Javier Boré tiene discapacidad visual y viajó desde EE.UU. para estudiar en una universidad en Chile: Esta es su experiencia

Una vez terminados sus estudios, el joven de 32 años ha pensado volver a EE.UU.

Guía de: Inclusión

“Falta mucho por avanzar”, dice Javier Boré del otro lado del teléfono al reflexionar sobre la cercanía de la conmemoración de un nuevo “Día de la Inclusión” (3 de diciembre). Debido a su discapacidad visual, el joven de 32 años y alumno del Diploma en Habilidades Laborales de la Universidad Andrés Bello, ha tenido que enfrentar a menudo situaciones de exclusión. Esto, en cosas tan cotidianas como querer comprar un dulce para su polola y que le entreguen una máquina de pago con pantalla táctil y sin botones o al pretender ingresar a su cuenta bancaria desde un celular. Parecieran ser situaciones mínimas, pero sin duda, invitan a pensar de manera más empática.

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Antes de entrar al programa, Javier vivía en Estados Unidos y trabajaba en uno de los locales de una gran franquicia de restaurantes estadounidenses armando cajas de pizza dos veces a la semana y estaba relativamente cómodo con eso, tenía algo de dinero y el trabajo estaba cerca de su departamento.

Pero hace tiempo sus papás le habían comentado sobre el dato que les había entregado una profesora de Boré sobre un programa universitario de formación Socio-laboral para jóvenes con necesidades educativas especiales ligadas a una discapacidad intelectual: “Mi pensamiento era que estaba contento con lo que tenía en Estados Unidos. Tenía un trabajito, un departamento y con eso estaba tranquilo. Después lo pensé y fue toda una cadena de eventos que me llevó a tomar la decisión”.

Si bien reconoce que no se imaginó venir a Chile por temas de estudios, dice que no se arrepiente. Acá logró importantes avances en temas de socialización y aprendizajes gracias al Diploma, en el que estudia para convertirse en un apoyo al área de la Educación.

Su paso por la UNAB le ha permitido vivenciar otras experiencias como, por ejemplo, con su inglés nativo fue ayudante en las clases de la carrera de Pedagogía en Inglés, participante activo de los Talleres de la Dirección General de Desarrollo Estudiantil (DGDE); también ha potenciado su pasión por la música y el canto, como también este año lo invitaron a convertirse en locutor de un programa radial inclusivo.

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Durante el periodo de pandemia ha logrado adaptarse a la distancia y seguir con las clases. “Con lo de las clases virtuales se me complicó la cosa, porque no sabía cómo usar la plataforma muy bien y tenía problemas con el micrófono, pero ahora ya está todo bien”, cuenta desde su casa en Chiguayante. Desde allí asiste a cada una de las sesiones remotas donde se reencuentra con sus compañeros y aporta con sus conocimientos, participando activamente. “Ya quiero que se termine esto, quiero salir y poder ver a mi polola también”, reclama.

Una vez terminado el ciclo, Javier ha pensado volver a encontrarse con sus padres que siguen en Norteamérica y ver cómo aplicar lo aprendido allá. Aunque todavía no hay nada dicho. Por el momento espera ansioso el retorno a las actividades presenciales que le permita iniciar su práctica laboral en el área de educación que tanto le gusta.

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