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El “Maracanazo”: La histórica farsa de Roberto Rojas

El 3 de septiembre, en la mitad de un adverso partido eliminatorio ante Brasil, el arquero de Chile aprovechó la caída de una bengala para simular una grave herida.

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La FIFA lo llamó “el mayor fraude futbolístico de todos los tiempos” y provocó que una generación entera de excelentes futbolistas nacionales (entre ellos un prometedor y esmirriado centrodelantero llamado Iván Zamorano) se viera privada de disputar la posibilidad de jugar los mundiales de Italia 90’ y Estados Unidos 94’. El denominado “maracanazo” de 1989 no sólo sepultó la carrera del arquero Roberto Rojas, sino que arrojó un verdadero manto de oprobio y vergüenza sobre todo el fútbol chileno durante casi una década.

Rojas, un arquero proveniente de las filas del club Aviación, había tenido un fulgurante paso por ColoColo gracias a sus evidentes condiciones futbolísticas: excelentes reflejos, que le permitían manotear pelotas que iban a rincones imposibles, además de una gran agilidad física y mental, intuitiva ubicación y un liderazgo natural entre sus compañeros.

Maracanazo Cóndor Rojas

Foto: Blogs

Foto del momento en que el proyectil había supuestamente golpeado al Cóndor Rojas.

Esas mismas cualidades le habían valido el apodo de “El Cóndor”, las que terminó de refrendar en la Copa América de 1987, donde la selección de Chile fue vicecampeona y Rojas fue elegido el mejor portero de la competencia. Se recuerda especialmente el memorable partido disputado en la ciudad de Córdova, en el que Chile derrotó inapelablemente a Brasil por un histórico 4-0. Su actuación en el torneo sudamericano le valió incluso ser transferido desde ColoColo a Sao Paulo de Brasil.

La carrera de Rojas iba, entonces, en franco ascenso (se hablaba incluso del interés de clubes como el Real Madrid y el Atlético de Madrid por tenerlo en sus filas), pero todo eso se derrumbó estrepitosamente el 3 de septiembre de 1989, día en que la “Roja” debía jugar su partido de vuelta frente a Brasil, en un encuentro válido por las clasificatorias al Mundial de Italia 1990.

La bengala de la perdición

Chile había empatado con Brasil 1-1 en el partido de ida en Santiago, por lo que sólo le servía el triunfo. Las cosas no empezaron bien: Brasil ya ganaba por 1-0, pero cuando faltaban 20 minutos para que terminara el partido ocurrió lo impresentable. Una bengala, disparada desde las gradas, cayó en la cancha, en el área chica, a un costado de Roberto Rojas. El portero, que llevaba escondido un bisturí en uno de sus guantes, cayó aparatosamente al pasto entremedio del humo, mientras procedía a cortarse la frente. Su intención era que el partido se suspendiera y que después se le otorgara por secretaría el partido a Chile.

Los compañeros de Rojas, al acercarse al portero y verle la cara llena de sangre, perdieron toda compostura. El delantero Patricio Yánez inmortalizó, de hecho, el obsceno e histórico gesto de desprecio con sus genitales que actualmente lleva su nombre hacia los torcedores brasileños. Los jugadores chilenos, encabezados por el defensa y el segundo capitán Fernando Astengo, decidieron finalmente retirarse de la cancha, llevándose a su ensangrentado portero a los camarines, ante la sorpresa del árbitro argentino Juan Carlos Lousteau y de los 130 mil hinchas que repletaban las tribunas del estadio Maracaná.

En Santiago, a esa misma hora, el pueblo, ignorante de la farsa, clamaba venganza por el “cobarde” ataque sufrido por el arquero chileno. Muchos concurrieron a las afueras de la embajada de Brasil en Santiago y la apedrearon inmisericordemente. Muchos pensaban ingenuamente que la FIFA suspendería el partido y le daría los puntos a Chile o bien decretaría que el partido se jugara de nuevo en una cancha neutral.

Pero, semanas después, cuando ya no existía tanta claridad sobre el bengalazo, especialmente al revisar con cuidado las imágenes de televisión, estalló otra bomba. En una entrevista concedida al diario La Tercera, cuyo titular de portada rezaba “Soy culpable”, Rojas pasó de víctima a villano al confesar que “Yo me corté en el Maracaná”.El ‘Cóndor’, después de meditarlo, había decidido revelar una verdad que ya era evidente para muchos. No sólo confesó que llevaba un bisturí oculto en un guante, para usarlo en el momento propicio, sino que no había actuado sólo en la trama, ya que también aparecieron mencionados el capitán y defensa chileno Fernando Astengo, además del fisioterapeuta Alejandro Kock, el utilero Nelson Maldonado y el técnico Orlando Aravena.

El resultado del burdo engaño fue el esperado. Roberto Rojas fue suspendido a perpetuidad por la FIFA, terminando una carrera que pudo haber sido brillante; Chile fue suspendido de la siguiente Copa del Mundo, Estados Unidos’94, mientras que el presidente del fútbol chileno, Sergio Stoppel, el entrenador Orlando Aravena y Fernando Astengo fueron sancionados por cinco años.

Lo más triste de todo, quizás, fue la decepción y tristeza experimentada por miles de hinchas chilenos. Tristes por ver otra vez dos mundiales consecutivos por televisión (1990 y 1994) y decepcionados por el triste proceder de un jugador que ya se había ganado la chapa de ídolo.

Imágenes del “Maracanazo” de 1989:

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