Precuelas y secuelas: ¿Es posible reemplazar al autor original?

La idea parece tan polémica como improbable, pero no son pocos los casos en que un escritor continúa la obra de otro.

Guía de: Literatura Fantástica

La noticia recorrió internet hace algunos días, causando sorpresa y pesar entre sus seguidores. L.J. Smith, autora de la exitosa serie de libros Crónicas Vampíricas (¿se acuerdan de Bonnie, Damon, Stefan y Elena?) y Night World, fue despedida por su propia editorial, HarperCollins. Y ahora será otro autor —todavía por definir— quien continúe con las secuelas de sus títulos.

Por lo visto, Smith creó tanto los personajes como el universo en que se desenvuelven estos juveniles vampiros, pero HarperCollins siempre fue la dueña del proyecto. Y como la editorial consideró que Smith se estaba alejando de la idea original, pusieron término a su contrato. En todo caso, este cambio no parece que vaya a afectar Vampire Diaries, la serie de televisión inspirada en esta colección.

Lo que le ocurrió a L.J. Smith es poco frecuente. Sin embargo, más allá del tema de su despido, no es extraño que en el mundo de la literatura fantástica un escritor firme las secuelas de la obra de otro. Sobre todo cuando un autor fallece y otros toman el relevo para mantener vivos a sus personajes.

Dune:La Batalla de Corrin

Foto: De Bolsillo

Cuando el hijo continúa la obra de su padre.

Por ejemplo, Brandon Sanderson fue quien escribió los últimos libros de la gran saga de fantasía épica “La Rueda del Tiempo”, creada por Robert Jordan, quien había fallecido en 2007. Su viuda fue quien decidió que la historia de su marido no podía quedar inconclusa y eligió a Sanderson para las secuelas.

Algo parecido ocurrió con la monumental saga de Dune, de Frank Herbert. Tras su muerte, su universo siguió vivo con nuevos títulos escritos a cuatro manos entre su hijo Brian y Kevin J. Anderson, quienes tomando como base los seis libros originales, construyeron dos trilogías/precuela, además de nuevos títulos que hoy se entrelazan con la obra original.

Un caso particularmente ambicioso involucró al célebre Isaac Asimov, fallecido en 1992. Su viuda, Janet, y Ralph Vicinanza, ambos responsables de la “herencia literaria” de Asimov, tomaron el riesgo de revivir uno de sus trabajos más aclamados y complejos: Fundación. La única obra que ha recibido el Premio Hugo (1966) en la categoría de “Mejor Saga de Todos los Tiempos”.

Los elegidos para las secuelas fueron tres autores con sólidas bases científicas: Gregory Benford, Greg Bear y David Brin —conocidos como “las tres bes” de la moderna ciencia ficción—, quienes primero revisaron la extensa saga (cuatro volúmenes y dos precuelas) antes de definir qué período abordar y de qué manera entroncarían las nuevas novelas en ella.

El punto elegido fue el final del último de los libros escritos por Asimov (“Hacia la Fundación”) —segunda precuela de la saga—, por lo que bautizaron el proyecto como Segunda Trilogía de la Fundación (Ediciones B, 1998). Cada uno de los tres autores tomaría personajes y elementos del universo descrito por Asimov y continuaría con los acontecimientos previamente conocidos.

Pero este proyecto no implicaba separar sus propias visiones de la ciencia ficción de la visión de Asimov. Así que cada uno incorporó ideas originales que enriquecieran esta nueva trilogía.

El Temor de la Fundación

Ediciones B

El universo creado por Isaac Asimov en nuevas manos.

Es el caso de “Temor de la Fundación”, escrito por Gregory Benford, físico y profesor universitario. Y que entre sus obras cuenta “Cronopaisaje” (Premio Nébula 1980), y la megasaga del Centro Galáctico, un numeroso conjunto de novelas centradas en el choque entre civilizaciones orgánicas y cibernéticas.

La impronta de este físico y académico resulta fácil de descubrir cuando describe la existencia de conciencias virtuales —como la de Voltaire— y el uso de “agujeros de gusanos” como pasadizos para viajar grandes distancias a través del universo.

El segundo volumen —“Fundación y caos”— fue encomendado a Greg Bear, autor de “Tierra”, “La temporada gloriosa” y “Los Niños de Darwin”, entre otros. Y luego vino la tercera parte, “El triunfo de la Fundación”, escrito por David Brin, responsable de títulos como “Eon”, “Eternidad” y “Verano de Dinosaurios”.

Si bien la primera de las novelas de la nueva trilogía fue recibida por el público con cierta desconfianza, el interés y las expectativas aumentaron considerablemente con los dos siguientes títulos, demostrando que esta incursión en la obra de Asimov tenía vida propia.

En este contexto, también se podría considerar “Drácula, el No Muerto”, secuela oficial de la novela original y que fue escrita por Dacre Stoker —sobrino nieto de Bram Stoker— junto con Ian Holt, historiador y guionista experto en Drácula.

En esa línea también entrarían los Diarios de la Familia Drácula, de Jeanne Kalogridis, un conjunto de tres libros ubicados cincuenta años antes de los acontecimientos narrados en la novela de Stoker.

Incursionar en la obra de otro autor no es fácil. Implica un acabado conocimiento del universo de cual se pretende escribir y una idea que justifique hacerlo. Hasta hoy existen partidarios y detractores de este tipo de proyectos, sobre todo porque nunca sabremos qué opinaron esos autores de los libros inspirados en sus obras.

¿Cómo sería una precuela de “La Guerra de los Mundos”? Da para pensar…

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