Perdió la audición y sus extremidades: Hoy es diseñadora gráfica y suma más de cinco mil seguidores en Instagram

Dolores Oroz no le gusta hablar de su vida como una historia de superación.

Guía de: Inclusión

Nació con manos y pies, pero a los nueve meses una infección hizo que perdiera las extremidades, lo que se sumó a la pérdida de su audición.

Sin embargo, Dolores Oroz no le gusta hablar de su vida como una historia de superación. A los 24 años, la argentina es categórica: “Soy una chica más, no quiero que me trate como a una víctima de la sociedad. No quiero que anden por ahí teniéndome lástima o pena”, comentó a Infobae.

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Es oriunda de Salazar, una pequeña localidad bonaerense, donde vive sola y trabaja. “Mis papás me llevaron a un jardín común. Nunca pensaron que estudiara en una escuela especial. No existió esa idea porque vivimos en un pueblo chico, pero más allá de eso tampoco se les ocurrió. Prefirieron llevarme al mismo jardín que a cualquier otro niño de Salazar. Sí iba a la fonoaudióloga, tenía clases particulares con ella”, contó la joven al mismo medio.

“Recién a los 10 años tuve un problema con la prótesis, porque iba creciendo y necesitaba que me quedara más cómoda. La uso en la pierna derecha. En la izquierda me faltan dedos y uso una especia de media que me permite caminar correctamente. En cuanto a los oídos, desde chiquita usé audífonos y a los 13 años me colocaron un implante coclear que me ayudó a escuchar y procesar la información. Pude mejorar el habla, la redacción, escuchar cuando alguien me llama, el ruido de los pajaritos…”, detalló la joven.

En 2014 viajó a Buenos Aires y se matriculó en la U. de Palermo para estudiar Diseño Gráfico, especializada en imagen empresarial, titulándose en 2019.

“Me gustaba el arte pero no en el aire, más bien algo que me de trabajo. Me gustaba el diseño industrial. Me decidí a estudiar diseño gráfico y tenía miedo de que no me gustara o arrepentirme, pero nada que ver. Todo lo contrario. El primer año fue horrible: Tuve que conocer gente, profesores, un ambiente diferente. Pero me adapté”, dijo.

Para su vida cotidiana no tiene problemas. “Hago casi todo, lo que más me cuesta es abrir un vino (risas). Pero intento, intento, intento y tengo mucha perseverancia. Yo no pido ayuda. Estoy viviendo sola, hago todo sola. Y si bien acá estoy con mis papás, en Capital Federal estoy sola. Me despierto todos los días con una alarma. Me baño, me peino y me encanta maquillarme. Nunca me quejo por no tener manos. Incluso voy al gimnasio, agarro pesas y me animé a nadar. A los 22 empecé en un club y hasta hoy practico natación”.

“A veces me pasa que me escriben por redes sociales y me dicen que admiran mi fortaleza. Trato de ser buena onda con todos. Me preguntan: ‘¿Cómo hacés para seguir adelante? Mirá, yo nunca hice terapia, recién a los 20 años empecé con eso. No sé qué responder, sólo les pido que se queden con la gente buena”, dijo la joven que suma casi cinco mil seguidores en su cuenta de Instagram.

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