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El Bonvallet que la U le aportó al fútbol chileno: Historia de sus raíces azules

La sorpresiva partida de Eduardo Guillermo Bonvallet trae recuerdos de su etapa formativa y comienzos en la U, decisiva en lo que fue como futbolista.

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Los comienzos de Bonvallet como futbolista fueron en las divisiones inferiores de la U, en los tiempos en que la U trabajaba sus jugadores en el Estadio de Recoleta. Así, sus primeras temporadas como futbolista profesional ex cadete, es decir, con contrato como juvenil y una mínima remuneración, fueron con los colores azules de la U.

Allí compartió camarín y vivencias con Manuel Pellegrini, a quién cada tanto le daba enormes palos o críticas por lo rústico que fue como jugador el rubio zaguero. También con Vladimir Bigorra, Leonardo Montenegro, Juan Soto o Jorge Socías, cuyo paso por inferiores fue breve. Es decir, fue parte de una de las esperanzadoras camadas de jugadores jóvenes a los que apostó la U en tiempos donde el fútbol formativo se daba importantes tiempos en el desarrollo de futbolistas y personas.

Eduardo Bonvallet en el extremo derecho de la foto.

Eduardo Bonvallet en el extremo derecho de la foto.

En sus comienzos se mostró como un volante de juego dinámico y con llegada al gol anotando seis goles entre 1972 y 1974, temporadas en que la U fue propietaria exclusiva del decimotercer lugar de la competencia chilena, y donde habría jugado media centena de partidos. Mucho para un jugador sub 20, incluso en nuestros días.

Poco habría de presagiar que ese joven y crespo volante llegaría a transformarse con los años ícono futbolístico luego de su paso por importantes equipos chilenos de esos años, como fueron Católica y O’higgins, los que lo catapultaron hacia la selección chilena que clasificó para España ’82 y a actuar en la incipiente liga norteamericana en el Strikers de Fort Lauderdale y el Tampa Bay Rowdies.

El muchacho de Los Castaños en Vitacura y que estudió en el Liceo 11 de Las Condes en Las Tranqueras con Presidente Riesco, hoy Liceo Rafael Sotomayor, volvía cada tanto en tanto a su barrio donde era el ídolo de la muchachada que admiraba la belleza de su primera mujer y lo veía lucir la camiseta del Strikers mientras lavaba su espectacular auto.

Tras su paso por el fútbol, donde nunca trancó con la cabeza, se posicionó como ejecutivo de empresas ligadas al negocio del deporte, pero fue finalmente desde el locutorio, donde recitaba a diario su verdad sobre el fútbol, el púlpito que lo mantuvo bajo el manto siempre protector de la fama y de sus numerosos seguidores.

Hoy se lamenta su partida, de un hombre que vivió tal vez con demasiada intensidad sus pasiones, la principal: el fútbol.

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