Mireya Anzieta: Su hijo con síndrome de Down y autismo la llevó a crear un proyecto de educación inclusiva

En Puerto Varas surgió una historia llena de emotividad y fuerza entre madre e hijo.

Guía de: Inclusión

Máximo fue la fuente de motivación e inspiración para que una madre de Puerto Varas reflexionara y pusiera en marcha un modelo de educación inclusiva denominado ACCEDU.

Mireya Anzieta, de 41, bióloga y educadora, reconoce que una triste experiencia que vivió su hijo de 7 años, la llevó a crear este modelo. “Hace poco más de dos años, al sufrir vejaciones y maltrato relacional en el jardín infantil al que asistía, el que por lo demás se decía inclusivo, me introduje durante semanas en una reflexión profunda respecto de lo que implica la educación inclusiva. No sólo revisé todo lo que encontré disponible sobre el tema, sino que me cuestioné si efectivamente en la práctica cotidiana estamos siendo inclusivos y si los establecimientos de educación regular en Chile están garantizando no sólo el acceso, sino además la permanencia y buen trato a los estudiantes en situación de discapacidad”, relata Mireya a Guioteca.

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“Me di cuenta que lo ocurrido con Máximo evidentemente está ocurriendo también con otros estudiantes que, aún estando dentro de la educación regular, no son realmente incluidos o que incluso están siendo silenciosamente vulnerados y no nos enteramos al no poder, en muchos casos, verbalizar lo que les ocurre. A partir de esa problemática nació ACCEDU, porque lamentablemente no se practica una genuina inclusión centrada en garantizar la participación, porque sigue predominando el aprendizaje individual-competitivo por sobre el colaborativo, y porque no existen estrategias ni protocolos que garanticen una gestión de la convivencia escolar”, agrega.

¿Cómo crees que ha sido el recibimiento de este proyecto entre padres y educadores?
“La experiencia con padres y educadores ha sido sorprendente y afortunada. Solo imagina lo que significa que un colegio abra sus puertas para que un agente externo ponga a prueba con sus estudiantes una estrategia en estas materias…sí que se necesita confianza, entusiasmo y visión, no sólo de parte de educadores y padres sino también del equipo directivo que toma la decisión de participar. El Proyecto es un prototipo de innovación social en materia educativa apoyado por Corfo, y como todo prototipo en esta fase está siendo probado sólo en 4 colegios de la Región de Los Lagos (público rural, público urbano, particular y particular subvencionado). Nuestra impresión es que los padres reconocen la importancia del aprendizaje basado en el respeto a la diversidad y también reconocen que ese aprendizaje debe ser entretenido, interactivo y colaborativo. Quizá ha sido un poquito más complejo lograr un join con los educadores, ya que nuestras intervenciones en principio parecían muy disruptivas, pero en la marcha fuimos viendo cómo se fueron vinculando y cómo fueron ellos mismos destacando los elementos que les son útiles en sus procesos de enseñanza-aprendizaje y de convivencia”.

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¿Cuál es la necesidad de especialistas en el área de la discapacidad y de condiciones como el Síndrome de Down en tu región?
“Wow, tremenda pregunta. Más que sofisticados especialistas en el área discapacidad, necesitamos que exista una articulación eficiente entre especialistas, familias y colegios. Que esa triada tan valiosa funcione es la clave para brindar los apoyos adecuados y oportunos, sin caer en el drama ni el asistencialismo”.

En lo personal, como madre, ¿cómo ha sido la experiencia de tener un hijo con Síndrome de Down?
“Como la de toda madre: siento amor por él, a veces también preocupación y miedo, aunque cuesta reconocer esto último. Tengo expectativas como toda madre con sus hijos, que sea feliz, que haga lo que le gusta, que sea un ser humano íntegro y autodeterminado. A ratos, la tarea de crianza y educación se torna agotadora, pero la mayor parte del tiempo disfrutamos y eso es lo más importante. Máximo tiene múltiples desafíos, le ha costado todo, desde los hitos motores hasta la comunicación y la socialización. Me ha tocado indagar desde dentro: ponerme a su altura, lograr un enganche, y comprender por qué hace lo que hace, qué es lo que está sintiendo, cómo ve él el mundo, etc. Ha sido un bonito ejercicio de empatía y aprendizaje constante”.

¿En qué momento te enteraste de su condición y cómo lo tomaste?
“Sus condiciones…. Máximo tiene Síndrome de Down y también tiene autismo. Supe del Síndrome de Down en el nacimiento, el embarazo fue de maravilla y ninguna de las pruebas prenatales dio luces de su condición genética. Al principio lo tomé mal, caí en shock y luego me di cuenta de cuán dañino puede ser el desconocimiento y los mitos preexistentes. Con el autismo pasó algo similar, la detección fue sólo hace un año y medio, también lloré, grité y hasta rompí mi teléfono…me dije “¡¿cómo…ahora esto?!”. Hoy río y pienso: “¿para qué habré llorado tanto?.… es genial y no pasa nada”. Ahora me lo tomo con calma y hasta con humor”.

¿Cómo ha sido el manejo familiar en época de cuarentena, por ejemplo, el trabajo en casa con las clases virtuales o teleterapia?
“Casi puro aprendizaje, situado en experiencias del día a día en casa, y también basado en el juego. Dentro del caos que implica la actual cotidianidad, hemos tratado de darle cierta estructura a cada jornada, nos apoyamos con agenda visual y otros elementos. Cumplimos participando en las clases virtuales del colegio, pero no es algo que nos quite el sueño. Teleterapia no tiene, soy temporalmente una mamá terapeuta. Estamos enfocados en prioridades: resguardarnos, asegurar nuestro bienestar emocional y físico; hacer de este período especial algo llevadero. En lo laboral, ha tocado poner en pausa varios proyectos -entre ellos ACCEDU- hasta reorganizar la realidad y retomar impulso”.

¿Cómo te ha golpeado la discriminación?
“Lo vivido por Máximo en su ex jardín fue el primer golpe de discriminación a raíz de su discapacidad. No creo que vaya a ser el último y sólo espero que en lo que venga estemos rodeados de personas empáticas y dispuestas a hacer las cosas de manera diferente”.

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¿Qué te da la fuerza para seguir adelante y más aún con un proyecto que va en ayuda de otras personas?
“Mis hijos. La infancia. El aprendizaje feliz. La vida misma. Espero que el Proyecto sea una pequeña contribución, que sume al engranaje y haga que las cosas buenas ocurran. Me apasionan las temáticas relacionadas con educación y cómo aprender mejor y aprender felices. Hoy, como nunca antes, sabemos cómo funciona el cerebro humano y la neurociencia permite comprender por qué funcionamos como funcionamos y como pasarlo mejor aprendiendo…eso me inyecta mucha fuerza”.

¿Cómo imaginas a tu hijo en unos 10 o 15 años más?
“Bello, grande y contento, con sus gustos y habilidades, aprendiendo, construyendo, con su autismo, con su trisomía, con su todo él”.

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