“El héroe de las eras”: Un cierre a la altura de una gran historia

Brandon Sanderson pone fin a su trilogía “Nacidos de la bruma” con un último volumen electrizante e inolvidable.

Brandon Sanderson es, para mí, el autor que más frescura aporta actualmente al género fantástico. Todo lo que hace es ―o al menos parece― original, sorprendente y sobre todo, absolutamente enganchador, al punto de no poder abandonar la lectura.

Es el caso de la saga “Nacidos de la bruma”, serie de libros en los que Sanderson nos presenta a los alománticos, personajes que sacan ciertos poderes de los metales que consumen.

Esta serie, que inicia conEl imperio final y sigue con “El pozo de la ascensión, es una aventura por completo absorbente, brutalmente entretenida e incluso por momentos emocionante. Sin embargo, contiene tanto detalle y abre tantas interrogantes en el transcurso de la historia que al enfrentar el cierre de esta parte de la trama en “El héroe de las eras” (Nova, $ 19.900), tuve dudas. ¿Qué es la bruma? ¿Quién es el verdadero malvado de la historia? ¿De qué forma se resolverá algo que, a todas luces no tiene remedio?

De forma impresionante, Sanderson no decepciona. Con un ritmo quizás algo más lento que las anteriores entregas, el autor va mostrando poco a poco sus cartas, hasta tenerlas todas sobre la mesa, en una conclusión impactante y sorprendente, debido a que prácticamente no deja cabos sueltos.

Nacidos de la bruma 3 - El héroe de las eras

En “El héroe de las eras” se nos muestra cómo Vin, Elend y sus amigos luchan, contra la corriente, por lograr —aunque suene muy cliché— salvar su mundo. Pero las esperanzas son escasas y así lo muestra el escritor en su desarrollo de los personajes. Antes orgullosos de su poder, hoy la antigua banda de Kelsier se mueve casi por inercia, pero ya no hay seguridad en sus acciones.

En este libro, Sanderson los saca de su elemento y los lleva a otras ciudades. Lugares donde no creen en ellos o, aunque suene extraño, creen demasiado. Todo mientras se nos presenta, al fin, al villano, que aparece omnipotente y omnipresente. Imbatible.

En este contexto, el lector va enterándose poco a poco de las respuestas a las preguntas surgidas en los libros anteriores, mientras surge una última. ¿Cómo se puede resolver todo esto?

Sanderson lo hace de una forma absolutamente sorprendente, que incluso puede que haga necesario volver páginas atrás para no perderse de nada. De la mitad del libro en adelante, nada es lo que parece.

La trama está construida de tal forma que resulta comprensible que el clímax recuerde un poco a Joe Abercrombie y su estilo desesperanzador, donde no hay buenos ni malos; solo la realidad pura y cruda.

Por esto mismo, el final mismo del libro ―más parecido a un epílogo― es algo innecesario debido a que da la impresión de querer arreglar la sensación amarga y gris que deja el desenlace. Pero es solo un pequeño punto débil en un libro —y una saga— muy original y excepcionalmente entretenida, de aquellas imperdibles en la fantasía de hoy.

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