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Borghi contra Sampaoli: ¿Será cierto que la U no le prestaba jugadores a su selección?

Cada cierto tiempo el Bichi plantea sus reclamos, ahora lo hace contra Sampaoli y la U del 2011.

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Tal vez en algún tiempo más,  Claudio Borghi reúna los méritos como técnico y surja un interesado para lanzar un libro sobre él, en tiempos de moda editorial futbolera. En el intertanto,  y ocasionalmente, se despacha con algunas incontinencias verbales de tiempos ya idos, pero no olvidados.

Esta semana lo hizo una vez más, ahora frente a los sagaces reporteros trasandinos de “Líbero” de TyC Sports, a quienes señaló,  junto a humeantes café y faso, que Sampaoli habría construido su éxito afectando el rendimiento de la selección chilena –y el suyo obviamente- al no facilitarle la U las estrellas azules del 2011.

Rara tesis es la que sostiene Borghi pues precisamente por ese tiempo costó mucho que el castelarense se dignase mirar el notable rendimiento azul de ese año manteniendo ojos solamente para sus pichones albos del 2006, quienes ya se sabe la forma “no conveniente” como le respondieron pavimentando su propia partida de Juan Pinto Durán, de acuerdo a las ya no desmentidas formas de como terminaban sus alegres jornadas santiaguinas de entonces.

El impresionante tren de la U de ese año, que culminó además de las coronas locales ganando la Copa Sudamericana con un 89% de rendimiento, con triunfos en Montevideo, Rio de Janeiro, Buenos Aires y Quito, con diez triunfos y apenas dos goles en contra en doce partidos, finalmente consiguió que Borghi aclarara su vista y fuese tan progresiva como parsimoniosamente convocando a las estrellas azules, que con talento y muy buen fútbol se ganaron un lugar importante en el seleccionado nacional hasta hoy.

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Basta con recordar la resistencia de Borghi en convocar a Johnny Herrera, en momentos que el angolino atajaba en el mejor nivel del “cóndor” Rojas hacia mediados de los años ochenta, señalando que “no era bueno para el grupo” realizar su convocatoria acogiendo el clamor del ambiente futbolero chileno, el no albo, por supuesto.

En cambio Borghi confiaba a ciegas en “la quinta del Monumental”, comandada por el “mago” Valdivia y un príncipe Vidal inmaduro, quienes actuaron con un paupérrimo nivel de profesionalismo en términos de conducta sumando destacados seguidores a sus excesos como Jara, Fernández y Beausejour. Hay que ser joven, tener mucho dinero y contar con una frágil formación para entender las causas de esa conducta, que puso en riesgo la clasificación de Chile al pasado mundial de Brasil, situación que logró corregir Sampaoli….

Hay un dejo lastimero de envidia en las declaraciones del “Bichi” sobre este pasado reciente, que no resisten análisis y tan sencillo de aclarar como de construir las mentiras que plagan semanalmente nuestro fútbol: como la “mala” cancha para algunos del Carlos Dittborn de Arica o algunas lesiones menores que impiden honrar la convocatoria a la selección.

Verso que sólo sirven hoy para rellenar páginas y noticiarios y que nadie se tomará la molestia de verificárselas, si total se emiten algo lejos, desde Buenos Aires pero que de todos modos llegan como ruido. Tal vez sea el fastidio de tener ya algunas semanas a don Juan Román Riquelme y sus veleidades, en sus intentos por volver a primera con Argentinos Juniors, lo que afecta de este modo la muy frágil memoria de Claudio Borghi.

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