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Ranchos del sexo: ¿Cómo funcionan los famosos burdeles que son absolutamente legales?

Están ubicados en el estado de Nevada, Estados Unidos, donde está la mítica ciudad de Las Vegas.

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Mientras en muchos lugares del mundo es declarada como ilegal, o al borde la legalidad, en otros la prostitución se ha establecido como una actividad perfectamente regulada, con procesos de selección, instalaciones lujosas y clientes que pueden volverse frecuentes debido a la calidad del servicio, el cual está bajo permanente evaluación.

Es el caso de los “ranch” ubicados en el estado de Nevada, Estados Unidos, donde está la mítica ciudad de Las Vegas. Conocida como la “ciudad del pecado”, esta urbe llena de casinos, dinero que flota en el aire y de mujeres que invitan al comercio sexual no es, sin embargo, la sede de los establecimientos y regulados.

Estos, más bien, se encuentra a cierta distancia de la ciudad, con ejemplos como Dovetail Ranch, The New Mona’s Ranch, The Love Ranch y Mustang Ranch, según cita El Confidencial.

En algunos condados de Nevada, la prostitución es legal y está regulada desde 1971. Actualmente, existen 18 prostíbulos que se reparten en las afueras de Las Vegas.

Hasta allí llegan numerosos transportes que cada año llevan a miles de clientes hasta los prostíbulos, donde bien pueden pasar un rato, o quedarse durante la noche. En algunos casos, estas visitas pueden durar días, o semanas. Todo de acuerdo con lo que el cliente busque y convenga con sus anfitrionas.

El más famoso de todos estos burdeles es el Sheri’s Ranch, el cual ha sido descrito por varias publicaciones de prensa y ha permitido el ingreso de periodistas y entrevistas con las trabajadoras sexuales. Se ubica a dos horas de Las Vegas, en Pahrump, un pueblito en medio del vasto desierto de la zona.

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El Sheri’s Ranch, informa El Confidencial, cuenta con varias hectáreas de extensión en las que se ubican un edificio principal, una gran piscina y muchas instalaciones temáticas. Todo es limpio y ordenado, luminoso. Nada de espacios lúgubres o escondidos.

En este lugar, la administradora es conocida como “Madam Dena”, descrita como una mujer atractiva de 45 años muy distinta a la imagen tradicional de la controladora de un burdel. Ella no ejerce la prostitución, pero sí vela porque todo funcione de la mejor manera, desde las necesidades de las chicas hasta la logística del recinto.

¿Cómo funciona el burdel?

Letreros en las habitaciones indican que los encuentros sexuales deben ser seguros y respetando la higiene. Las trabajadoras son chequeadas periódicamente por un médico que las visita una vez a la semana y ellas mismas se cercioran de que el cliente sea apto para un encuentro, es decir, hacen un chequeo visual que descarte, a simple vista, cualquier enfermedad. “Business Insider” publicó sobre este rancho que las trabajadoras sexuales entienden que contraer una enfermedad venérea es posible dentro de la profesión que realizan.

“Muchos de los hombres que vienen aquí son tímidos, minusválidos o no han tenido buenas experiencias con las mujeres. Me preocupo de que se sientan queridos”, relata Destini, una trabajadora sexual citada por El Confidencial.

Morrigan, una empleada que tiene título profesional de abogada relata que ha llegado a tener 35 clientes en una semana y en diálogo con la publicación británica “The Sun” reveló cuáles son las prácticas sexuales más requeridas: “Algunos vienen solo para vivir una experiencia parecida a tener una novia. Nos sentamos con ellos y vemos películas. El servicio más popular es una especie de mitad y mitad. Suele comprender sexo oral y completo, así como el papel temporal de novia”.

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¿Las prácticas más extrañas? Erin, otra trabajadora sexual del Sheri’s Ranch contó que un cliente que pidió un trío solicitó que junto con el acto sexual, vieran la película ‘Frozen’: “Se sabía todas las canciones y nos animaba a mí y a mi compañera a tararearlas. Fue muy divertido. Practicábamos sexo y cantábamos por turnos. No volveré a ver a Olaf de la misma manera”.

A las mujeres que trabajan en el rancho se les cobra 46 dólares por el uso de una habitación, más la mitad de lo que ganen con sus clientes.

Todas ellas se anuncian por internet en las páginas oficiales de estos lugares, donde los servicios sexuales y las instalaciones se promocionan como si fueran un resort de descanso, con restaurantes incluidos y la posibilidad de quedarse por periodos prolongados.

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