Inspiradora historia de la profesora que capacita a ciegos como masoterapeutas

En el Colegio de Ciegos Santa Lucía, Eliana Fuentes prepara hace 14 años a alumnos con esta discapacidad.

Guía de: Inclusión

Eliana Fuentes tiene 72 años y ha preparado a más de 100 alumnos con discapacidad visual, permitiéndoles trabajar o formar sus propios emprendimientos.

FundacionLuz

En el Colegio de Ciegos Santa Lucía, Eliana prepara hace 14 años a alumnos con esta discapacidad y los convierte en masoterapeutas de primer nivel, para que puedan desempeñarse en el mundo laboral, ya sea en empresas o a través de sus propios emprendimientos.

“Yo tengo mi propio registro. De los más de 100 alumnos que se han titulado en el colegio, un 70% de ellos está trabajando, lo que me da mucha alegría”, relató la profesora a Emol.

“La profesora Eliana empezó con esta idea de las capacitaciones en masoterapia. Estamos muy agradecidos”, comentó a este mismo medio Pamela Aquino quien junto a Sebastián Gómez y Alejandro Terrazas, organizaron un homenaje para Eliana.

Emol

Esta ejemplar docente relató a Emol cómo casi por accidente empezó a formar masoterapeutas ciegos. “Al principio me dio miedo (…) yo soy esteticista integral y cosmetóloga. También me perfeccioné en Buenos Aires, Argentina. Tuve mi propio local en el Mall Panorámico, en Providencia, donde también hacía atenciones faciales e iniciaciones en reiki, y realizaba cursos básicos de masoterapia cuando me lo pedían. Pensaba que me iba a dedicar a eso toda la vida, hasta que, por el año 2000, unas personas que conocía me invitaron a participar del proyecto de una OTEC (Organismo Técnico de Capacitación), haciendo clases de masoterapia, lo cual acepté. Pero estos ‘bandidos’ nunca me dijeron que mis alumnos iban a ser ciegos. Lo supe cuando entré a una sala del Colegio Santa Lucía y me encontré con mis primeros 30 estudiantes. Y aunque al principio me dio algo de miedo, al final del curso me enamoré de la idea”.

“Yo nunca había tratado con personas ciegas. Pero al final de esas 100 horas, la verdad es que me enamoré de esto. Era una buena manera de que la gente volviera hacer algo”, agregó.

Respecto a cómo recuerda esa primera capacitación, Eliana rememoró esa experiencia: “Yo llevaba las sabanillas que tenía. Las clases no las hicimos en camillas, si no que adaptamos camarotes y colchones. Partimos con masaje de relajación en camilla y masaje podal, algo muy simple. Pero me tocó enfrentar de todo: estudiantes que se caían o que tenían diabetes y había que tratarlos. Yo, con el reiki, les ponía las manos para que se le quitara el dolor. Los 30 terminaron el curso e hicimos un acto de finalización muy lindo, en una capilla que tenía el colegio en su anterior edificio”.

La profesora, además, relató cómo profesionalizaron el curso. “En ese tiempo mi hijo, Eduardo Cisternas, estudiaba medicina. Le dije que esto era algo bueno para que gente que ha quedado ciega pueda reinsertarse en el ámbito laboral. Así que entre ambos presentamos un proyecto. Él se enfocó en la anatomía y yo en la parte práctica. Se lo presentamos a la directora y en la Fundación Luz, lo aceptaron”, explicó.

Luego, recordó lo que vino después: “A los masajes de relajación, agregamos masaje en silla ergonómica, y fuimos cada vez profesionalizándolo más. Y nos empezaron a llamar de empresas. En el verano de 2006 fuimos al Parque Arauco donde estuvimos un mes y se dieron más de 4 mil masajes. La directora del colegio nos fue a ver trabajar y a mí me retó porque me vio metiéndoles chocolatitos a los alumnos en el bolsillo. Me decía: ‘¡Eliana!, ellos están trabajando. En otra parte no se van a preocupar si comieron o no. Deben resolverlo solos’. Y tenía razón, desgraciadamente es así en el mundo laboral”.

Esta mujer de 72 años subrayó que los cursos de masoterapia del Colegio de Ciegos Santa Lucía son muy reconocidos, “hoy se convirtió en curso de masoterapia integral, primer, segundo y tercer trimestre, y se da examen. La capacitación se hace en el colegio mientras los alumnos cursan su enseñanza media, y también postulan de todo Chile. Realmente abre oportunidades. Antes, los alumnos hacían escobas y hoy hacen masoterapia en hoteles, hospitales y lugares especializados. Me da mucha felicidad cuando pregunto si necesitan masoterapeutas para las prácticas. Me dicen: ‘Mándelos al tiro, los estamos esperando”.

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