La increíble historia del chileno que llegó a la cumbre de un volcán en silla de ruedas y ahora quiere lograrlo caminando

La fuerza de Gabriel Roa es digna de mención.

Guía de: Inclusión

La espondilitis anquilosante, una forma crónica de artritis que afecta principalmente los huesos, articulaciones y columna vertebral, no fue impedimento para que el nombre de Gabriel Roa se haga conocido en el mundo.

Instagram

Tras terminar la universidad, Roa enfrentó una depresión durante dos años. Con el apoyo de sus amigos y padres encontró trabajo y fue en ese lugar donde se forjó una experiencia para muchos inolvidable y épica: Junto a sus compañeros aficionados al montañismo formaron el Proyecto Panzer, adaptaron una silla de rueda para Gabriel (le pusieron esquí) y llegarían a la cima del volcán Antuco en 2011.

El anhelo de Roa, quien dijo en un momento: “Mi sueño es ver el amanecer desde una montaña”, era una realidad.

“Tuvimos que planear durante meses cómo podrían llevarme en silla de ruedas a una cumbre, porque nunca se había hecho. No había experiencias similares en el mundo”, explicó a BBC.

“El día que partimos se podía sentir la energía positiva. Todos sabíamos que lo que estábamos haciendo iba a marcar nuestra vida. Recuerdo que pensé principalmente en mis papás. Creo que recién ahí ellos cayeron en la cuenta de que esto no era un paseo a la nieve sino un evento deportivo que implicaba un enorme desafío, que yo iba a pasar dos noches en la montaña expuesto a esas condiciones climáticas que, con mi enfermedad, no hacían buena mezcla”, comentó al mismo medio.

Una década después, el chileno de 42 años reunió al mismo grupo y el 7 de octubre comenzaron nuevamente la ascensión al volcán Antuco pero con la diferencia que tras diversos tratamientos, Gabriel hoy puede caminar, y aunque lo hace en cortas distancias y a una velocidad menor, quiere llegar a la cima a pie.

Instagram

“Ahora puedo caminar adentro de la casa y físicamente estoy mejor que hace 10 años. Trabajamos cinco meses en el diseño del prototipo que permitirá desplazarme, un sistema de paralelas. Esto no deja de ser simbólico, pues, en un proceso de rehabilitación, la progresión natural es que se pase de la silla de ruedas a unas barras paralelas. Serán cuatro días de ejercicio intenso y me han dicho que puede ser peligroso. Pero yo creo que en la ciudad hay mayores riesgos”, explicó al sitio.

“En Chile falta cultura respecto a la discapacidad. La autoridad debe implementar infraestructura y el ciudadano tiene que respetarla”, concluyó.

Más sobre Inclusión

Comentarios Deja tu comentario ↓
Ver Comentarios