloso ese día pensé que nunca llegaría. El otro, cuando hasta hoy, me dice “mami mami”, me vuelve loca de amor, es su demostración más pura hacia mí. Disfruto cada logro, cada momento junto a ella, me hace disfrutar la maternidad desde el día que nació, porque cada momento junto a Cony lo disfruto al 100% y lo valoro al máximo”.

Más sobre Inclusión

Comentarios Deja tu comentario ↓
Ver Comentarios