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¿Monjas o prostitutas? Estas religiosas y su rol con esclavas sexuales te van a sorprender

¿Qué hacen monjas vestidas como prostitutas en numerosos burdeles del planeta?

Insertas en burdeles, vestidas como prostitutas, en apariencia nadie pensaría lo que realmente son, o a qué se dedican. Estas misteriosas infiltradas, son parte de una  red internacional con presencia en numerosos países del mundo. Y lo más sorprendente es que no se trata de meretrices, sino de monjas.

¿Y que hacen monjas vestidas como prostitutas en numerosos burdeles del planeta? Pues se dedican a un potente trabajo humanitario: El rescate de esclavas sexuales que han sido absorbidas por transnacionales del tráfico de personas.

Se trata de un submundo al cual no es muy difícil entrar, pero del cual resulta casi imposible salir.

El grupo está compuesto por 1.100 monjas, que trabajan encubiertas en prostíbulos con el objetivo de liberar a mujeres víctimas de la esclavitud y la trata de blancas, según informa Fox News

Su presencia se extiende al menos a 80 países, por lo que llama la atención lo desconocidas que son, aunque es razonable que mantengan el perfil más bajo posible si es que quieren pasar inadvertidas y lograr sus objetivos.

prostituta

Imagen referencial. Las monjas que se dedican al rescate de esclavas sexuales se infiltran en la calle y burdeles.

El grupo es conocido como Talitha Kum y su fundador es John Studzinski, un exitoso banquero y filántropo. Studzinski adelanta que la organización quiere extender su presencia y abarcar 140 países, lo que les daría una extensión prácticamente global.

Relata, citado por RT, que la organización fue fundada el año 2004 y que se ha anotado importantes éxitos en el rescate de mujeres. ¿La fórmula?: “Las monjas se visten como prostitutas y van así por las calles: Trabajan en burdeles y nadie sabe que están allí”.

El trabajo de estas religiosas está marcado por la desconfianza hacia todos los estamentos de la sociedad. Formaron el grupo porque ya no creen en los gobiernos, las grandes empresas, la policía ni mucho menos los hombres.

Aunque se trata de un problema de alcance global al que escasamente los gobiernos se refieren, el tráfico de personas deriva en que numerosas mujeres son víctimas y esclavas en labores peligrosas, lo que incluye la prostitución forzada.

La activista Karla Jacinto fue una de las víctimas de la esclavitud sexual, y llegó a estar con 30 hombres en un solo día. Actualmente, se dedica a recorrer el mundo y alertar sobre este flagelo global, precisamente lo que las monjas se esfuerzan por combatir.

Datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cifran en aproximadamente 11 millones el número de mujeres y niñas víctimas de trabajo forzado. En la misma línea, al menos 4,5 millones de mujeres, a nivel mundial, son víctimas de explotación sexual, informa la organización.

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