Los círculos morados, autobiografía de Jorge Edwards

En este primer tomo, Jorge Edwards nos narra su primera infancia, su adolescencia y juventud, hasta el momento de su primer hito literario

Jorge Edwards es uno de los escritores vivos más importantes del país, algunos críticos lo sitúan en la generación del ’50, pero en realidad su cosecha literaria abarca más de sesenta años dedicado a la literatura, a los cuentos, las novelas y los ensayos. Además de dedicarse a las letras, ha tenido una importante carrera diplomática, en países tan diversos como Cuba o Francia.

Ha sido merecedor de importantes reconocimientos, como el Premio Cervantes, distinción que para la crítica es considerada como el Nobel Hispanoamericano, y también recibió la Orden al mérito Gabriela Mistral.

Los círculos morados es el primer tomo de sus memorias, y lo dedica a su primera infancia, adolescencia y juventud, teniendo como hito la publicación de su primer libro, El patio, colección de ocho cuentos.

los círculos moradosEn el relato de esta primera infancia se presenta a la familia, su madre la Picha, su abuelo materno, el alcoholismo de su tío Pepe, los almuerzos familiares de los días miércoles, el personal de servicio de la casa de Alameda, la llegada de la Miss, una institutriz inglesa encargada de enseñar el inglés a los niños de la casa, y el colegio La Maisonnette. No se encuentran grandes conflictos, pasando así, de forma alegre y tranquila, la primera infancia de Jorge Edwards en la casa de la Alameda. Así, la literatura está presente en esta parte inicial de la autobiografía también por las intervenciones que realiza el autor, pero desde su posición de escritura más que de recuerdo, es decir, las menciones a su obra, o a algunos escritores se vincula a través de una reflexión realizada en el presente (momento de escritura) y no como recuerdo de hechos pasados, recuerdos, con la salvedad de la lectura realizada por la madre, la anécdota de la tía Fanny, vecina de Proust en París y el vínculo de Madame Gabriela con Álvaro Yáñez, más conocido como Juan Emar.

Punto de inflexión

El primer conflicto, o punto de inflexión en la narración se encuentra en el segundo capítulo, en el cambio del colegio La Maisonnette y sus juegos bajo el castaño, para llegar al colegio San Ignacio, donde el autor confiesa haber sido víctima de feroces burlas por parte de sus compañeros de curso (atribuibles a su condición de primer alumno de la clase), y haber sufrido un abuso reiterado por parte de un sacerdote del colegio.  La represión y la competencia son características permanentes del período escolar vivido en el colegio San Ignacio. Pero en esta etapa aparecen los primeros amigos y experiencias nuevas, así como también profundiza en su familia; el origen del apellido Herzl, que llevara la abuela materna de su madre y también otras anécdotas que vinculan a parte de la aristocracia santiaguina de esos tiempos.

La poca presencia que tiene la lectura (hecha por el autor en esos tiempos) puede estar relacionada con la incapacidad del autor de recordar el comienzo de su amor por la lectura y las letras: “Ahora tampoco sé con exactitud cuándo comencé a leer, y cuándo, en qué circunstancia precisa, pasé de la lectura a la escritura. El paso de la lectura a la escritura tiene una fecha y una circunstancia, pero se me borró de la memoria. Quizá porque ha sido el paso de la vida”, así el autor presenta casi de manera orgánica o natural, el paso del lector al escritor, pero tal como se indicó anteriormente, Jorge Edwards a medida que narra sus anécdotas, cuenta también cómo le sirvieron de inspiración para sus obras posteriores, realizando ese tipo de vínculo desde el comienzo de su autobiografía, lo que puede generar, en varios de sus lectores una suerte de descubrimiento del secreto que se escondía tras sus cuentos y novelas.

Volviendo a los recuerdos del colegio San Ignacio, es precisamente en ese período que el autor presenta sus propias lecturas; Julio Verne, Emilio Salgari, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde y la poesía del Siglo de Oro español. Pero en el colegio ocurre también el abuso por parte del padre Cádiz, hecho que produjo una gran impresión, ya que se muestra que el problema de los abusos a menores tienen una larga data, además de no haber sido sancionados por la justicia. Edwards narra también la importante influencia, a nivel social y moral, que marcó en su educación la figura del Padre Hurtado, quien llevaba a los alumnos en su camioneta verde a conocer las poblaciones.

El gran hito que marca el fin de este primer volumen, es la publicación de su primer libro de cuentos, El patio, y todos los hechos que circularon en torno a este hecho, como su primera reunión y posterior acercamiento con Pablo Neruda, la publicación de diversas críticas en distintos diarios del país, y logros como haber llegado a ser leído por Gabriela Mistral y lograr un cierto renombre en el circuito intelectual de ese entonces, mientras, en paralelo, se involucraba con mujeres casadas, otras amantes de hombres casados, hasta que conoce a Pilar Fernández de Castro, la que se convertiría en su mujer y madre de sus hijos, con la que estaba vinculado a través del bisabuelo paterno, “Don Ligori”  (quien abandona a su familia para formar una nueva en La Chimba) a quien la abuela de Pilar conocía perfectamente (desde La Leonera), demostrando así, que a lo largo de toda esta primera parte de su autobiografía, nunca deja de lado las historias familiares como tampoco los espacios físicos donde ocurren.

De manera cronológica, Edwards revela su construcción como sujeto, como lector y escritor.

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