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¿Podrá el fashion de la U ganarle a Palestino?

La destrucción de un grandísimo equipo tiene su próxima estación terminal frente a los tricolores, un equipo ordenado que enfrenta al pálido azul del fantasma.

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“Tino tino, tino tino” cantarán con su tradicional tamborileo el grupito de hinchas de Palestino en el recodo norte del Nacional este sábado mientras los pupilos de Emiliano Astorga se despliegan por el terreno a cerrarle los espacios a la fantasmal U de Figueroa.

No deja de ser curioso que el principal crítico del juego individual de la U es el propio técnico de la U, un entrenador que se explaya sin demasiada meditación cuando aparecen los micrófonos y las cámaras, ávidas de algún comentario mordaz o algún exceso de elocuencia frente a los malos resultados que tienen al pintoresco técnico en el ojo de la crítica y al hincha azul masticando su desencanto.

Fashion U

Foto: LUN

Probablemente algunos silbidos desde la tribuna y galería sur acompañarán al fantasma en su elegante caminata hacia el banco, una de las pocas cosas destacadas que ha mostrado desde que asumió el desafío de dirigir a la U. Erguido, delgado, una lejana y delicada imagen para un hombre mayor de cincuenta años que lucha contra la edad mientras goza de muy buenos contratos.

El futbol de la U de Figueroa está muy lejos del verso que con seguridad anticipó su llegada al CDA, el equipo cada vez está más frágil en el fondo, defiende mal y el torbellino con que comienza cada partido dura alrededor de quince minutos. No le llegan mucho, pero dos o tres toques con espacios y alguna pelota bien puesta por arriba dejan a Pepe Rojas y Sills mirándose fijamente a los ojos, mientras la atlética postura de Johnny Herrera mira el pasto buscando una resignación, una postal cada vez más frecuente del presente de la U.

La sapiencia y panza futbolera del técnico de Palestino le dicen que a la U hay que esperarla que se canse para que comience el partido de verdad, ese donde el chuncho no puede avanzar sin que sea el propio enganche azul quien detenga el ataque para revolearse en su control del balón, mientras la línea de cuatro y los volantes rivales se acomodan con las marcas, clausuran los espacios y ponen seis o siete jugadores entre la línea del balón y la portería de Felipao.

Acabado el torbellino, con la fútil posesión del balón, viene el peligro: centros para el lucimiento rival que preceden a rápidas salidas de los tricolores ganadores de espacios por los extremos, escapándole al marcaje del volante azul que debe correr veinte o treinta metros para llegar maltrecho a su desaire frente a la rapidez del toque y estoque palestinista, el que procurará poner al pájaro Gutiérrez mano a mano con Herrera.

Con al reloj en contra sumándose a los esfuerzos y tarea de los baisanos el sueño de ganar se hace cada vez más difícil para el pálido León. Nublada la mente, sin jugadores que desborden o algunos que se atrevan a encarar virilmente, marcado el “referente de área” –que mala frase impuesta por el comentario de fútbol- la U intentará arrastrar su estéril posesión del balón y las cantidades de balones perdidos hasta las coquetas redes del arco de Núñez.

Pero como esto es fútbol, a la fantasmal U puede que el sol del agosto le haga un guiño como el que Giovini obsequió en San Carlos. A veces solamente hay que jugar con orden y actitud, dejando que sea el sospechoso mal del adversario sea quien te regale el partido.

A esperar entonces la suerte que acompañará a la U este fin de semana, mientras el Fantasma recurre a sus fusibles jugadores, con los que pretende echar a andar de una vez por todas el motor del fútbol de la U. Un mecánico con problemas.

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