Los atroces crímenes de Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio: Violó y asesinó a 14 víctimas

El año 2001 fue capturado en Iquique el mayor asesino en serie de la historia criminal chilena.

Guía de: Los 2000

Entre 1998 y el año 2001 más de una docena de adolescentes de sexo femenino comenzaron a desaparecer misteriosamente en Alto Hospicio, una populosa comuna ubicada en los elevados extrarradios de la ciudad de Iquique, en la zona norte de Chile. Muchos de sus familiares ya habían denunciado públicamente el hecho, pero algunas autoridades les respondieron que probablemente las muchachas se habían escapado de sus hogares para huir de la pobreza en que vivían y se habían marchado a otras ciudades en busca de mejores expectativas de vida. Algunos, incluso, afirmaron que las jóvenes habían desaparecido para dedicarse a la prostitución, aunque la verdad sería mil veces más terrible.

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El 4 de octubre del 2001 una adolescente de 15 años identificada como Bárbara N., herida y después de deambular horas por el desierto luchando contra el calor y la sed, logró ser socorrida y denunciar que un desconocido que manejaba un taxi la había secuestrado y violado cuando iba al liceo. Según relató la muchacha, el sujeto después de ultrajarla, condujo unos 9 kilómetros al suroriente de Alto Hospicio y se adentró en el desierto, donde la hizo bajar de auto, le golpeó la cabeza con una piedra y la arrojó a un profundo foso de 17 metros de profundidad. La joven cayó en un saliente del foso, aparentemente inconsciente, mientras su agresor se alejaba del lugar dándola erróneamente por muerta.

Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio.

Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio.

Ese mismo día la policía, tomando la descripción que la chica había hecho de su agresor, detuvo a un taxista llamado Julio Pérez Silva, quien primeramente negó los cargos de violación -“eso es imposible”, les dijo a los policías- pero tras ser confrontado con su joven víctima reconoció fríamente ser el autor de ese crimen y de la muerte y la desaparición de otra docena de muchachas, aportando posteriormente los datos necesarios para localizar sus cadáveres.

Según reconoció el criminal, su modus operandi siempre era el mismo. Aprovechando que trabajaba como taxista interceptaba a jóvenes muchachas que caminaban o esperaban locomoción a un costado de la carretera que une Alto Hospicio con Iquique y les ofrecía transportarlas gratis para, posteriormente, llevarlas a algún sitio desierto eriazo, violarlas y asesinarlas mediante golpes en la cabeza. Posteriormente, para borrar toda evidencia de sus crímenes, arrojaba sus cuerpos en solitarios vertederos y profundos piques mineros abandonados.

Julio Pérez Silva

Julio Pérez Silva.

Julio Pérez Silva, quien a partir de ese momento sería conocido como “El Psicópata de Alto Hospicio”, había nacido en 1963 en la localidad de Puchuncaví, en la región de Valparaíso, donde se casó y tuvo dos hijas. Posteriormente se separó y convivió con otra mujer, madre de otros tres niños.

Hijo de un obrero alcohólico y violento, el “Segua”, como le decían en su infancia, era un hombre callado e introvertido y emigró a mediados de los años 90′ a Iquique buscando mejores oportunidades de trabajo. Allí comenzaría a trabajar cargando sacos de sal. En una fiesta conoció a Nancy Boero, una mujer catorce años mayor que él y madre de seis hijos. A las dos semanas se fueron a vivir juntos en la comuna de Alto Hospicio. Al poco tiempo, luego que su conviviente vendiera un terreno para comprarle un flamante automóvil marca Nissan, Pérez Silva dejó su trabajo para comenzar a trabajar como taxista en forma ilegal. Fue entonces cuando comenzó a cometer sus crímenes, todos de similares características.

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En tenida deportiva.

Según pudo determinar la policía, en septiembre de 1998 Julio Pérez Silva recogió en la costanera de Iquique a Graciela Montserrat Saravia, una joven de 17 años a la que le ofreció dinero a cambio de servicios sexuales. Según el “Segua”, la adolescente aceptó el trato, pero habría intentado robarle, por lo que la sacó del auto, la bajó a la playa y la golpeó con una piedra hasta matarla. Abandonó su cuerpo allí mismo, sin saber que unos pescadores lo habían visto estacionar su auto y que había dejado caer en la arena una medalla con el símbolo del equipo de fútbol de la “U” que le había regalado su conviviente.

Después de cometer su primer crimen, Pérez Silva comenzó a tener más cuidado, evitando arriesgarse de la misma forma. El 24 de noviembre de 1999, mientras conducía en Alto Hospicio, le ofreció a Macarena Sánchez, de 13 años, llevarla en su auto hasta su colegio. Luego que la muchacha se sentara en el asiento del copiloto, Pérez Silva la amenazó con un cuchillo y la llevó a un sitio desierto donde la violó. Posteriormente, le amarró las manos y la arrojó al interior del Pique Huantajaya, de más de 220 metros de profundidad. Según determinarían las autoridades tiempo después, Macarena no sólo estaba viva, sino que además tenía conciencia cuando cayó por el profundo foso.

