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¿Puede la U vencer a Cobreloa más el calor y la altura?

La U juega la final de ida del Torneo Clausura frente al nostálgico Cobreloa. El horario ochentero busca favorecer al equipo naranja junto con el complejo efecto de la altura.

Guía de: La U

Que la U le tiene tomada la mano a Cobreloa es un dato de los pasados torneos nacionales desde el 2008 a la fecha, incluso en Calama donde viene recibiendo exhibiciones azules en un reducto otrora inexpugnable.

Fue tan incontrarrestable el dominio como local de Cobreloa jugando a las cuatro de la tarde –con un delgado y caliente aire en gargantas y pulmones rivales- que la Conmebol en tiempos previos a la gobernanza de Leoz le hizo abandonar la localía de Calama en las semifinales de la Libertadores del año siguiente por considerar que su altura de 2250 msnm, inferior a la de La Paz (3650), Quito (2850) y Bogotá (2600), distorsionaba la competencia sudamericana, en especial de los rioplatenses alérgicos a las alturas.

U-Cobreloa

Foto: El Mercurio

Los azules jugarán con la ilusión de cerrar un año perfecto.

Pero a este Cobreloa le falta para arrimarse a aquel ganador y de extraordinario fútbol, tal vez si mantenga ese quiebre de cintura para alargar el ataque hacia la derecha en una cancha de dimensiones más bien normales, pero sus jugadores no son sino remedos de aquellos que hicieron grande y temible al ogro naranja del altiplano chileno.

El histrionismo de Peric –que tantas veces le ha jugado en contra- no se compara con la sobriedad y el rendimiento de Oscar Wirth; el buen rendimiento de Suárez y Roco palidece frente a lo que jugaban el Chifli Rojas, el gran jugador que fue Mario Soto y el talento y fútbol del Mocho Gómez.

La afilada zurda de Lusardi no se puede comparar con la maestría, violencia y precisión del empeine derecho de Víctor Merello o el gran fútbol en velocidad del Nene Gómez.

Y adelante Trecco y Elizondo son simples jugadores frente al desequilibrio y ritmo infernal que ponían en las alturas el mendocino Oscar Roberto Muñoz y el ligua Puebla junto a la capacidad goleadora y peso en el área de Jorge Luis Siviero.

En la banca, y pese al currículum mundialista y olímpico del  Nelson Acosta –que se logra disponiendo de muy buenos jugadores-, no es comparable con la seriedad, visión, concepto futbolístico y orden táctico de un señor del fútbol como Vicente Cantattore, quien remató el trabajo previo de Andrés Prieto, para después ir a dirigir en España al Real Valladolid, club ascensor al que llevó a la final de la Copa del Rey y a jugar la Copa de la UEFA, antecesora de la actual Europa League.

Como se ve este Cobreloa se parece más al que Huachipato goleó 6-1 que a sus mejores equipos, las siempre odiosas comparaciones, a las que les falta perspectiva si nos vamos hacia el glorioso color azul.

La plantilla de la U sabe ir a jugar en Calama, y a no mediar un partido alejado de su rendimiento o derechamente anormal por el arbitraje –mucho ojo-, debiese traerse un buen resultado desde el mineral, donde lo único destacable es el horario de conveniencia que los dirigentes y técnico mineros eligieron para jugar el partido, un día lunes laboral en cierre de año a las cuatro de la tarde: insólito y ventajero.

A la Sudamericana hay que sacarle brillo, comenzando en Calama esta tarde.

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