Crepúsculo, la resurrección de los vampiros

La saga de Stephenie Meyer hoy es un referente ineludible dentro de la literatura fantástica juvenil. Y cuyas adaptaciones al cine han masificado aún más el fenómeno. Pero ¿cómo ocurrió?

Guía de: Literatura Fantástica

A veces cuesta creer la versión oficial. Que todo comenzó con un sueño en donde ella vio claramente a quienes serían los protagonistas de un fenómeno literario de alcance mundial: la joven Isabella Swann (Bella) y el vampiro Edward Cullen. Obviamente me refiero a la saga de “Crepúsculo”, de la estadounidense Stephenie Meyer , una tranquila madre mormona que tras aquel sueño decidió ponerse a escribir. Y que cuando tuvo listo el primer volumen, comenzó a recorrer editoriales, con la firme intención de publicarlo. Pero que sólo después de haber sido rechazada en quince oportunidades, encontró una casa editorial dispuesta a apostar por ella.

Crepúsculo

Foto: El Mercurio

"Crepúsculo" fue la novela que comenzó todo el fenómeno de los vampiros juveniles y sus amores imposibles.

El fenómeno mediático y de lectoría que desató “Crepúsculo”, se repitió —e incluso acrecentó— con las siguientes entregas: “Eclipse”, “Luna Nueva” y “Amanecer”.

Por eso no sorprendió que cuando se comenzaron a adaptar al cine (la primera cinta costó apenas US$ 15 millones y recaudó más de US$ 70 millones), los lectores (un público mayoritariamente femenino) las respaldaran repletando las salas en todo el mundo.

Pero el fenómeno “Crepúsculo” no terminó en la última página de “Amanecer”, porque a comienzos de junio llegó a las librerías “La segunda vida de Bree Tanner”, una especie de spin-off de la saga original, centrado en uno de los personajes secundarios de “Eclipse”. Y que sin duda abre la posibilidad de iniciar un nuevo conjunto de entregas.

Stephenie Meyer, comparada hoy con figuras literarias como Anne Rice o J.K. Rowling, ya tiene ganado su lugar dentro de la literatura fantástica-juvenil-romántica a escala mundial. ¿Pero cuál es el gran mérito de Meyer?

Primero que todo, rescató a uno de los monstruos más clásicos de la literatura del siglo XIX, el vampiro, y lo acercó a un público juvenil que difícilmente se habría interesado hasta entonces en leer el “Drácula”, de Bram Stoker.

Luego lo despojó de todos los elementos góticos que hasta entonces rodeaban a los vampiros: la niebla, los ataúdes, las noches tormentosas, las cruces y estacas, los castillos, etc. Y los trasladó a una simple secundaria estadounidense, completamente rejuvenecidos.

Meyer —premeditadamente o no— “democratizó” los vampiros al insertarlos en el siglo XXI como seres incomprendidos, capaces de enamorarse y que además caminan de día, compartiendo su inmortalidad con aquellos que los rodean.

La segunda vida de Bree Tunner

Foto: El Mercurio

"La segunda vida de Bree Tunner" podría ser el inicio de una nueva saga de vampiros.

En su minuto Anne Rice masificó a los vampiros al trasladarlos desde la Inglaterra victoriana a un moderno Estados Unidos (bueno, más bien ochentero), con historias distintas, ya no centradas en la clásica ecuación “vampiro-jovencita-cazador de vampiros”. Rice amplió el universo vampírico con una galería de personajes y reglas que regían ese mundo oculto a los humanos. En otras palabras, les presentó a los lectores un tipo de vampiro distinto, mucho más atractivo y cercano.

Por su parte, uno de los tantos méritos de J.K. Rowling fue romper con la idea de que los adultos no leen literatura “infantil-juvenil” o “fantástica”. Así que ver hombres y mujeres devorando cientos de páginas de cualquiera de los tomos de la saga del joven mago, en su momento fue tan impactante como ver a niños de menos de 10 años leyendo 500 páginas como si nada.

En algún punto Stephenie Meyer recoge elementos de ambos fenómenos con su saga, porque el vampiro ya no es un monstruo repulsivo y aterrador. Lejos de aquella imagen clásica, hoy recorre las calles de cualquier capital, escucha música, escribe en notebooks o juega golf en una consola Wii (como el vampiro Bill de “True Blood”).

Los vampiros ya no volverán a ser lo que eran. Tampoco los hombres lobo, ni las momias, ni los fantasmas o cualquier otra criatura del mundo paranormal. La modernidad les ha dado un segundo tiempo, a costa —probablemente— del enfado de los más puristas. Por eso, más que temerles, hay que aceptarlos. Tal como las generaciones más jóvenes lo han hecho, protagonizando verdaderas vigilias esperando a que las librerías abran sus puertas y disparando las ventas de las editoriales. Es que después de todo, “sólo un vampiro puede amarte para siempre”.

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