Alto Hospicio.

Alto Hospicio.

En febrero de 2000, luego de pasar el Año Nuevo con sus hermanos en La Calera, donde vio a sus dos hijas luego de 10 años, Julio Pérez Silva volvió al norte donde atacó dos veces en menos de una semana. El 21 de febrero del 2000 violó y mató en un vertedero con un golpe de palo a Sara Gómez, una joven que vestía jeans y a quien había visto caminando por la vereda polvorienta del camino y le había ofrecido llevarla a Pozo Almonte. Dos días después se ofreció llevar a Angélica Lay, una promotora de teléfonos celulares de 23 años que se encontraba esperando colectivo hacia Iquique. Pérez Silva, después de violarla, le amarró las manos y la mató golpeándola con una piedra de cinco kilos, en medio de la pampa.

El jueves 23 de marzo del 2000 Pérez Silva ultrajó a la joven Laura Zola, de 14 años, y, al igual que Macarena Sánchez, la mató y la arrojó en el pique de Huantajaya. El 22 de mayo hizo lo mismo con Patricia Palma, de 17 años. En el intertanto, el 5 de abril, había atacado a Katherine Arce, a quien violó y asesinó como a Angélica Lay, para luego enterrar su cuerpo en un basural clandestino.

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El 2 de junio del 2000 Julio Pérez Silva violó y asesinó a Macarena Montecinos en el sector de “Pampa El Molle”, quien falleció de la misma forma que Angélica Lay y Katherine Arce. La misma suerte correría un mes después Viviana Garay, de 15 años de edad. El padre de esta menor comenzaría a mover cielo y tierra para dar con el paradero de su hija, movilizando también a los familiares de las otras víctimas. En ese momento, el misterio de las desapariciones de las jóvenes en Alto Hospicio comenzaría a generar interés nacional.

El 18 de julio de 2000 se encontró la mochila y ropa de Viviana Garay en un basural al que, según sus familiares y amigos, nunca iba; ese mismo día, en otro vertedero, los vecinos encontraron la mochila y el uniforme de Katherine Arce. El 20 de julio, Inés Valdivia, madre de Patricia Palma, distinguió en una quebrada del desierto la ropa interior de su hija. De ese modo, los familiares, amigos y vecinos de las víctimas aceleraron la búsqueda de las jóvenes, aunque ya intuían que no iban a encontrarlas con vida.

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Julio Pérez Silva, debido al revuelo público ocasionado por la desaparición de todas las jóvenes, dejó de atacar durante más de nueve meses, pero el 17 de abril de 2001 volvió a las andadas. Ultrajó en una oscura noche y después que la víctima bajara de una micro, a una menor de 16 años identificada como Maritza. Esta joven lograría escapar y ser llevada a un hospital, donde le extrajeron muestras sexuales del agresor, al que nunca pudo ver en la oscuridad. Meses más tarde, cuando el psicópata fue detenido, ella reconoció de inmediato su voz, sin mencionar que las muestras de ADN fueron comparadas y resultaron idénticas.

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La condena en la portada del diario local.

Luego de cometer su último crimen en octubre del 2001, cuando Julio Pérez Silva dio erróneamente por muerta a la joven Bárbara N. en el desierto, el psicópata de Alto Hospicio sería capturado y condenado a cadena perpetua por asesinato y violación de 14 muchachas. Cuando se le preguntó por qué había matado a las jóvenes, Pérez Silva sólo dijo “no sé”, agregando que durante sus crímenes sus víctimas “se quedaban tranquilitas, tenían susto, ni hablaban”.

En Alto Hospicio se levantaría un memorial en honor de las víctimas de Julio Pérez Silva, mientras los familiares de las niñas intentarían en los años siguientes superar el trauma ocasionado por su violación y asesinato. Patricia Jabre, de 62 años, madre de Macarena Sánchez Jabre, todavía acude todas las semanas al cementerio de Iquique a visitar la tumba de su hija Macarena, a quien vio por última vez en la mañana del 23 de noviembre del 2000, cuando la niña tenía sólo tenía 13 años. “Ese día Macarena tenía que sacarse la foto de graduación, se arregló, le preparé el desayuno y me abrazó fuerte como si presintiera que no la iba a ver más”, recordó su progenitora, quien todavía conserva la ropa, los peluches y el cepillo de pelo de la niña.

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Hoy, el infame psicópata de Alto Hospicio cumple su pena perpetua en el penal capitalino de Colina 1 por homicidio calificado (en nuestro país la pena de muerte fue derogada durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle), bajo vigilancia especial de personal de Gendarmería, pues el año 2004 intentó suicidarse cuando estaba preso en el penal ariqueño de Acha. Al parecer Julio Pérez Silva fue trasladado a Santiago debido a que los reos de las cárceles de Arica e Iquique, algunos de los cuales eran familiares o conocidos de las muchachas asesinadas, lo habían sentenciado a muerte por sus atroces crímenes.

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