Neal Stephenson: más que un autor, un constructor de mundos

Con su última novela, “Anatema”, este escritor estadounidense ratifica que sus libros son una carta segura dentro y fuera del mundo de la ciencia ficción.

Guía de: Literatura Fantástica

No es fácil leer las novelas de Neal Stephenson (1959). Pero eso no se debe a que estén mal escritas, muy por el contrario. Desde que se asomó exitosamente al mundo literario en 1992 con “Snowcrash”, dejó claro que sus libros son sinónimo de calidad dentro y fuera del mundo de la ciencia ficción.

Neal Stephenson

Foto: El Mercurio

Stephenson es de esos escritores que son capaces de crear un mundo con numerosos detalles de su cultura, idioma e historia, lo que permite hacer realmente creíble una trama. Siempre basado en elementos científicos, este escritor hace suyas temáticas del presente y las proyecta al futuro, por lo que no es exagerado que su obra muchas veces sea calificada como “de anticipación”.

Hackers, grandes corporaciones, espías, campañas políticas y el desarrollo de la ciencia moderna son algunas de las temáticas que han anidado en sus libros, transformándolos en obras indispensables para comprender mejor nuestro mundo y el que vendrá.

Un ejemplo de ello es “La Era del Diamante” (1995), que ganó los premios Hugo y Locus de 1996, además de haber sido finalista en los Nébula. Una obra ambientada en un futuro neovictoriano con un Shanghai multiétnico como telón de fondo.

Pero Stephenson también ha trabajado a cuatro manos, junto con su tío, el profesor George F. Jewsbury. Firmando con el seudónimo de “Stephen Bury”, ambos publicaron dos exitosos tecno-thrillers: “Interfaz” (1994) y “La Telaraña” (1996).

Otra pieza imperdible de su bibliografía es el “Criptonomicón” (1999), cuya extensión de más de mil páginas obligó a publicarla en castellano como tres libros separados. Esta historia está ambientada en dos momentos diferentes: uno en el presente, enfocado en el mundo de los hackers, y otro en el pasado, durante los violentos años de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Aliados hacían enormes esfuerzos por decodificar la máquina criptográfica alemana Enigma.

Criptonomicon

Foto: El Mercurio

Pero tras este éxito, Stephenson se embarcó en un proyecto tanto o más ambicioso que el anterior. Una especie de trilogía / precuela del “Criptonomicón” titulada “El Ciclo Barroco”. Una saga que retrocede hasta fines del siglo XVII, cuando en Europa la ciencia moderna daba sus primeros pasos, intentando dejar atrás la alquimia y otros mitos.

Ahora vuelve a sorprender al mundo con “Anatema” (Ediciones B), una novela que busca convertirse en una pieza clave dentro de su destacada bibliografía. Cuatro años le tomó a Stephenson perfilar el mundo de Arbre, un planeta donde la civilización imperante es el resultado de la Reconstrucción: un nuevo comienzo, miles de años en el pasado, después de haber padecido una catástrofe a gran escala.

El protagonista de “Anatema” es fra Erasmas, una especie de monje que abandona su enclaustramiento por unos días y acaba envuelto en una trama cuyo eje es la posible existencia de una nave espacial alienígena en órbita. La pregunta es: ¿por qué las autoridades desean ocultarlo?

Pero al igual que sus títulos anteriores, “Anatema” es una novela desafiante, que exige al lector sumergirse en esta realidad y aprender sus códigos. Y no todos los lectores están siempre dispuestos a ello. Otro mundo, otra aventura, otro misterio surgido de la mente privilegiada de Neal Stephenson.

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