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Superclásico: Entre los pecho frío y los históricos

En los tiempos actuales, dirigentes y capitanes hacen gestos para no encender los ánimos. En la historia de los Superclásicos, sin embargo, hay situaciones que es bueno recordar.

Guía de: La U

Cómo nos cambia la vida! Después de unos cortados muy descafeinados en el mismo café donde se trenzaron poco tiempo atrás Caszelly y Bonvallet, los mandamases y capitanes de la U y Colo Colo firmaron una tregua en las declaraciones buscando que el domingo el clásico se juegue solamente en la cancha. Sólo faltaron Sergio Jadue y Cristián Barra como para que hubiesen compartido las tortas del lugar en una inédita previa del clásico del fútbol chileno.

Qué distancia enorme con aquel clásico ochentero donde la palomita de Hisis conectada con la mano e ignorada por el árbitro llevó al error a un ingenuo Luis Rodríguez quién recogió el balón con la mano sin esperar el cobro. El polémico penal y gol llegó al set de Canal 13 donde el conductor del noticiario defendió al aire al mediocampista azul en uno de las tantos yerros arbitrales que terminan favoreciendo al cacique.

Historias superclásico

Foto: oncenasdefutbol.blogspot.com

Pellegrini no lució mucho en los súper clásicos.

Mientras César Antonio Santis defendía en vivo a la U leyendo las noticias en el horario estelar, el reportero radial Juan Espinoza Cataldo sufría daños en su grabadora en el entrenamiento de la U producto de su notoria identificación con los albos.

Un ejemplo de un clásico caliente y jugado con “cara de perro”, la entonces avivada de Hisis hoy alejadísima del fair play le dio un injusto triunfo al cacique con una polémica que duró semanas.

La tregua cafetera de ayer nos deja pensando en un clásico light y los recuerdos de jugadores históricos y de pechito bastante frío asoman sorprendentemente en ambos equipos:

Por los albos: en el arco, Miguel Angel Onzari, famoso por su dificultad en cerrar las piernas en los tiros libres.

En la zaga “el pavo” Mario Galindo, muy celebrado por su técnica y vocación ofensiva como lateral pero de escaso rigor defensivo; los centrales Luis Mena quien ha sido multicampeón desde la banca, Agustín Alayes, quien vino no jugó y si cobró mucho y José Domingo Salcedo, quién no le gustaba marcar la punta izquierda; Osmar Molinas, que con su trote cansino no parece paraguayo, Matías Fernández y Macnelly Torres, si no estaban inspirados y en una tarde fría pedían el cambio y una frazada; Gino Clara, un nombre bonaerense de escaso vuelo y juego, Mario Salgado, su nombre y sus goles se quedaron en Italia antes de partir a La Serena y Claudio Graf, la intrascendencia personificada.

En la U: en la portería, Jaime Tejeda, la antítesis de Vargas o Herrera, bajo los tres palos no decidía nada y su escasa fortuna no salvaba en tiempos difíciles; José Díaz, un tractorcito que marcaba por derecha, Santiago Gatica, sólo ofrecía ubicación y algo de juego aéreo, lo trajo Santibáñez eso lo dice todo, Manuel Pellegrini, como marcador era un extraordinario ingeniero, Vladimir Bigorra, noble, recibía bailes estoicamente sin lanzar una patada; Luis Rodríguez, un volante de contención técnico pero de poco quite;  Eduardo Bonvallet, uno que se inventó un mito jugando entre las mandíbulas, técnicamente dotado era livianito, malo para trancar y algo lento, Patricio Marzán, cuando largaba el balón ya estaban todos marcados, Leonardo Montenegro, la rompía en los entrenamientos, un exquisito con el balón, pero en el partido se borraba; José Omar López, desbordes contados con los dedos de una mano y Eric Lecaros, comenzó a jugar cuando dejó la U.

El golpe de efecto del cuarteto del Tavelli puede y es deseable que tenga resultados en pacificar las tribunas y las inmediaciones del estadio, pero dentro de la cancha estaremos atentos a lo que haga Pepe Rojas frente al peligroso Paredes, ese duelo tiene historia y que no favorece a la U precisamente.

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