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Guía de: La UC

Verano de 1993. El plantel de Universidad Católica, con Ignacio Prieto a la cabeza, realiza su pretemporada en Marbella. Ahí están acompañados por algunos hinchas, incluyendo a un abuelo con su nieto de apenas dos años. Una vez que ha terminado la jornada, los futbolistas se acercan a saludar a sus seguidores. Es ahí cuando ese pequeño sorprende a todos al reconocer al goleador histórico de la UC: Rodrigo Barrera. El niño era yo.

Mi primer partido en San Carlos fue uno histórico: el de los siete goles de Luka Tudor a Marco Córnez y Antofagasta, en el recordado 8-3 de finales de 1993. Año que también será inolvidable para todos los hinchas cruzados por haber sido finalistas, por única vez en nuestra historia, de la Copa Libertadores.

He sido fanático de la franja desde que tengo uso de razón. Voy al estadio desde los tres años, siendo acompañado por mi papá, hermano chico y un diverso grupo de amistades. No me tocó vivir la época de Sergio Livingstone, José Manuel Moreno, Alberto Foullioux, Osvaldo Hurtado ni las grandes campañas de los 60’ y los dos títulos de la década de los 80’. Pero leyendo crónicas y revistas uno se daba cuenta de que siempre ha sido lindo ser de este club.

He llorado de alegría y tristeza, reído, tener rabia. Todas esas emociones las genera el fútbol y en especial la Católica. El mote de ‘segundones’ probablemente nos va a perseguir siempre, pero a mí personalmente no me interesa en lo más mínimo. Porque si hay algo que nunca va a cambiar es el fanatismo que tengo por la UC. No sólo he visto a grandes planteles profesionales, también a grandes jugadores jóvenes. Llevo cinco años metido de lleno en el fútbol formativo y lo digo con orgullo, porque ese siempre ha sido nuestro sello como institución: la formación integral en lo futbolístico y lo personal de los más chicos. Por la patria, Dios y la universidad.