Madre de menor con síndrome de Down es categórica con antiguo prejuicio: “No son niños eternos”

María Cristina Peralta, trabajadora social de 34 años, explica que la educación sexual es fundamental y no debe ser excluida.

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Sin duda que el desconocimiento lleva a caer en los prejuicios o creer en una serie de mitos en torno al síndrome de Down.

En el mes de la concientización del síndrome de Down es necesario conocer, aprender de esta condición con la que nace un niño o niña cada 700 partos, aproximadamente.

Y ¿qué mejor que hacerlo a través de una mujer que poco a poco suma experiencia y conocimiento en la crianza de Tomás, su hijo mayor que nació con síndrome de Down hace 3 años y que la motivó a formar parte de la agrupación VidaDown en Iquique.

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María Cristina Peralta, trabajadora social de 34 años, es categórica al responder sobre uno de los mitos más frecuentes: “Son angelitos”, “siempre serán niños”.

“Las personas con síndrome de Down no son ángeles ni niños eternos, tienen una condición que generalmente conlleva una discapacidad cognitiva de leve a moderado y en algunos casos severo. Comúnmente, las personas tienden a infantilizar a las personas con discapacidad cognitiva, al vislumbrar ‘inocencia’ en su actuar. Son personas como cualquier otra, y a medida que crecen, como todos, tienen las mismas necesidades que otra persona sin la condición”, dice María Cristina.

Tomás tiene una hermana, Belén, y como buen hermano mayor, trata de imponer su liderazgo. “Como todos lo niños, ambos pelean por sus juguetes, la molesta con los pies o le tira el pelo. Reclama muy enojado cuando la comida no está… Nada de angelito”, destaca esta mamá que vive en Iquique con su familia.

“Las personas con síndrome de Down, al crecer, también desean compartir en pareja, tener una relación, casarse, trabajar, etc. Buscan llevar una vida independiente. Al tratarlos como niños, aún siendo adultos, limitan sus capacidades y generan en ellos dependencia total hacia sus cuidadores”, agrega.

“De la misma manera, el ‘problema’ de una persona con discapacidad cognitiva es que los adultos o tutores al tratarlos como niños, no generan límites, ni enseñan de educación sexual, y al ir creciendo normalizan ciertas conductas que una persona sin discapacidad no debiese hacer, por ejemplo el estar constantemente abrazando, besando, o el tocarse los genitales”, subraya la tesorera de VidaDown.

María Cristina sostiene que estas “conductas” no son parte de las personas con síndrome de Down, sino que se debe a que los cuidadores no enseñan ni ponen límites respecto a dichos actos. “Por tal motivo la educación sexual es fundamental y no debe ser excluida en la enseñanza de las personas con discapacidad cognitiva y síndrome de Down”, concluye.

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