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Echo & The Bunnymen: el otro cuarteto de Liverpool que marcó una época

La banda oriunda de la ciudad de los Beatles es uno de los grupos ingleses más notables de la música alternativa en las últimas tres décadas.

Guía de: Los 80

Liverpool, el célebre puerto inglés, saltó a la fama mundial durante los años 60’ gracias a un grupo de cuatro jóvenes de clase obrera que cambiarían para siempre la historia de la música: The Beatles. Y aunque este ciudad británica siguió siendo un referente artístico, como cualquier urbe imperial tuvo su decadencia hasta que otro cuarteto rescató para Liverpool el prestigio de centro motor de la música contemporánea y vanguardista: Echo & The Bunnymen.

La historia dice que Echo & The Bunnymen nació en 1978, bajo la influencia del post punk y de la naciente new wave, aunque desde el principio quiso establecer sus propias directrices musicales. Integrados en un principio por Echo, una drum machine, los Bunnymen eran el cantante y guitarrista Ian Mc Culloch, el guitarrista Will Sergeant y el bajista Les Pattinson. Al año siguiente Echo fue reemplazado por un baterista humano, Pete de Freitas. Con respecto al curioso nombre del grupo (que quiere decir “Echo y los hombres conejito”, un título algo humorístico que contrastaba con el sonido del grupo, denso y atmosférico), el guitarrista Will Sergeant explicaba que “sólo queríamos un nombre que fuera completamente diferente, y Echo era sólo una palabra que nos gustaba. Ahora bien, con lo de “Bunnymen” había una idea detrás, sobre esas criaturas extrañas y sobrenaturales con forma de conejo que sólo existían en las leyendas”.

Echo-Bunnymen

Los Echo & The Bunnymen impactaron desde el origen, gracias a su inconfundible rango sonoro, donde la guitarra cumplía un rol estelar. Su disco debut, “Crocodiles”, de 1980, no pudo ser más formidable. Una suerte de pop dramático y existencial, con guitarras envolventes, una batería que experimentaba con ritmos tribales y un bajista que parecía moverse en ciclos. Todo acompañado de la magnífica voz de Ian Mc Culloch, tan magnética como carismática. Las influencias de The Velvet Underground, Television, The Doors y David Bowie sólo enriquecieron un trabajo que tomó por sorpresa a la prensa musical de la época.

Al año siguiente el grupo lanzó “Heaven up here”, una de sus obras maestras y quizás el disco favorito de los fans más acérrimos. Producido por Hugh Jones, el disco desata definitivamente todo el poder de la banda, donde la guitarra de Will Sergeant crea texturas psicodélicas fascinantes, mientras la voz de Mc Culloch ataca desde alturas insospechadas, buscando rescatar paraísos perdidos. El tema que más destacó de esa placa fueron la poderosa “Show of strenght” y “a promise”, una hipnótica canción suspendida en una atmósfera de onírica expresión: “Dices que algo va a cambiar/ estamos todos vestidos/ como para ir a alguna parte/no hay señales de lluvia/ pero prometiste/ que algo va a cambiar”, dice una parte de la letra.

Después de recorrer escenarios de Europa, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia, el grupo lanzó en 1983 su tercer disco, “Porcupine”, un disco marcado por la psicodelia. Aquí las guitarras de Sergeant conviven con sintetizadores y el violín indio de Ravi Shankar, mientras las letras de Mc Culloch se revisten de un inquietante pesimismo lírico. Dos de los temas más destacados fueron “The cutter”, una verdadera afirmación de personalidad: “Aprendiendo a dominarme/ hasta ver que se aproxima otra valla/ afirmemos que podemos, afirmemos que lo haremos/que no seremos tan sólo otra gota en el océano..”; y “the back of love”, donde el vocalista remarca en la letra su zozobra del espíritu: “Dices que es amor/te refieres al reverso del amor/aprovechemos de rompernos las espaldas del amor”.

Con grabaciones alternadas entre estudios de París y Liverpool, y acompañados por primera vez de una orquesta, Echo & The Bunnymen presentó en 1984 su alabado cuarto disco, “Ocean Rain”, un álbum que para sus integrantes era simplemente una obra maestra: “ “Ocean rain” es la mejor obra de arte después del David de Miguel Angel”, dijo a la prensa Ian Mc Culloch, con su habitual seguridad, la misma seguridad que algunos críticos tildaban derechamente de soberbia o petulancia. Cierto o no, este disco, una verdadera maravilla de romanticismo brumoso, teñido de electricidad cristalina y poética, contiene canciones de gélida belleza, como la sublime “The killing moon” (para muchos la mejor canción del grupo), donde las guitarras acústicas y eléctricas despejan de bruma la poética noche del alma; “Ocean rain”, la madre de todas las baladas épicas; “Silver”, un tema henchido de clasicismo elegante, y “My kingdom”, marcado por guitarras leves y desbocadas.

Por esa época la prensa británica se empeñó en rivalizar a los Bunnymen con U2, un emergente grupo irlandés que en unos cuantos años más iba a conquistar América (y el mundo). Mc Culloch, consultado por esta rivalidad, sólo expresó que “U2 hacen música para albañiles y fontaneros; nosotros somos una banda de océanos y montañas”.

