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Bochornosos incidentes de la U y Rangers: ¿Cómo se soluciona esto?

La vergonzosa suspensión del partido de la U en Talca nos lleva a reflexionar sobre qué queda por hacer para hacer frente a hechos francamente repudiables.

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Cuando esperábamos el reinicio del partido en el Fiscal de Talca, con el triunfo parcial de la U (2-0), los tradicionales incidentes, muchas veces menos trascendentes, entre los fanáticos de ambos equipos terminaron en la suspensión del encuentro.

¿Son todos los hinchas iguales desde el punto de vista de su comportamiento en los estadios?

Mucha gente, diría que la mayoría, va tranquila, de forma pacífica y se exalta solamente con la pasión del juego o por la polémica que generan las decisiones arbitrales.

Otros no, la fiesta para ellos va más allá de ir a ver el fútbol a la cancha, pueden estar de espaldas al partido arengando a los “barristas” para que canten o griten más fuerte, algo muy importante en esa subcultura. Para ellos el fútbol, un juego aún hermoso, es solamente un medio, para otros particulares propósitos.

Personalmente he visto, así como la televisión ha mostrado al vándalo de mochila y pañuelo en la boca salir de la manifestación e irse a almorzar como un parroquiano más, a los aparentemente pacíficos asistentes al estadio que a la salida se transforman en delincuentes ocasionales, donde ellos buscan la ocasión y el momento para hacer su travesura impune.

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Pues parece que el cumplimiento de las leyes es para otros, no para uno mismo, o bien por que el peso de la ley está realmente lejano y se pierde entre denuncias e interminables trámites.

¿Por qué tanta bronca?

Las imágenes son lapidarias, no son algunos malos ciudadanos identificables destrozando infraestructura de alto costo, además clasificable como inversión social. Son muchos más, cientos o tal vez miles los que se exhiben en televisión lanzando aposentadurías hacia la fuerza policial, a los hinchas rivales, a personas que visten el color común o simplemente hacia el cielo como un desahogo.

Obviamente, no son lo mejor de nuestra sociedad, pero tampoco son lo peor, y eso es realmente preocupante. Son ciudadanos promedio que en medio de una “fiesta de fútbol” se desordenan y devienen en jaurías ávidas de cometer actos de vandalismo.

Muchos de ellos son muy jóvenes, apenas mayores de edad, los que errarán en la vida para finalmente ordenarse en la fila y hacer los deberes. Otros, irán por el despeñadero, de mal en peor, sin encontrar la esperanza en el estudio y después en el empleo y se sumarán a los que progresan económicamente al margen del sistema formal. Muchos tendrán problemas con la justicia y pasarán a ser parte del enorme problema de la delincuencia, el costo de la administración penal de sanciones y la inseguridad que tenemos en cada hogar.

¿Hay solución entonces, o no?

Como están las cosas parece que las soluciones de parche y transitorias son lo esperable, una solución a medias que no complique los estériles esfuerzos ya hechos en esta materia.

El presidente de la U dijo algo clave: “con quince mil personas salimos para atrás”, indicando que con esa cantidad de público apenas se cubren los gastos. O sea es mejor no tener público y los gastos de atender al público. Allí pierden muchos, por ejemplo desde el anónimo concesionario del estadio y sus vendedores hasta las empresas proveedoras de inexpertos guardias. Una fiesta chica solamente por televisión.

¿Jugar sin público visitante?: hay que considerarlo. La calidad humana del espectador promedio es un claro indicador de nuestra evidente decadencia social.

Lamentablemente en esto, el comportamiento del hincha en el estadio, ni por asomo estamos mejor que hace veinticinco años, estamos peor. Y por supuesto que se requiere de la disuasiva presencia policial, con los asumidos abusos, aunque nos pese.

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