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¿Alguien entiende lo que pasa hoy en la U?

En el CDA se vive una impensada y multitudinaria danza de nombres, algo con escasos precedentes en el fútbol nacional.

Guía de: La U

Tal vez haya que remontarse al extraño paso por el país del técnico alemán Rudi Gutendorf en 1972 para entender las maneras de la U para formar su equipo de cara a este segundo semestre, bajo la dirección no sapiente de Sebastián Beccacece.

Sólo puede entenderse desde la perspectiva de quién aún no conoce el medio y necesita asegurar  un proyecto desde una amplia selección de jugadores dotados de las mejores características. Así como entonces lo hizo Gutendorf, mirando muchísimos futbolistas para tomar una decisión sobre si incluirlos o no en el plantel. Esto, antes de establecer el reivindicatorio estilo de juego que pretende imponer esta vez a la U.

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Pero ya se va conociendo el “estilo” o filosofía Beccacece: mucha rotación de plantel, cambios raros, poca seguridad y respaldo al jugador, y no ponerle el pecho a los problemas para usar como escudo desechable a los jugadores.

Es así como por los escritorios de la administración de Azul Azul esta temporada de invierno se acumulan como fardos los legajos de cada jugador. Amontonando las promesas sub-20, junto a los “viejos” sub-23, sumando a los contratados jóvenes, agregando a los retornados desde los préstamos, las contrataciones estelares, y suman y siguen los nombres –y no los jugadores- de acuerdo a los trascendidos diarios de la prensa sobre eventuales incorporaciones.

El actual proceso de selección e incorporación de jugadores para esta temporada supera los setenta nombres analizados. Dieciséis jugadores jóvenes, una veintena del plantel actual, diecinueve bajas de diferente análisis donde el rubro “término de la cesión” refleja las pobrezas de la U en gestión futbolística, una docena de jugadores enviados a préstamo, incluyendo algunos de cartel. A éstos hay que agregar los que “suenan”, como lo fue Ríos y ahora lo son Farías y Carvajal de Palestino más el ex acerero Lorenzo Reyes, quien busca relanzar su carrera regresando desde el fútbol español, donde milita en segunda división en la sufriente U.D. Almería.

Una catarata de nombres que marea de sólo leerlos y complica el intentar entenderlos, puzzle que busca su solución en la mente del técnico y su equipo –liderado por Bonini-, mientras más arriba en la jerarquía azul pareciera que se impone una lógica de no entorpecer en nada la actividad del técnico, facilitando que finalmente logre encontrar SU equipo, hombres con los que o saldrá adelante o con quienes se hundirá.

De gerencia técnica o director deportivo no se ve la mano de nadie. Función vacante para alguien de mente fría, gran recorrido internacional y respaldo institucional azul para comenzar por establecer los lineamientos o criterios fundamentales que debe tener el fútbol que la U presenta en la cancha. No basta con escuchar bien y salir jugando con frases hechas, hay que saber de verdad.

Lo de Michael Ríos es una simple anécdota que refleja la capacidad institucional de la U de ir por cualquier jugador conocido en el medio nacional, ofreciendo miserablemente nombres de jugadores en lugar de dinero fresco o seguro, que es lo que necesitan las alicaídas arcas de los clubes chilenos. Sólo se ven más contratos por seis o doce meses que se agregan a una plantilla esmirriada de fútbol -y sorprendentemente- de condiciones futbolísticas.

En la U desde arriba las señales no son claras: solamente administrar la crisis económica, pues no hay recursos –o la capacidad de generarlos- para sueños verdaderamente importantes. Desde abajo, en la línea de operación se advierte confusión y prisa, pues las semanas pasan y el equipo no aparece.

Los anunciados amistosos internacionales que se esperan darán una correcta medición sobre lo que se puede esperar de la U esta temporada. Por ahora seguimos en el segundo escalón del fútbol nacional y mirando el tercero.

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