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Nelson Oyarzún, “el consomé”: El imprescindible legado futbolístico del recordado estratega

Entre los aportes del chuncho al fútbol chileno está esté héroe chillanejo. Allá, donde se afincó y penosamente murió, el mayor recinto deportivo de la ciudad lleva su nombre.

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El sueño y revolucionario estilo futbolístico de Nelson Oyarzún Arenas, más conocido como “el consomé”, quién dirigió brevemente a la U en los 70’s, tardó cerca de cuarenta años en concretarse con los cercanos arribos al fútbol chileno de Marcelo Bielsa a la selección y de Jorge Sampaoli a la U.

Para graficar un poco está la comparación con lo de Mario Salas de estas últimas temporadas, quién está muy lejos de la lanza que empuñó entonces el popular Nelson.

Amante de la dinámica, rendimiento físico y el movimiento constante en el juego, intentando imponerse a los rivales desde una perspectiva física, buscó remecer el cansino ritmo de juego nacional. Lugar común desde donde se privilegia hasta hoy, con matices, la técnica por sobre la dinámica.

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Este estudioso del rendimiento físico y de la nutrición, allá por los años setenta, predicaba simplificar la digestión antes de los partidos y optar por los hidratos de carbono por sobre las proteínas usándolas como energía de fácil disponibilidad y uso para el organismo ante la exigencia y esfuerzo en la cancha.

Fueron estas prácticas y especialmente el  consumo para sus dirigidos de bebidas energéticas y proteínicas caseras, como el consomé con huevo, los que dieron origen al sobrenombre por el que se le conoció profusamente en Chile.

Muchísimo tiempo antes que Bonvallet comenzara sus declamaciones, sobre gladiadores futboleros en la cancha de fútbol, Oyarzún Arenas lo hacía en vivo con sus jugadores, exigiéndoles siempre el máximo rendimiento y entrega en tiempos que el futbolista chileno se caracterizaba, en un extremo, por ser bastante cómodo, poco dotado de garra y en el aspecto físico.

Dirigió a la U durante una cantidad menor de partidos sin alcanzar el éxito con que sus simpatizantes y él mismo como hincha del chuncho soñaba. Con su salida de la U, el futbol técnico se había impuesto entonces a este amago y búsqueda del vértigo físico, iniciando entonces su periplo por algunos clubes del sur del país, importante polo sur del fútbol profesional chileno.

Vale decir que a nivel mundial, la “naranja mecánica” había asombrado y deleitado a los amantes del fútbol en el mundial de Alemania ’74, torneo con dieciséis equipos, pese a ser derrotada en la final por el orden táctico germano con similares rendimientos físicos.

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Mejorar un estilo cansino

Tanto fue su afán en mejorar el estilo cansino del fútbol chileno de entonces, que aprovechando sus vivencias y contactos con Europa, donde cursó estudios superiores en preparación física y para ser entrenador de fútbol, en tiempos de los breves cursos nacionales, que concretó la traída de tres jugadores teutones desde la tierra de los campeones del mundo, de entonces y de ahora.

La llegada y juego de los alemanes en Deportes Concepción: Ralph Berger, Hans Werner Lamour y Hans Joachim Schellberg, revolucionaron el ambiente futbolístico penquista, tiempos en que eran animadores liguilleros del fútbol chileno. Pero su permanencia fue breve, salvo por el caso de Schellberg quién pasó a la U el año siguiente.

Así fue como los “lilas de Avenida Collao” iluminaron por ráfagas nuestras canchas con un futbol de elegantes trazos largos desde el mediocampo hacia el ataque y con remates de media distancia, materia que está muy olvidada por nuestros tiempos.

El derrotero de “consomé” Oyarzún lo llevó finalmente a Chillán donde su verso tendría un terreno fértil el un equipo poco ganador, eterno aspirante al ascenso y que intentaba afianzarse en primera división con algunos jugadores con pasado azul como el zaguero central Mario Cerenderos, el talentoso y muy técnico volante Leonardo Montenegro y el encarador delantero Pato Bonhomme.

El agosto de 1978 fue muy duro para nuestro personaje, la plantilla, dirigencia e hinchada de los “diablos rojos”: su técnico estaba herido de muerte, enfermo de cáncer. Comenzando una pública agonía presente en la cancha exhibiendo a su técnico cada vez más demacrado y abrigado con mantos futboleros en la banca.

En su partida transmitió su último deseo: ganar al cacique en la vieja cancha de chillaneja, algo que sus gladiadores cumplieron casi en simultáneo con la partida de Nelson Oyarzún.

El estadio de Chillán recordará por mucho tiempo su nombre e historia en el fútbol chileno.

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