En 1985 el grupo lanzó “Songs to learn and sing” (”canciones para aprender y cantar”) un soberbio disco recopilatorio que contenía los temas más destacados de sus cuatro álbumes, acompañado de un tema inédito, el encantador “Bring on the dancing horses”, un excelente tema que contenía un potencial comercial que quizás acabaría siendo la condena del grupo. En 1987 el grupo lanzó su quinta placa, llamada simplemente “Echo and the Bunnymen”, un trabajo más producido y accesible, aunque con canciones igualmente enormes. De ese disco varios temas encabezaron los rankings alternativos, como “lips like sugar” y “The game”, donde Mc Culloch canta la frase “The earth is the world/ the world is the ball/ the ball in the game…”, frase que sería homenajeada por el fallecido Gustavo Cerati, en el tema “El ojo de la tormenta”, incluida en “Sueño Stereo”, el último disco de estudio que lanzó el grupo argentino Soda Stereo. (Aquí Cerati canta: “La tierra es el mundo/, el mundo es la bola/, la bola es tu juego…).

Separación y regreso con gloria

1988 y 1989 no fueron años buenos. Cuando América se preparaba para recibir al grupo con los brazos abiertos (la banda ya había grabado un exitoso cover del tema “People are strange”, de The Doors, la canción principal de la película “Generación Perdida”) Ian Mc Culloch abandonó el grupo para grabar su primer disco solista, el baterista Pete de Freitas falleció en un accidente de motocicleta y los dos miembros restantes de los Bunnymen lanzaron en 1990 el disco “Reververation”, acompañados del vocalista Noel Burke. Este disco, sin ser un mal álbum (las guitarras son de antología, aunque una voz como la de Mc Culloch es difícil de olvidar), pasó sin pena ni gloria e indignó al mismo Mc Culloch, a quien las cosas tampoco parecían irle bien en solitario.

Años más tarde, en plena eclosión del brit-pop, cuando decenas de nuevos grupos reivindicaban el valioso legado de Echo y “los hombres conejo”, Ian Mc Culloch, Will Sergeant y Les Pattinson resucitaron de nuevo a los Bunnymen, lanzando en 1997 el disco “Evergreen”, un regreso notable grabado desde una serena madurez y donde la psicodelia del pasado se contiene en pos de canciones en mejor forma. El grupo, así, volvía a tiempo para codearse con bandas como Oasis e iluminar el sendero que seguirían grupos como Coldplay, declarados fanáticos de los Bunnymen. Lo mejor de “Evergreen” son, sin duda, las baladas, donde destaca la hermosa “Nothing lasts forever”, un temazo que eriza los vellos y cuenta en los coros con la voz de Liam Gallagher, vocalista de Oasis. McCulloch se refirió “humildemente” a esta canción como el resultado de la unión de “el mejor cantante de los ochenta con el mejor cantante de los noventa”.

En 1999, ya con el bajista Les Pattinson alejado definitivamente del grupo, Mc Culloch y el guitarrista Will Sergeant, los únicos dos Bunnymen originales, sacaron el disco “What are you going to do with your life”, un intimista disco con bellos arreglos y algunas baladas impecables, y “Flowers” (2001), disco cargado de destellos eléctricos.

En el año 2005 el grupo se elevó de nuevo a alturas gloriosas con el disco “Siberia”, quizás porque contaron de nuevo con la producción de Hugh Jones, el mismo productor de “Heaven up here”. En canciones como “stormy weather” y “in the margins” la guitarra de Sergeant sigue siendo cristalina y magnífica, el bajo hereda el viejo pulso de Les Pattinson y hasta la batería recuerda el sonido de las cajas del fallecido Pete de Freitas. Lo curioso es que en este disco la siempre poderosa voz de Mc Culloch suena más reposada, lo que se explica por un accidente que el propio vocalista se encarga de detallar. “Sufrí una afonía una semana antes de grabar así que perdí totalmente la voz antes de entrar a grabar los temas, pero no importó demasiado, ya que de todas formas el 50 por ciento de mi voz es mejor que el 100 por ciento de la de cualquier otro cantante”.

En el año 2009 el grupo lanzó “The fountain”, un trabajo donde mantenían su hermosa estructura melódica con destellos guitarrísticos y en el 2014 sacaron su último disco a la fecha, “Meteorites”, un trabajo, como siempre, alabado por la crítica. “Siempre hemos intentado hacer discos atemporales, no sujetos a las características de un momento determinado, ni en el sonido, ni en los arreglos, ni en las letras”, opinó Ian Mc Culloch sobre la actitud con la que suelen encarar todos sus trabajos.

A fines del 2014 Echo & The Bunnymen se apronta a visitar por primera vez nuestro país (ya habían visitado Argentina y Brasil a fines de los años 80’, pero no habían pisado jamás este lado del Cono Sur). Una deuda pendiente que seguramente los Bunnymen van a pagar con gusto y que sus fans de este lado del mundo les han perdonado gracias a 35 años de impecable carrera.

Echo & The Bunnymen interpretando “nothing lasts forever” en vivo:

Video de la canción “Bring on the dancing horses”:

Video oficial de “The game”:

Video oficial de “In the margins”:

Video de la
Cover de “People are strange”, de la película “Generación perdida”:

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