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Claves de la derrota de la U: Final para una ilusión

Si ven, de forma desapasionada, la repetición del partido del pasado 3 de agosto, advertirán la seguidilla de ocasiones de gol que dispuso Chivas antes que la U se atreviera a atacar.

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El hermoso sueño azul de jugar su primera final de la Copa Libertadores sumó su tercera frustración, relativa decepción en este caso, pues al iniciar esta temporada internacional 2010, con el enorme y sabroso intermedio del Mundial de Sudáfrica, nadie exigía, pocos imaginaban, que animaríamos una semifinal del tradicional torneo continental

Miguel Pnto

Foto: AP

El error de Pinto comenzó a sellar el fin del sueño azul.

Con limitaciones de juego, pero con muchísima actitud, el chuncho se hizo fuerte e invicto de visita, triunfos en Caracas, Lima y Rio, otros empates en Coquimbo, Rio y Ciudad de México, para soñar con una definición favorable en Santiago, que no se dio por causas estrictamente futbolísticas en el segundo tiempo de noventa minutos en el clima polar de Santiago en agosto.

Chivas de Guadalajara realizó su propio camino de Santiago, purgando los errores del partido de ida, donde una de sus debilidades es la calidad del finiquito. No obstante, para tener ese problema significa que el juego del equipo debe generar numerosas situaciones de gol. Si ven, de forma desapasionada, la repetición del partido del pasado martes 3 de agosto advertirán la seguidilla de ocasiones de gol que dispuso el chiverío antes que la U se atreviera a atacar el fondo mejicano con la primera galopada de Montillo por la derecha y con la doble marca colgando de sus hombros.

A no mediar la actuación de Pinto, quien contuvo, con fortuna, ayuda del arco e impericia azteca, las recurrentes ocasiones de gol, en rigor no habría extrañado si el marcador final del partido se hubiese alcanzado en la primera mitad del lapso inicial. Fue precisamente Pinto quien cedió en su resistencia ante el fuerte tiro bajo de Báez, provocando que el balón caprichosa y lentamente ingresara al arco bajo la atenta mirada de cuarenta mil semi congelados chunchos en la fría noche del martes.

Felipe Seymour

Foto: AP

La tristeza de Seymour es un fiel reflejo de la tristeza que se reflejó en los rostros del equipo luego de la eliminación de la Libertadores.

Era lógico que la U esperara y achicara no saliendo de entrada a buscar un partido generando espacios para el rápido e incisivo juego del rebaño sagrado, en circunstancias que disponía del resultado favorable en el partido de ida, gol de visita que incluso permitía lograr la clasificación empatando sin goles y pensar que dispondrían de espacios para penetrar la muy bien parada zaga mejicana.

El juego mostrado por la U en Ñuñoa fue un cachetazo para las ilusiones universitarias laicas, no dispuso del balón para habilitar con ventajas por las bandas y varios de los idolatrados players no estuvieron a la altura de las circunstancias. Solamente pudo llegar con efectividad por vía aérea y a través contadas situaciones de gol que los palos y el arquero Michel se encargaron de contener.

El desordenado afán de los azules del segundo tiempo después del gol de Magallón hizo pensar por momentos en un papelón, una goleada. Tanta fue el ansia o la desesperación que el futbol dejó paso a la garra, los huevos, el pundonor para luchar por el pronto descuento, finalmente los rojiblancos nos hicieron precio y siguieron despilfarrando claras ocasiones, al final un 0-2 resultó casi decoroso para lo que fue el final de la aventura azul.

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