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“Huevito” Valencia como jugador: Talentoso y víctima de uno de los mayores robos arbitrales

El jugador protagonizó una gran historia en la U. Hoy, dirigiendo, queremos volver a soñar con él.

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El tiempo pasa demasiado rápido y casi con crueldad, en un pestañeo, han pasado un montón de años desde que “el huevito” Valencia regresara de su préstamo en Provincial Osorno con 22 años bajo el brazo para hacerse con la tricota de titular en el inolvidable equipo de la U de 1994, aquel que terminó con una extensa sequía de títulos y que catapultó a la U al nuevo milenio.

El brillante juego de entonces de Esteban, su ritmo, control, perfil, apertura, rápida transición, de zurdo acomodado a la derecha, o sorprendiendo por su perfil punzante siempre conduciendo con el balón en la punta de la bota y su frecuente desborde, generaron cataratas de jugadas de gol para los delanteros azules, en especial para Marcelo Salas. El inolvidable “matador” tiene mucho que agradecer al nivel de juego del incontenible “huevito” para generar no solo numerosas ocasiones de gol, sino que, por encima de eso, el nivel de un juego ofensivo, agresivo y que humillaba a los defensores rivales.

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Al escribir estas líneas no puedo sino extrañar el gran e inmortal fútbol que ofrecía la U de esos años, tal vez el mejor equipo de Sudamérica en esos años. Si no, por qué el “mono” Burgos tuvo que extremar sus recursos para detener la carrera de Valencia al gol del empate en el Monumental de Núñez. Lo hizo con un doble puñetazo en el costado, falta que sospechosamente sólo un vergonzante error referil no advirtió, o que prefirió omitir. Esto perjudicaría a River en la semifinal para avanzar hacia la definición del campeón de la Libertadores. Fueron largos minutos en que al “millonario” se le quemaba el rancho, con su cancha llena de fervor, que obviamente agradeció. Todo, bajo la nula visión y ausencia de carácter del “maestro mundial del robo arbitral”.

Vaya si hoy estamos lejos de vivir esa realidad, añorando la época en que aspirábamos legítimamente al título de la Libertadores, obligando a los trasandinos a sacar de la galera todo lo que hay que tener para ganar un título así de grande e importante.

Hoy lo tenemos en la banca junto al “cuqui” Henríquez, el hermano mayor de Angelo y también volante como el “huevo”. Además, para recordarnos lo ricos que fuimos futbolísticamente, además de medirlo y compararlo con lo que tenemos hoy.

De la mano de Esteban ya nos pusimos de pie en Avellaneda y casi rescatamos un punto o algo más. Ahora, buscará que sigamos en la Sudamericana frente a Vasco da Gama y acordarnos de ganar clásicos frente a la crecida UC.

Por hoy, le pongo una buena ficha al “huevo”, por la gran historia que nos dio. Para volver a soñar con tener este nivel de jugadores.

 

Y el robo eterno del árbitro, con la U como visita ante River:

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