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Figueroa vs Franco: ¿quién lo hizo mejor?

La defensa de la U sigue mostrando falencias defensivas, un gran obstáculo para llegar a la Libertadores del próximo año.

Guía de: La U

No lo parece, pero el plantel de la U vive horas claves. De no remontar su rendimiento, especialmente el defensivo, tendrá problemas con el contragolpeador tricolor, un especialista en aprovechar espacios y hacer correr mirando a su portería a la defensa rival.

Pese a que cuenta con jugadores de nivel de selección, en lo táctico la zaga de la U muestra unos boquetes defensivos que no exhibía bajo el mando de Sampaoli.

Figueroa Franco La U

Foto: Internet

La forma de trabajar el equipo del hoy seleccionador nacional y no solo a la zaga, mantenía a la U en la cornisa con grandes espacios a sus espaldas. Pese a ello, la zaga azul y especialmente sus centrales, ganaban las pelotas que el rival dividía y que les exigía permanentemente a todos los defensas anticipar: así, pocas veces se les veía correr urgidos hacia su valla y el pelotazo que pasaba quedaba para el anticipo o finalmente el mano a mano ganador de Johnny Herrera.

Con la llegada de los discretos técnicos que le sucedieron, Franco y Figueroa, la impresión es que el énfasis del trabajo del CDA está en el área rival, con las grandes dificultades que tiene la U para concretar, dejando de lado un trabajo integral y que se preocupe de lo que ocurre con la zaga de la U.

La U de Figueroa avanzó un lugar este torneo, pero en relación al rendimiento de Franco, no.

El “fantasma” terminó cuarto a cuatro puntos más del campeón (12/8) y no quinto como el argentino, pero con tres puntos menos en la misma cantidad de partidos (27/30), es decir que el rendimiento de Franco le habría dejado tercero. Además, con menos goles pese a la mayor disponibilidad de delanteros (31/37) pero exhibiendo una mejora en relación al rendimiento de su defensa (16/29).

Entonces, ¿cómo se explica esta crítica sobre el rendimiento defensivo?

La U de Figueroa fue también la cuarta mejor defensa, superada solamente por los finalistas (13) y los hispanos (15). No le hacen muchos goles entrando por el medio y bien armados con el balón, pero con frecuencia ve el precipicio azul cuando el pelotazo de salida del rival gana sus espaldas y se ve a Rojas, González y a los demás zagueros correr mirando con algo de angustia su arco.

Es precisamente ese el punto más vulnerable de la U. Lo permeable que es al contragolpe cuando la sorprenden en ataque y pierde el balón buscando filtrar su ataque por abajo o es precisamente el centro perdido el que provoca el contragolpe rival.

Otra fragilidad es el anticipo aéreo el que desacomoda a la zaga azul cambiando el palo definidor de la jugada.

Figueroa, o sus zagueros, mejoraron el desempeño defensivo en relación al torneo anterior, pero las ansias de ganar pasan la cuenta cuando la transición ataque-defensa no es prolija como efectiva. Allí, además hay errores técnicos y tácticos en la zona de contención que son tan conocidos como previsibles.

Basta recordar cómo se perdieron, en la cancha, los clásicos frente a los albos y cruzados, regalando penosamente el fondo y pagando con dolor las ansias de atacar sin los resguardos necesarios.

Ahora se viene Palestino, equipo chico que se para bien en el fondo y que contragolpea con efectividad. Como la llave se resuelve en 180 minutos es probable que no haya demasiada ansiedad y que sea la inteligencia como el mejor nivel futbolístico el que se imponga, no obstante el peligro está precisamente en ir en desventaja en el marcador global, permitiendo que sea el rival quién administre los espacios disponibles para el ataque azul.

Una nueva prueba para que la U de este año responda al enorme costo de su plantilla y que permita a la hinchada y especialmente a la próxima administración soñar con la Libertadores, aunque sea sólo eso, un dulce sueño.

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