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Europa y el momento de las reflexiones

El pasado lunes 9 de mayo se celebró, como ya es tradición en el Viejo Continente, el "Día de Europa", en el cual se recuerda el momento en el cual se sentaron las bases de la integración europea. En paralelo, la Unión Europea vive duros momentos que obligan al pensamiento.

El 9 de mayo de 1950, Robert Schuman -en aquel entonces ministro de Relaciones Exteriores de Francia- dio a conocer su propuesta para construir una Europa unificada y que fuese capaz de crecer en armonía. Poco tiempo después, el 18 de abril de 1951, se firmaría el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), con lo cual se iniciaría el proceso que derivaría en lo que hoy se conoce como Unión Europea (UE), a partir del Tratado de la Unión Europea, firmado en 1992, pero que entró en vigor en 1993.

Durante 61 años, Europa logró lo que para muchos parecía muy difícil, es decir, levantar a un continente devastado, en lo político, económico y social, tras el término de la Segunda Guerra Mundial y el inicio y fin de la Guerra Fría. Hoy, la Unión Europea cuenta con 27 miembros, pero también puede jactarse de tener buenas relaciones con estados europeos que no son parte de la UE. En pocas palabras, el Viejo Continente ha logrado unirse en torno a un concepto de integración que ha ido mucho más allá de lo meramente económico.

Sin embargo, desde hace algunos años la situación ha dado potentes señales de desgaste y, peor aún, estancamiento y retroceso. Luego de las últimas oleadas de adhesión, la Unión Europea pasó de tener 15 a 27 miembros, incluyendo países muy diversos como Francia, Rumania y Chipre, por dar algunos ejemplos. Con el ingreso de los países del este, el bloque de integración dejó de ser un grupo relativamente homogéneo, para convertirse en una entidad muy heterogénea, especialmente desde el punto de vista económico y cultural.

Unión Europea

Foto: AP

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Así fue que poco a poco fue surgiendo el problema de los gitanos, principalmente de aquellos con nacionalidad rumana, quienes comenzaron a deambular por Europa en pos de mejores oportunidades de vida. Lo mismo ocurrió con los búlgaros, aunque en menor medida.

En paralelo, el Islam consolidó en los últimos años las tendencias que se habían observado durante la década de los noventa, es decir, las tasas de crecimiento de los musulmanes europeos de origen africano o árabe  fueron superando a las de la población “típicamente europea”. La inmigración de magrebíes y turcos provocó grandes cambios en la población de Europea, al igual que la de indios y paquistaníes. Junto a eso, llegaron latinoamericanos y asiáticos, todos en busca de una mejor vida. Pero eso no fue todo, ya que durante los años sesenta y setenta se gestaron los primeros hijos europeos de inmigrantes que habían sido, en muchos casos, forzados a vivir en tierras europeas. En las décadas de 1990 y 2000 aquellas niñas y aquellos niños pasaron a ser adultos y, por el hecho de haber nacido en Europea, se convirtieron en ciudadanos europeos.

Así, entre inmigrantes y descendientes de estos mismos, la población africana y magrebí comenzó a ser un importante sector de la sociedad europea. En Francia, se estima en cerca de cinco millones la cantidad de magrebíes, siendo que en 2005 no eran más de 1.5 millones. En Italia, entre tunecinos y marroquíes suman unos 500.000, correspondientes al 1% de la población italiana, mientras que en España hay poco menos de 850.000 magrebíes, representando al 1.86% del total y al 17.37% de los inmigrantes del país.  En Alemania se estima que viven unos 5 millones de turcos.  Como dato “anecdótico”, en España son cerca de 135.000 españoles de padres marroquíes, lo cual permite tener una noción de la gran relevancia de los cambios de la sociedad europea.

Unión Europea

Foto: EFE

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A esto se deben sumar los millones de europeos negros, los cuales tienen padres y/o abuelos africanos, pero que ya no tienen nacionalidad africana. Y, en algunos años más, ocurrirá lo mismo con la inmigración latinoamericana y asiática.

De esta forma, la Europa actual dejó de ser un club de “blancos y cristianos”, para transformarse en algo así como el ombligo del mundo, en el cual deben convivir blancos, negros y amarillos;  y musulmanes, cristianos, hinduístas, budistas y judíos. El problema es que el racismo se encuentra muy vivo y en muchos estados europeos los grupos “ultras” o de extrema derecha (que son nacionalistas y xenófobos) llegan a ser, como mínimo, entre el 10% y el 25%. Ejemplos de esta situación se han vivido en Alemania, Austria, Francia, Holanda, Italia, Suiza y Noruega, entre otros, países en los cuales existen leyes migratorias bastante más duras respecto a otras legislaciones europeas y, además, donde se han registrado emblemáticos casos de Islamofobia como, por ejemplo, la prohibición de construir mezquitas o los minaretes de éstas.  Esto último también ha ocurrido en Bélgica y España.

Otro punto a mencionar lo constituyen las medidas tendientes a frenar el ingreso de latinoamericanos a través de España. Quienes han viajado al Viejo Continente podrán ver las evidentes diferencias que se realizan entre los latinos de prototipo caucásico europeo y aquellos con rasgos indígenas.

En pocas palabras, la Europa de hoy debe reflexionar en forma muy profunda respecto al concepto de integración que están construyendo y defendiendo. Italia y Francia han generado la iniciativa de revisar la estructura del Espacio Schengen, mientras que el gobierno italiano criticó a sus pares europeos por la escasa ayuda para acoger a los miles de desesperados inmigrantes provenientes de Libia y Túnez. Podían ser “amigos” de Ben Alí, Hosni Mubarak y Muammar al Gaddafi, pero, sin embargo, no son capaces de ayudar a quienes luchan por vivir. Defienden a ultranza los Derechos Humanos, pero permanecen impávidos ante una crisis humanitaria como la que se vive en diversas partes del mundo árabe. Hablan de igualdad, pero expulsan a los gitanos, a pesar que son ciudadanos europeos y, peor aún, les ofrecen dinero para que se vayan a otros estados. Acuerdan que Turquía sea miembro de la UE cuando cumpla con todos los requisitos, pero a pesar de eso ya le están dando la espalda. Grecia y Portugal están en crisis financiera y ciertos países europeos dicen no estar dispuestos a ayudarlos.

Son muchos temas en el aire, pero son demasiado profundos y obligan a la reflexión por parte de los gobiernos y los ciudadanos europeos.

¿Es esta la Unión Europea por la cual tanto lucharon?

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